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"No estoy sufriendo": mensaje de un hombre en estado vegetativo

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/14/2012

Scott Routley, hombre canadiense que lleva 12 años en estado de coma —uno de los más enigmáticos para la neurociencia moderna— consigue comunicarse gracias al análisis de sus patrones cerebrales, los cuales fue posible interpretar y traducir al binomio Sí/No.

Desde hace algunos años, el desarrollo de la neurociencia ha permitido diseñar interfaces cerebro-máquina que realizan el seguimiento de los procesos cognitivos para traducirlos a mensajes comprensibles sin necesidad de la expresión por parte de quienes los llevan a cabo. Esto ha sido particularmente útil en la medicina, en personas que por algún accidente o enfermedad pierden casi por completo sus habilidades motrices y del habla y, en consecuencia, son incapaces de comunicarse. Y si bien, hasta ahora, la expresión que se consigue es más bien elemental —limitada a conceptos simples como Sí/No, Arriba/Abajo y otros similares—, en dichas condiciones esto es más que suficiente y admirable tanto para quienes se encuentran en semejante estado, como para los médicos, familiares y amigos con quienes estas personas necesitan relacionarse.

Recientemente, un grupo de investigadores consiguió utilizar un escáner de resonancia magnética para descifrar los pensamientos de un hombre que desde hace 12 años, a causa de un accidente automovilístico, se encuentra en estado vegetativo. ¿Su mensaje? “No estoy sufriendo”.

El equipo, dirigido por Adrian Owen, del Brain and Mind Institute of Western Ontario, escaneó el cerebro de Scott Routley para encontrar los patrones mentales correspondientes a Sí y No, labor que tomó un par de años para llegar a resultados satisfactorios, sobre todo porque es la primera ocasión en que la neurociencia consigue hackear el cerebro de una persona en estado comatoso o vegetativo, en el cual todavía no es claro el nivel de conciencia que se posee. Más allá de las implicaciones personales, este avance contribuye a un mejor entendimiento del estado que guarda el cerebro en dicha situación.

“Scott es capaz de mostrar que tiene una mente consciente y pensante. Lo hemos escaneado a menudo y su patrón de actividad cerebral muestra que claramente elige responder nuestras preguntas. Creemos que sabe quién es y dónde está”, declaró Owen al respecto.

Con este procedimiento, los investigadores saben cuando Scott responde sí o no pero de una manera un tanto rebuscada: Sí para cuando imagina que está jugando tenis y No para cuando imagina que está caminando por su casa. Ambos escenarios —elocuentes elecciones subjetivas que añaden enigma al milagro— activan distintas zonas de su cerebro que, una vez identificadas, permiten el ejercicio de traducción.

“Preguntar a un paciente algo importante para él ha sido nuestro objetivo por muchos años. En el futuro podremos preguntar qué podemos hacer para mejorar su calidad de vida. Podrían ser cosas simples como el entretenimiento que les damos o el momento del día en que sean aseados y alimentados”, concluyó Owen.

[Telegraph]

Ámbar gris, el tesoro fragante que se encuentra en la materia fecal de las ballenas, ahora se producirá en un laboratorio

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/14/2012

Investigadores en Suiza crackean genéticamente la producción de ámbar gris, un raro y valioso ingrediente de la industria cosmética utilizando sobre todo en la producción de perfumes que solo se obtiene del intestino obstruido de cachalotes muertos; la sustancia ahora se producirá en microscópicas fábricas de bacterias E. coli.

Desde tiempos remotos, la cosmética ha echado mano de las sustancias que poco o nada se asocian con la búsqueda de la belleza, especialmente cuando, como en los perfumes, se utilizan los desechos orgánicos de los animales, casi siempre orines u otras secreciones que, inesperadamente, son la base de algunas de las fragancias más apreciadas (como el almizcle, sumamente utilizado en la antigüedad, proveniente de las glándulas que, dependiendo del mamífero, pueden ubicarse en el prepucio, el periné o el ano).

Ese es también el caso de la materia fecal de las ballenas, entre las cuales se encuentra una de las materias más preciadas entre los grandes perfumistas: el ámbar gris, tenido también como afrodisiaco en la Edad Media e incluso como ingrediente de la gastronomía real en la corte de Carlos II de Inglaterra, presente también en Moby Dick como símbolo paradójico del objeto de presunción que se encuentra entre los detritus de un animal.

Ahora bioquímcos en Ginebra buscan crackear el origen de sustancia y obtenerla sin necesidad de recurrir a los océanos y estas expediciones casi épicas, buscando solamente la bacteria cuya acción genera la valiosa fragancia. Si la investigación tiene éxito, los investigadores convertirían estos microrganismos en pequeñas plantas productoras de perfume.

El ámbar gris se produce como resultado de los fragmentos no digeridos del calamar que forma parte habitual de la dieta del cachalote (Physeter macrocephalus) y su “cosecha” se realiza solo cuando uno de estos grandes cetáceos muere justamente por causa de un intestino bloqueado y roto; en estas condiciones, el ámbar gris madura entre la salmuera del estiércol alquitranado, adquiriendo la textura de una roca suave y cerosa. Por esta razón no es posible obtenerlo de ballenas vivas, sino solo cuando las olas arrastran los cadáveres a cielo abierto.

Así, la necesidad de crearse una fuente mucho menos espontánea y azarosa, ha llevado a la industria cosmética a emprender estudios como el de Michael Schalk y otros investigadores adscritos a la firma Firmenich, quienes buscaron el camino genético mediante el las bacterias de la putrefacción contribuyen en la formación del esclareol, la sustancia fragante principal del ámbar gris y otros ingredientes naturales de la perfumería.

Schalk y sus colegas identificaron y extrajeron los genes que codifican las enzimas catalizadoras del esclareol, trasplantándolos después a una bacteria Escherichia coli, que si bien al principio no fue capaz de producir la sustancia en grandes cantidades naturalmente, con la adición de un gen de una bacteria distinta fue posible alcanzar este propósito.

Gracias a este proceso —entre la ingeniería metabólica y la genética— Firmenich podría tener pronto una especie de mina bacteriológica de ámbar gris y dejar de depender de la mala digestión de un cachalote.

[BBC]