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Creer en el dualismo entre mente y cuerpo es malo para la salud, revela estudio

Salud

Por: pijamasurf - 08/08/2012

Al parecer no creer en que la mente y el cuerpo son parte de una misma cosa tiene efectos negativos en la salud.

Nuestra relación con nuestro cuerpo está determinada por como nos pensamos. O creemos que nuestro cuerpo es una masa independiente de nuestra mente, o creemos que la mente y el cuerpo en realidad son indivisibles, un mismo proceso integral  interdependiente. Este dualismo filosófico parte de Platón que consideraba que el cuerpo era una entidad salvaje (como un caballo) que debía y podía ser controlado por el alma (o psique) que era el jinete de las pasiones. De esta idea parte tiempo después el racionalismo cartesiano que tajantemente definió a la mente como la entidad suprema en este binomio -- y así el cuerpo se ve reducido a una posición marginal y hasta prescindible. Y toda la filosofía del cuerpo, todo su cuerpo de conocimiento (la intuición, el instinto, las emociones) son opcadas por la luz de la razón, el arma preponderante del cerebro.

Un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad de Colonia sugiere que esta creencia dualista entre el cuerpo y la mente afecta la salud de los creyentes. Estas personas que consideran que la mente y el cuerpo son dos entidades separadas mostraron una tendencia a comer menos saludable, ejercitarse menos y en general una actitud más descuidada en términos de lo que se considera saludable.

Los investigadores creen que las personas que tienen estas creencias dualistas le dan menos importancia a su cuerpo y tienen una mayor tendencia a incurrir en comportamiento poco saludable --el cuerpo es visto en última instancia como un vehículo desechable que solamente ayuda a la mente a interactuar con el mundo físico. Hay posiblemente una especie de divorcio, en realidad una esquizofrenia, entre ser el que piensa y el que siente.  Y por lo tanto no se toman decisiones o no se resuelven operaciones "mentales" con los sentimientos.

Los investigadores creen que la evidencia apunta a una relación bidireccional en la  que  las creencias metafísicas de unidad entre cuerpo-mente, en cambio, pueden servir como una herramienta cognitiva para lidiar con ciertas enfermedades.

En un artículo pasado analizamos cómo este dualismo entre mente y cuerpo es responsable de una medicina atomista que trata las enfermedades como fenómenos locales, separados y que pueden ser tratados independientemente sin considerar ni afectar el organismo entero. Esto resulta también en la excesiva medicación de poderosos fármacos que son recetados para tratar un problema en particular y que acaban teniendo efectos colaterales en otras partes del organismos, sin acabar con el problema de fondo que buscaban tratar, el cual generalmente se trata de un fenómeno mente-cuerpo, donde la manifestación física es indisociable de un proceso psíquico inatendido.

No quisieramos decir soberbiamente que la unidad del cuerpo-mente es una verdad absoluta o una forma de concepción del mundo superior. Simplemente parece ser que es una forma de ver el mundo que, desde la psicología y la medicina (ciencias cuya integración sería un siguiente paso lógico en la evolución epistemológica), es más efectiva ya que provee una herramienta más poderosa para  relacionarse con el mundo y operar cambios sobre el mismo (porque al no estar dividada la mente del cuerpo, la mente puede naturalemente actuar sobre el cuerpo) . Generalmente se critica a las personas que piensan con otra cosa que con el cerebro --con el pene, con el corazón, con las tripas, etc.-- pero, ¿acaso usar solamente una pequeña parte del cuerpo para procesar información, tomar decisiones y ejercer una volición no sería mucho menos inteligente que usar toda una serie de órganos y aparatos de percepción. Ciertamente la razón, y es la misma neurociencia la que lo dice, es una perspectiva limitada e incompleta para entender el mundo y experimentar el misterio de la vida. La hiperestesia, la claridad perceptiva, que a veces llega incluso a destellar en anomalías como la clarividencia o la telepatía, seguramente es una percepción integral, que se hace con todo el cuerpo y no con un reducto. Y es que el cerebro difícilmente puede contener a la inmensidad de la mente.

 

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El "efecto del ganador": Nada contribuye a tu propio éxito como tu éxito previo

Salud

Por: pijamasurf - 08/08/2012

La neuroquímica del triunfo: ganar una competencia inserta a un individuo en un circuito de recompensas positivas en el que le es posible navegar la cresta de su propia testosterona hacia una seguidilla de éxitos

El éxito es un circuito virtuoso. Neural y experiencial.  Un hombre que ha ganado antes una mesa de póker se puede sentar a una mesa de póker y ganar solo bluffeando. Pero si tú nuncas has ganado y bluffeas difícilmente te creerán. La vida es dura para los que ha sido dura; fácil para aquellos a los que ha sido fácil. 

En su libro The Hour Between Dog and Wolf: Risk Taking, Gut Feelings and the Biology of Boom and Bust, John Coates explora el llamado "efecto del ganador" desde la relación que tiene la química del cuerpo y la toma de riesgos. Este efecto opera a manera de una osmosis que auto-refuerza las dos hormonas fundamentales en el éxito y el fracaso, la testosterona --u "hormona de las burbujas financieras"-- y el cortisol --"la homona de los arrrestos económicos". En los corredores de bolsa --así como en los atletas-- la testosterona se eleva pronunciadamente durante la prosperidad financiera, lo que induce una euforia relacionada con la toma de riesgo, proveyendo un loop de retroalimentación positiva en el que el éxito mismo se traduce en una ventaja competitiva. En contraste, la hormona del estrés, el cortisol,  se eleva durante una crisis financiera: altos niveles sostenidos de cortisol hacen que los corredores de bolsa sean más tímidos y generen una aversión a tomar riegsos, lo cual los hace menos competitivos. Coates explica:

Biólogos estudiando animales en el campo han notado que el animal que ha ganado en una pelea o compitiendo por el territorio tiene más probabilidad de ganar en su siguiente competencia. Este fenómeno ha sido observado en un gran número de especies. Un descubrimiento así sugiere que el mero acto de ganar contribuye a ganar posteriormente.

Para llegar a esta conclusión los científicos descartaron otros factores como la ventaja física de un animal --sus recursos metabólicos, musculares y cardiovasculares-- y controlaron sus motivaciones --su hambre, por ejemplo-- y de todas formas se econtró un efecto del ganador.

Esto parece tener que ver con que si bien los niveles de testosterona suben durante una confrontación, incrementando la velocidad de reacción, la agudez visual, la perseverancia y quitando el temor, cuando la pelea termina el animal que vence emerge con aún mayores niveles de testosterona mientras el perdedor tiene que lidiar con una baja hormonal. Coates refuerza:

La vida para el ganador es más gloriosa. Entra al siguiente nivel de competencia con niveles de testosterona ya elevados, y este puesto a tono androgénico le otorga una ventaja que aumenta sus posibilidades de volver a ganar. A través de este proceso, un animal puede seguir un loop de retroalimentación positiva, en el que la victoria lleva a niveles más altos de testosterona que a su ven llevan a subsecuentes victorias.

Este efecto seguramente puede extenderse de las peleas entre animales  y la compraventa de acciones a conductas sexuales y deportivas --y en general a todo tipo de pruebas. La testoserona se vuelve un coeficiente químico de nuestra confianza personal.

¿Cómo irrumpir en este círculo testosterónico de ganancia si no se ha ganado antes? Aquí seguramente interviene la disciplina y una especie de efecto placebo generado a través de la imaginación, la capacidad de un individuo de sobreponerse a sus experiencias negativas para imaginarse positivamente hasta el punto de detonar una descarga neuroquímica. No es algo que parece fácil, pero en la medida en la que se pueda asegurar pequeños triunfos la testosterona podrá activar un circuito  positivo de recompensa... y después ya sólo quedan las mieles de dejarse ir.

[Brain Pickings]