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A pesar del descontento México se encuentra en el centro de un privilegiado huracán; capitalizarlo en conciencia o entregarlo al archivo de anécdotas dependerá solo de los ciudadanos.

manifestacion jovenes mexico elecciones 2012

Hoy México se encuentra inmerso en un proceso que en lo personal me parece muy estimulante. No obstante los resultados electorales, aquellos que definen quien será nuestro próximo Presidente, se respiran perfumes inéditos en el ambiente, cívicos, esperanzadores. Me considero francamente privilegiado por poder vivir estos días y estás noches, y me emociona estar aquí para ver en que desdoblará el actual escenario. Si, tal vez peco de optimista –sobretodo si tomamos en cuenta la monumental frustración que una vez más acompaña una jornada electoral en este país (plagada de irregularidades, de manipulación, de vulnerable ignorancia). Quizá, sin darme cuenta, mi optimismo es parte de esa gran telenovela que un grupo de políticos y de empresarios se dedicaron a tejer minuciosamente durante la última década, para dar vida a un gran espectáculo que rebase la frontera de la pantalla e impregne la realidad que comparte un pueblo históricamente castigado, burlado.  

Pero prefiero rendirle culto a esa semilla que percibo que hoy se está regando, y no puedo esperar a comprobar la peculiar belleza de la flor que, emergerá de ella. Entre la recapitulación chamánica y la dinámica de auto-superación, a continuación les comparto un ejercicio que tal vez sea más terapéutico que propositivo, pero que con un poco de suerte servira de algo. Simplemente se trata de enlistar algunos recordatorios y algunas lecciones que surgieron de las pasadas elecciones del 1ro de julio, y que a pesar de que están explicitamente extraídas de los sucesos ocurridos en México, muchos de ellos seguramente aplicarán también a los contextos de muchos otros países.

Cómo lo evidencia el propio término recordatorio, estos no son novedades (o verdades nuevas), sino cosas que la mayoría de nosotros ya sabíamos, intuíamos o de plano padecíamos y que, al no ser capaces de haberles hecho frente o darles solución en el pasado, emergen cual cíclicos fantasmas. Tras las pasadas elecciones confirmamos que la mafia detrás del PRI está compuesta por más de un hábil operador político que sabe hacer bien su "trabajo". Que Televisa sigue desempeñando un rol nefasto y esencialmente nocivo en la vida de este país (complementado cabalmente por el de muchos otros medios 'tradicionales', como TV Azteca, Milenio, etc). Que en México el poder de estos medios sigue siendo mayor al de los medios digitales y las redes sociales. Que nuestra legislación electoral es obscenamente limitada (gracias a que somos rehenes de los partidos políticos) y que resulta urgente contemplar medidas tan básicas como una segunda vuelta. Que en este país la izquierda, la derecha, y el centro, se hallan inmersos en un proceso de notable decadencia. Que los presupuestos de campaña juegan un rol demasiado relevante en los procesos democráticos, tanto que a veces nos hacen dudar de la propia esencia de este vangloriado esquema. Que el PAN estuvo lejos de saber como gobernar a México desperdiciando así una oportunidad histórica que estuvo en sus manos. Que la 'maestra' Elba Esther sigue bien parada. Que los sindicatos se han consolidado como nidos de corrupción, cinismo, y materia manipulable. Que aún habemos muchos mexicanos que, como dijo en su momento la niña Peña Nieto, somos una bola de pendejos. 

Tras este breve repaso de los recuerdos que reviven cada seis años, pasemos a las potenciales lecciones que nos ofrecen los pasados comicios. Hoy sabemos que contamos con una generación de jóvenes que están dispuestos a transformar la frivolidad y apatía que caracterizaron a ciertas generaciones anteriores, en una conciencia cívica que el país agradecerá enormemente. Que las redes sociales (las cuales en este tipo de contextos se convierten en medios ciudadanos) pueden jugar un papel que si bien comprobó no ser decisivo, tampoco se podrá negar su activa relevancia y su valiosa aportación. Que a pesar del letargo inducido a lo largo de décadas por gobiernos y empresarios, empleando para ello contenidos mediáticos fundamentalmente patéticos, aspiracionales, así como una oferta educativa deplorable, diseñada para alimentar la ignorancia, hoy contamos con mexicanos, varios millones, que desde sus respectivas trincheras han optado por procurar la emancipación. Que dentro de la sociedad mexicana existe un sector considerable de individuos dispuestos a exigir a sus gobernantes, a monitorear la incidencia de las grandes empresas en el rumbo del país, a cuestionar los múltiples vicios de un sistema que por cierto nosotros no construimos, aunque si alimentamos, y el cual nos fue heredado generaciones atrás. Hoy en México existe un gran contingente de personas que parecen dispuestas a tomar las riendas de su realidad, a redibujarla de acuerdo a principios que honran los derechos fundamentales de todo grupo humano, a asumir la responsabilidad de sus vidas personales y, por lo tanto, de la vida colectiva.

Pero también es importante enfatizar en que más allá de las mieles épicas (y poéticas) que el actual contexto nos comparte, lo cierto es que una lección no se consuma como tal hasta el momento en que se ejerce –recordemos que la diferencia entre información y conocimiento está precisamente en el ejercicio. Hoy vivimos un fenómeno alentador en México, el aire está plagado de una exquisita información, un pulsante cúmulo que parece destinado a materializarse, pero también es cierto que ese proceso no será automatizado. Quizá nunca en la historia del país la mesa de la conciencia compartida había estado puesta en forma tan generosa (el banquete para celebrar un amanecer dorado). Y capitalizar este proceso dependerá de cada uno de sus protagonistas, es decir, de todos nosotros. Si somos capaces de ir más allá de agendas personales, de ideologías, de rencores y temerosas sincronías, entonces la inercia que hoy se percibe como algo palpable (tanto que incluso pudo ser medida por un proyecto de la Universidad de Princeton dedicado a monitorear los pulsos de conciencia colectiva) se traducirá en una realidad ineludible. Aunque a veces queramos esquivar esa responsabilidad, culpando a mafias, agendas, partidos políticos, empresarios voraces, comunicadores vendidos, aún sin negar la existencia de estos tipos, lo cierto es que  hoy, como siempre, la última palabra es nuestra. 

Pero y tú ¿qué haras después de la orgía?

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Lucio Montlune

 

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 zoom de ojos representando la dualidad

Occidente atrapado en su propia realidad

Históricamente la cultura occidental ha alimentado a un enemigo que forma parte de su esencia misma. Me refiero a la bifurcación absoluta, a la franca dualidad como herramienta fundamental para decodificar la realidad: On/Off, Sí/No (el dualismo cartesiano). 

Más allá de otros muchos vicios que la filosofía de Occidente ha manifestado (por ejemplo, el materialismo), parece que esta dualidad absolutista es responsable de haber literalmente encerrado el pensamiento de esta cultura –como un vertiginoso loop que recuerda a las rondas circulares que dibuja un felino dentro de una jaula. Así, algo es o no es, fui o no fui, soy soltero o casado, me gusta o no me gusta la música pop, tienes o no tienes la razón, algo es verdad o es mentira, etc.

Llevando esta premisa un paso más allá, no se puede concebir la existencia de un algo si no logro ubicar su opuesto diametral –y aquí podemos remitirnos a la dialéctica de Hegel, toda tesis ‘debe’ tener una antítesis y esta relación confluye en una síntesis, que a la vez representará la tesis de algo más y por ende estará obligada a tener su propia antítesis (y así sucesivamente hasta un infinito constreñido).

Este modelo de interpretación nos acorrala, mediante una bifurcación omnipresente, y nos obliga a estar permanentemente decidiendo aún sin importar que la mayoría de nuestras decisiones sean libertades simuladas –pues hay cartografías culturalmente impuestas, cuyos límites evitan que nuestras decisiones vayan más allá).

El código binario y la obligación de elegir en Internet

Entendiblemente cuando llegó el momento de desarrollar un código para generar nuevos planos de realidad, esta filosofía dualista fue desdoblada en el código binario (el mismo que ahora rige nuestra vida digital). En lugar de surfear la data sobre una exquisita lasagna de posibilidades desarrollamos, para relacionarnos con ella, un medio fundamentado en 0’s y 1’s –lo cual representa de algún modo la quintaesencia de la filosofía del On/Off.

Pero más allá de ese esqueleto binario, a partir del cual quizá podríamos haber desarrollado un medio esencialmente ‘posibilista’, lo cierto es que las computadoras, y en consecuencia la Red, tienden a predisponernos a estar permanentemente eligiendo. Y aquí me gustaría retomar el tercer capítulo (Choice) del libro Program or Be Programmed, el manual de emancipación digital escrito por Douglas Rushkoff y al cual nos hemos referido durante múltiples ocasiones en Pijama Surf. El tercer ‘mandamiento’ de este decálogo es: “Siempre podrás elegir ninguna de las opciones anteriormente mencionadas”, sobre lo que Rushkoff desarrolla: “En el plano digital todo se resume a decisiones. El medio está en sí orientado a lo discrecional. Y esto constantemente deja fuera cosas que no elegimos notar o documentar, y nos obliga a decidir incluso cuando no hay necesidad de hacerlo”.    

Para dar cualquier paso en este llano digital, desde prender o apagar una computadora, decidir si quieres o no salvar un archivo, comprar o no un libro, o contestar-declinar una llamada, debes elegir entre el menú binario. Esto refuerza nuestra programación sobre tener que decidir entre un espectro limitado y pre-configurado por alguien más (sea un programador, un ley científica, un dios tentativo, etc.), el rumbo de nuestra realidad.

Además, al enfrentarnos permanentemente a esta bifurcación, eligiendo una de las dos opciones, entonces generamos patrones de comportamiento (intereses, estilos de vida, horarios, ubicaciones geográficas) fácilmente detectables, y que pueden ser procesados por simples algoritmos para hacernos predecibles –y aquí nos remitimos una vez más a la ilusión de la libertad que nos plantea el consumismo: tú crees que eres distinto o que estás forjando una identidad propia al elegir entre una u otra marca, entre este o aquel modelo, pero en realidad se trata del mismo menú.

Entonces, de acuerdo a lo que concluye Rushkoff, hay que estar alerta sobre cómo influye este modelo digital plagado de decisiones, miles de puntos sucesivos en donde el usuario debe hacer una elección; posteriormente hay que tratar de entenderlo y observar cómo afecta nuestra forma de vida e inclusive nuestros mecanismos cognitivos: la tendencia apunta a programarnos para tomar decisiones que simulan una libertad total pero que en realidad es un menú acotado (recordemos que entre el sí y el no, existen, literalmente, millones de posibilidades que generalmente se nos ocultan de la mesa). 

Cuántica y budismo (con el gato de Schrödinger como mascota favorita) VS Dualismo

Con el surgimiento de la vertiente cuántica en la ciencia, cuyos fundamentos técnicos ignoro pero a la vez creo que con su esencia podemos relacionarnos de una forma casi intuitiva, el viejo sendero de la omnipresencia bifurcada sufre una  catártica implosión y revela, cual flor cuando florece, el alma universal como algo sustentado en infinitas posibilidades y no en determinaciones racionales. Es decir, el universo resuena con el ‘tal vez’ y no con el sí/no.

De acuerdo con Robert Anton Wilson (una de las mentes predilectas en la realidad Pijama Surf), nos programamos semánticamente desde hace miles de años a tributar esta bifurcación. Sin embargo, a diferencia de Oriente, que hace más de 2500 años fue capaz de liberarse (de la mano del budismo) mediante una especie de relativismo sagrado, en Occidente decidimos rendirle culto al modelo realista/excluyente, adoptando filosofías cuya naturaleza dependen de él. Al cambiar el ‘algo es o no es’ por el ‘algo puede o no ser’, Oriente hackeó el loop. 

En este modelo solo hay dos posibilidades. Por lo tanto tiene que ser derecha o izquierda, verdadero o falso. Y es terriblemente shockeante cuando descubrimos algo que Oriente descubrió hace 2,500 años, y que la ciencia moderna recien descubrió en el siglo XX; me refiero a que una gran porción del universo depende de los ‘quizás’, y que existen muy pocas cosas que podemos definir en términos de si’s y no’s. Puede reducirlo todo si estas sentado discutiendo sobre filosofía abstracta, pero cuando estas lidiando con el mundo real es muy difícil forzarlo a embonar con el Si/No. Los que son muy buenos para esto son los gobiernos totalitarios, y lo ejercitan al disparar a cualquiera que se guíe por los ‘quizás’ […] También encontraremos que la mayoría de las religiones se basan en este modelo y son las que curiosamente han ido a guerra cada vez que tienen la oportunidad.” [1]

Y en alusión a la película Matrix (1999), no puedo dejar de preguntarme por qué Morpheus solo da dos opciones a Neo (la píldora roja o la azul) –y supuestamente la roja es la puerta de salida de la matriz. Pero al igual que la única salida posible de un laberinto no es la entrada (o salida), sino el centro, la única posibilidad de que Neo se liberase en realidad estaba en quedarse callado ante la bifurcación que se le presentaba (el silencio como ángel liberador), o tal vez incluso elegir combinar las dos o, por qué no, devorar una de las manos de Morpheus. En este sentido si bien Matrix me parece una película loable, que introdujo en millones de personas una cierta inquietud por salir de la caverna platónica, también creo que su narrativa no logró emanciparse (quizá como el preso que ayuda a otros a saltar la barda pero que al final no logra consumar su propio escape).

Actualmente cada vez más físicos apoyan un modelo que plantea la coexistencia entre infinito de universos. De esta interpretación emergen dos posturas. La primera afirma que a partir de un mar de universos posibles, existe uno que se colapsa (siendo precisamente el que percibimos durante un instante determinado) mientras que el resto representa la infinidad de posibilidades que pudieron concretarse. La segunda postura apuesta a que todas las posibilidades se concretan simultáneamente, solo que se manifiestan en distintas regiones del súper-espacio.  Pero cualquiera de estas opciones toma en cuenta a la posibilidad como la unidad máxima de la materia prima universal. Y aquí surge la famosa paradoja del Gato de Schrödinger, quien probó que en el reino de la cuántica puedes afirmar que un gato está vivo y al mismo tiempo está muerto (siendo ambas afirmaciones verdaderas de manera simultánea). Lo cual contradice flagrantemente la lógica tradicional.  

Por cierto, creo que un aspecto interesante de este fenómeno psicocultural tiene que ver con la comodidad. Y es que si bien el dualismo cartesiano es conflictivo, también se encuentra amoldado al sistema racional que utilizamos para mediar con la realidad. Por eso, en cuanto se comienzan a contemplar infinitas posibilidades en cada pixel de nuestra existencia, el proceso puede ser angustiante: la seguridad del tradicional On/Off nos abandona y esa sensación puede desquiciarnos. Pero también parece que la única salida de la prisión es utilizando los propios barrotes. Es decir, a través de la razón podemos emanciparnos de la dualidad cartesiana. Aquí entran en escena unos apasionantes elementos: las paradojas.

Entre koans y paradojas

Dentro del pensamiento occidental existen unos seres maravillosos, o tal vez sean instantes y no entidades, que conocemos como paradojas. Básicamente se trata de espontáneos cortoscircuitos que aparecen para interrumpir la linealidad racional –como una suerte de exquisitas micro-pruebas que evidencian los límites de la lógica (por ejemplo la frase 'todo lo que digo es mentira'). En el momento que logras hacer converger dos líneas de pensamiento que, en lugar de sucederse racionalmente, colisionan y se contradicen, aun siendo ambas válidas, entonces estás generando una pequeña grieta en la matriz.  

En cuanto al pensamiento oriental, que en algún momento optó por modelos circulares o cíclicos en lugar de lineales, que hasta cierto punto privilegió la esencia femenina al momento de establecer su estructura, y cuya naturaleza no esta diseñada para perseguir la hegemonía, las paradojas tienen un equivalente mucho menos disruptivo (pues fluyen en forma orgánica con el caudal interpretativo). Un precioso ejemplo de lo anterior son los koans.  

Técnicamente los koans son afirmaciones o interrogantes diseñadas para, envueltos en una poética estética, generar una ‘gran duda’ que permita al individuo ‘desloopearse’ –en otras palabras alcanzar el centro de su propio laberinto, para de ahí propulsarse a la unidad perfecta (lo que popularmente se conoce como iluminación). Literalmente este término significa ‘caso público’, y en la práctica se emplea por maestros para medir la evolución de sus alumnos (sobre todo entre aquellos dedicados al Zen).  

Siendo occidentales un koan nos obliga a ubicarnos en una perspectiva relativista, o mejor dicho cuántica, ya que están configurados para no depender de una sola respuesta o interpretación. Cuando un koan expresa una pregunta esta tiene tiene infinitas respuestas (pues dependen de las circunstancias que definen la realidad del alumno o de aquel que intenta responderla). Esto nos remite nuevamente a la esencia de tradiciones como el budismo o el taoísmo, en las que la realidad se define simplemente como el aquí y el ahora de la persona en cuestión. En síntesis, la respuesta a un koan debe florecer a partir del contexto específico en el que te encuentras pues no existe una respuesta ‘cierta’ de manera general.

Cuando dos manos aplauden se produce un sonido. ¿Cuál es el sonido de una sola mano?

¿Tiene también un perro naturaleza búdica?

Conclusión

Plantear una conclusión exclusiva para este texto equivaldría a aceptar que no entendí nada de lo que acabo de escribir (lo cual tampoco descarto). Pero evidentemente no puede haber solo una conclusión, ni dos, ni seis, sino que cada quien extraerá de él lo que más beneficie su propia secuencia de universos colapsados (para emplear un poco-ortodoxo slang cuántico).

En cambio, lo que puedo compartirte desde mi experiencia personal es que haber destapado la posibilidad de que el universo esté entretejido a partir de posibilidades, ha sido una de las experiencias más estimulantes con las que me he encontrado: el mapa no es el territorio. Por lo tanto la única brújula posible para navegar el multiverso es la congruencia, pues a través de ella nosotros mismos generamos una continuidad narrativa y no dejamos esa labor, la más maravillosa que nos fue dada, a un sistema particular de pensamiento.  

Y si bien por momentos me resulta un tanto angustiante no tener un par de cómodas muletas (sí/no) para transitar el camino universal, lo cierto es que también me ha dado una enorme tranquilidad confirmar que jamás ha existido una respuesta exclusiva a cualquiera de las interrogantes existenciales que me he planteado, que jamás he cometido un error o un acierto, y que no soy algo o alguien (pero que tampoco por ello dejo de serlo).

Bienvenidos seamos todos al infinito reino del 'quizá'.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis