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Los monstruos de la red: un bestiario ilustrado de los virus informáticos más célebres

Por: Emiliano Rodriguez Nuesch - 09/19/2012

Bestiario ilustrado de los virus informáticos que atemorizaron al mundo en las últimas décadas. Una serie ideada por Bárbara Rodriguez Nuesch y Emiliano Rodriguez Nuesch e ilustrada por Guillermo Meza.

Estos bichos han causado millones de dólares en daños y mucha frustración a usuarios de computadoras en todo el mundo. El miedo que generaron y sus peculiares nombres contribuyeron a crearles una personalidad dramática y cómica que ya forma parte de la historia de la red. Aquí algunos ejemplos representativos. 

 

GUSANO

El gusano fue uno de los primeros depredadores de las redes informáticas en los años 70. La novela ‘Shockwave Rider’ de John Bruner fue la primera en usar el término para describir un programa que se propaga a sí mismo por redes informáticas.

En noviembre de 1988, el gusano Morris creado por Robert Tappan Morris se convirtió en el primer gusano en propagarse por la red.

Uno de los gusanos más famosos, llamado I LOVE YOU fue creado por un estudiante Filipino en mayo del año 2000 y en pocas horas se convirtió en uno de los más agresivos de la historia de las infecciones digitales.        

 

TROYANO

Al igual que el caballo de Troya, el Troyano accede a las máquinas y las controla sin ser advertido, normalmente bajo una apariencia inocua –una aplicación, una imagen, un archivo mp3.

Los troyanos no intentan dañar archivos tal como lo hace un virus. Los caballos troyanos pueden hacer copias de sí mismos, robar información o dañar sistemas operativos.

ZEUS fue un troyano famoso que en 2009 logró robar datos del Departamento de Transporte de Estados Unidos.

 

KAMASUTRA

Kamasutra fue un peculiar gusano creado en 2006, que infectó más de medio millón de computadoras de usuarios que sintieron curiosidad por el contenido sexual que prometía.

Precisamente venía adjunto a e-mails con títulos como “School Girls Fantasies”, “Hot Movie”, “Crazy Illegal Sex” o “Kamasutra Pics”.

En vez de contenido erótico, este gusano infectaba las máquinas, se autoreproducía a sí mismo, borraba archivos y se renviaba usando la agenda de direcciones.

 

FUJIMORI

Fue un gusano escrito en Visual Basic en el 2001. 

Se reproducía por correo anunciando la falsa noticia del retorno al poder del ex-presidente Alberto Fujimori.

También circuló de la mano de una falsa noticia anunciando su supuesto suicidio.

 

USB STORM

 

El Storm Worm fue un Troyano que afectó millones de máquinas en el 2007, transmitiéndose a través de dispositivos USB.

Esta visualización animada muestra cómo Storm Worm se propagó por el mundo.

 

ESPÍA

Un programa espía no es un virus sino un parásito que accede la información de ordenadores y luego lo transmite a una fuente externa.

No es considerado ilegal, ya que se aprovecha de los usuarios distraídos que aceptan instalar el soft que le permite propagar información privada.

Aquí puedes consultar información sobre los programas espías.

 

MELISSA

Melissa fue un virus macro que causó pavor en la red en el año 1999.

Fue creado por David L Smith quien se inspiró en una stripper de Miami para darle su nombre.

El virus venía Escondido dentro de un archivo llamado list.doc que contenía passwords con acceso a 80 sitios de contenido pornográfico.

 

ANA KOURNIKOVA

El virus Anna Kournikova fue creado por un programador holandés llamado Jan De Wit en el año 2001.

El mail en el que venía adjunto prometía mostrar una fotografía de la famosa tenista rusa.

Fue un virus similar al ILOVEYOU pero no dañaba los datos de la computadora infectada.

En este link podrás leer una historia completa de viruses y gusanos.

 

Esta serie fue ideada por Bárbara Rodriguez Nuesch y Emiliano Rodriguez Nuesch e ilustrada por Guillermo Meza.

En Twitter: @emilianorn 

 

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"Un dólar por un voto, el fracaso de la democracia": entrevista a Joseph Stiglitz

Por: pijamasurf - 09/19/2012

Joseph Stiglitz, el conocido economista y premio nobel en 2001, habla en entrevista de la desigualdad que el actual modelo económico genera incluso en ámbitos más allá de la economía, pervirtiendo lo mismo la política que el sistema de valores con el cual se recompensa o se castigan comportamiento cotidianos.

Joseph Stiglitz es uno de los economistas más destacados de la actualidad, reconocido en 2001 con el premio Nobel de la especialidad y, sobre todo, una voz crítica dentro del mainstream, un personaje que, dentro del sistema, ha señalado reiteradamente sus faltas y sus flaquezas, los mecanismos que —trascendiendo la economía pero partiendo de ella— reproducen la inequidad y la injusticia.

Recientemente y con motivo de la publicación en español de su libro Cómo la división social pone en peligro nuestro futuro, el también profesor de la Universidad de Columbia ofreció una entrevista al diario El País, en la cual repasa brevemente algunos de los acontecimientos más importantes de la historia reciente de Estados Unidos, particularmente la crisis que otros investigadores se empeñan en señalar y que de algún modo ha encontrado expresión en fenómenos como el Movimiento Occupy Wall Street (que por estos días cumplió su primer año de existencia) o la perversa relación que se ha creado entre la política nacional y los intereses económicos de una minoría.

Ofrecemos a continuación algunos fragmentos de la plática. Sandro Pozzi fue el entrevistador.

¿No cree que hay cierta obsesión de los estadounidenses con su propio declive? Hay un consenso amplio y muchas obras escritas sobre la cuestión. Resaltan que el concepto que tiene América de sí misma –ser número uno en todo– ya no está tan claro como antes. Seguimos siendo la economía más grande del mundo, pero China lo será en breve y no hay nada que se pueda hacer contra eso. Ya no somos la economía que crece más rápido, ni tenemos la renta por habitante más alta. Somos la mayor potencia militar, pero no somos capaces de resolver ningún problema. Mi libro aborda esa preocupación general. Además del sentimiento de ser número uno, EE UU se veía como un país con igualdad de oportunidades, como una sociedad justa. Esos eran los principios básicos sobre los que pensábamos que nos distinguíamos de los demás.

La igualdad de oportunidades, la idea de llegar a lo más alto, es una de las bases del sueño americano. Es una noción muy fuerte de una sociedad justa. Fue lo que hizo que la gente emigrara hacia EE UU, buscando sus sueños. Ya no es cierto y es devastador para el concepto que los americanos tienen de sí mismos.

¿Pero el sueño americano es diferente para cada persona? ¿No significa necesariamente llegar a lo más alto? Hay varios aspectos. El esencial es que cada generación va a ser mejor que la que le precedió, que cada persona va a mejorar cada año. Y eso tampoco es válido ahora. El sueldo de un asalariado adulto en EE UU es hoy inferior al que existía en 1968. El hijo de un empleado que entonces trabajaba en una planta de ensamblaje en Detroit gana menos que su padre.

[...]

La severidad de la crisis económica refuerza esta idea de declive. ¿Dónde está la voz de esa rabia? El movimiento Ocupemos Wall Street se esfumó. El gran problema que tuvo ese grupo de protesta social es que no creyó en la organización. Vieron a los partidos políticos como una fuente de los problemas actuales y no quisieron imitarlos. Es simple, no se puede cambiar la sociedad sin organización. Se distanciaron del sistema actual, y eso les hizo menos atractivos como movimiento. El momento fue también equivocado, porque con las elecciones la gente pone más esfuerzos en la esperanza de que quizá haya un cambio político, pero saben que no será así.

Un cambio que prometió hace cuatro años Barack Obama, utilizando precisamente la esperanza como lema. Cierto. Hay mucho pesimismo entre los jóvenes y el electorado en general, porque Obama no resolvió los problemas y ven también que tiene a gente muy cercana a la banca, en particular [Timothy] Geithner [secretario del Tesoro]. Quizá lo haga [Mitt] Romney [aspirante republicano a las presidenciales de noviembre], pero creo que es peor su alternativa porque no refleja los valores y las preocupaciones de la mayoría. Al menos, Obama dice que los millonarios deben pagar tantos impuestos como la gente que es pobre. Romney paga impuestos inferiores al 15%, como el 1% que está en lo más alto, lo que es menos que la gente que se gana la vida trabajando. Como dice Warren Buffett, eso no es justo. Para Romney, sin embargo, está bien.

[...]

Los ricos hablan de lo que devuelven a la sociedad con obras filantrópicas. ¿Qué valor tiene eso? No es suficiente, no es una alternativa. Al no pagar impuestos, no contribuyen de manera justa a la sociedad, a la educación, a las infraestructuras, a la investigación. Primero abusan de sus empleados, pagándoles bajos salarios, y después abusan del sistema público, al no dar la cobertura sanitaria necesaria a sus empleados. Es decir, usan los recursos del resto y luego dan una pequeña parte de su fortuna. Donar no es la respuesta.

Una empresa se crea para generar riqueza. Pero en ese 1% también hay muchos políticos, elegidos por el ciudadano y que no responden a sus problemas. Ese es el gran peligro del sistema político: gente muy rica usa el dinero para ser elegida y luego para asegurarse de que seguirán siendo ricos, rebajando impuestos. Hay gente, como Buffett, que dice que tenemos un sistema que está corrupto y cree que hay que cambiarlo. Desafortunadamente, hay gente que da mucho dinero a candidatos políticos que quieren mantener el poder económico y político de las élites. Eso es lo peligroso. Es una sociedad dividida que se refuerza a sí misma.

Esta desigualdad de oportunidades, ¿cómo mina la democracia de un país que pretende exportarla? Una manera de describir lo que está sucediendo en EE UU es saber precisamente lo que produce una democracia: debe haber un compromiso, y ese compromiso debe reflejar la visión del votante que está en el centro. Unos quieren más educación, otros menos. Unos quieren más gasto, otros menos. El sistema actual no refleja a la persona que está en el centro. El sistema se ha desplazado de una persona un voto hacia un dólar un voto. El político ya no va puerta a puerta para ganarse el apoyo del electorado. Lo que hace es comprar espacios publicitarios, usa una variedad de mecanismos. Los ricos invierten y después exigen un retorno. Son los que dictan la política.

Es la vía que usan los dos partidos en EE UU. Cierto. Porque quieren ganar y esa es la manera. Y ese círculo vicioso entre economía y política es el que trato de describir. Solo hay que fijarse en el electorado joven. Solo el 20% vota. ¿Por qué una proporción tan baja? Porque miran a demócratas y a republicanos y ven que son los banqueros, los grupos que manejan el dinero, los que dictan el rumbo del país. Hay, sin embargo, una diferencia. Muchos demócratas se encuentran incómodos con esto, no creen que las corporaciones representen los intereses de la gente, ni creen que deberían tener libertad ilimitada para pagar a las campañas. Los republicanos, sin embargo, sí creen que se pueden comprar votos.

Si el poder sirve a la avaricia, ¿cómo puede romperse ese círculo vicioso del que habla? En EE UU hemos puesto el logro de ganar dinero por encima de cualquier otra cosa. En una sociedad que destaca la retribución monetaria, tenemos un mal equilibrio. En mi libro hablo de los planes de incentivos y su efecto destructivo. Mucha gente que trabaja no lo hace para ganar dinero, sino para vivir. Pero si eres el presidente de una compañía, ¿por qué no haces lo mismo? El argumento de que es porque tienen un trabajo más duro es absurdo. El trabajo hay que hacerlo bien. Los incentivos son importantes, pero no son la vía.

El ejemplo podría ser Wall Street, donde parece que se premia más el fracaso que el buen trabajo. Por eso hay que tener reglas que permitan poner freno a los abusos. Siempre habrá gente que solo piense en enriquecerse. Y en una industria que se dedica a ganar dinero, entonces esperas que esos abusos sean aún mayores. Nadie lo espera de un profesor que se dedica a educar a niños. Pero si trabajas para un banco, vas a hacer dinero, por eso hay que ser más cauto en el sector financiero.

La entrevista completa en El País.