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Agencia realiza un estudio sobre la satisfacción de los usuarios de Internet en México al respecto del servicio que las compañías proveen.

Uno de los posibles puntos débiles de Internet se encuentra en que, pese a todas sus bondades, el usuario se encuentra a merced de un proveedor que le suministre el servicio. En países como China o Egipto durante los meses de agitación que culminaron con la salida de Hosni Mubarak de la presidencia, esta contrariedad se ha hecho patente cuando en complicidad con gobiernos de corte autoritario, las compañías poner en marcha procedimientos que obstaculizan o impiden el acceso a la red.

De ahí que sea importante conocer el estado que esta infraestructura guarda en nuestro entorno, en la manera en que localmente nos conectamos a Internet.

Recientemente, la agencia Aga Marketing evaluó la satisfacción de los usuarios de Internet respecto a las compañías que proveen este servicio, tomando las 6 más importantes que tienen presencia en todo el país, a saber: Telmex, Axtel, Cablevisión México, Cablevisión Monterrey, Megacable y Total Play. Dice la agencia:

[…] para el usuario mexicano, este servicio no acaba de estar bien; no acaba de transformarse para ser lo que él espera. Ya sea por el precio (que en general se percibe caro, como se manejó en un reciente estudio de la OCDE y liberado hace unos meses), por la velocidad de navegación, (que en casi todos los casos se percibe lenta), o por la forma en la que las empresas cobran, (que el cliente percibe como injusta, al no brindar una ecuación equitativa en la relación valor - precio).

Hace unos años, por ejemplo, igualmente se dio a conocer que en México el servicio de Internet costaba, en promedio, 100 veces más que en Japón, aunque la velocidad era 60 veces menor.

Los resultados que presenta el estudio de Aga Marketing se obtuvieron a partir de un índice de desempeño, en el cual se igualó el promedio de velocidad obtenida en el test online, entre la velocidad contratada y multiplicando esto por 100 (los detalles de la metodología, del muestreo y del estudio en general se pueden consultar en el archivo PDF disponible en este enlace).

Estas son las gráficas que resumen los datos recolectados. La primera corresponde a una velocidad de descarga de 2 a 5 Mbps y la segunda a 5 o más Mbps.

Velocidad de descarga de 2 a 5 Mbps

 

Velocidad de descarga de 5 o más Mbps

Comenta la agencia:

A la luz de los resultados de este estudio, la categoría aparece como la percibe el consumidor, un servicio con desempeño pobre, que claramente ofrece mucho menos valor del que debería.

Sin duda conocer este tipo de estudios nos sirve para que, como usuarios, reconozcamos esa debilidad antes mencionada de Internet y, quizá, seamos capaces de subvertirla.

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El famoso CAPTCHA, molesto para no pocos, podría haber sido rebasado ya por las computadoras y la inteligencia artificial como mecanismo de seguridad para distinguir entre máquinas y seres humanos.

Uno de los principales conflictos planteados por la ciencia ficción es cómo distinguir entre seres humanos y seres artificiales. Desde la Olimpia de Hoffmann hasta los Nexus-6 de Philip K. Dick, la posibilidad de construir modelos mecánicos cada vez más idénticos a una persona común ha venido acompañada del posible conflicto que supone la interacción con ellos, si quizá en algún momento estos serán tan perfectos como para no encontrar diferencias notables con un ser humano.

Y aunque quizá, en las relaciones cara a cara, este escenario todavía parece remoto (aunque no tanto), hay ámbitos de nuestra vida diaria en los que el trato con y entre entidades de inteligencia artificial es lo usual: Internet el mayor de ellos.

En Internet, uno de los mecanismos ideados para distinguir la operación realizada por un ser humano y por un robot es el famoso CAPTCHA, ese texto intencionalmente distorsionado que cumple la función de autentificar, por ejemplo, el posteo de un comentario o la descarga de un archivo, y prevenir así prácticas como el spam. CAPTCHA, de hecho, son las siglas de “Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart”, “Examen de Turing completamente automatizado para distinguir computadoras y humanos” (recordemos que el examen de Turing, propuesto por el matemático homónimo, es una prueba para medir la inteligencia de una máquina: si conversando con esta un ser humano no se da cuenta de que trata con un ser artificial, la máquina pasa la prueba).

Hasta ahora, el CAPTCHA ha cumplido su función con eficiencia aceptable. Incluso más que eso, pues su dificultad —pensada especialmente como obstáculo para los robots— ha originado la curiosa noción de “CAPTCHA rage”, esa furia que siente un usuario humano ante un texto tan deformado que ni él mismo lo comprende, o escrito en caracteres que simplemente no es capaz de reproducir inmediatamente y sin recurrir a recursos extraordinarios.

Sin embargo, parece ser que la garantía de seguridad de este mecanismo está caducando, pues la doble condición de identificar caracteres y efectuar la operación específica de reescribirlos, en teoría realizable solo por seres humanos, podría cumplirla ya una inteligencia artificial, haciendo del CAPTCHA algo inservible y obsoleto según su propósito original de existencia.

Actualmente hay hackers que, en pocas palabras, están enseñando a las computadoras a pensar como seres humanos, mostrándoles cómo burlar todas las variantes del CAPTCHA: el visual, el de movimiento e incluso algunos interactivos que hacen al usuario jugar un minijuego.

El principio de deconstrucción es sencillo y de alguna manera incluso obvio: es cierto que es un ser humano quien tiene que realizar operaciones específicas, pero a fin de cuentas estas operaciones pasan por el mismo dispositivo que, bajo ciertas condiciones, puede operar por sí mismo, sin necesidad del factor humano. Para resolver estas variantes de la prueba de Turing, lo único que tiene que hacerse es recorrer en sentido opuesto los pasos necesarios para plantearlas.

En un sentido casi filosófico, este problema con las computadoras, la inteligencia artificial y el CAPTCHA no parece sino un reflejo de nuestro entendimiento mismo y, en especial, de sus limitaciones, de la manera en que el pensamiento lógico se desarrolló en Occidente, esa caja amplia pero cerrada de la que parece imposible salir: «En algún apartado rincón del universo, desperdigado en innumerables sistemas solares centelleantes, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocer. Fue el minuto más soberbio y mentiroso de la "Historia Universal"; pero, a fin de cuentas, sólo un minuto».

También en Pijama Surf, cómo el proyecto reCAPTCHA se utiliza para digitalizar libros: cuando transcribes una de estas palabras, contribuyes a crear la mayor biblioteca de la humanidad jamás conocida.

Con información de Singularity Hub