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¿Tu adicción a Facebook merece atención clínica? Descúbrelo respondiendo estas 6 preguntas

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/06/2012

La apabullante presencia de Facebook en nuestros días hizo pensar a la investigadora noruega Cecilie Schou Andreassen que puede existir una adicción a Facebook similar a la que se desarrolla con el juego.

La presencia de Facebook en la vida cotidiana contemporánea es innegable. Con millones de usuarios en todo el mundo, de todos los idiomas y culturas, esta red social basa su éxito en la interacción a veces obsesiva que se establece con su interfaz: a todas horas, en cualquier momento, desde cualquier lugar, con los propósitos más banales.

Recientemente la investigadora noruega Cecilie Schou Andreassen, de la Universidad de Bergen, publicó un estudio en el que concluyó que Facebook puede provocar una adicción del mismo tipo que el juego, con los mismos síntomas y efectos perniciosos que se han documentado de sobra en la ludopatía y, en general, en las adicción que dañan a quien las desarrolla.

Así, según Andreassen, la adicción malsana a Facebook cumple con los seis componentes elementales de este tipo de comportamientos, a saber:

1. Prominencia: la actividad domina el pensamiento y la conducta

2. Modificación del ánimo: la actividad modifica o mejora el ánimo

3. Tolerancia: la actividad se realiza cada vez más para obtener los efectos iniciales

4. Retirada: surgen sentimientos desagradables cuando la actividad es discontinua o súbitamente reducida

5 Conflicto: la actividad genera conflictos en las relaciones con otras personas y actividades

6. Recaída: tendencia a revertir los primeros patrones de actividad luego de abastenerse o haberse controlado

Sin embargo, a diferencia de otras adicciones, en la que pude provocar Facebook es un tanto difícil medir el nivel en que se encuentra. Por ello la investigadora desarrolló la “Escala Bergen de Adicción a Facebook”, una tabulación que con 18 preguntas arroja un diagnóstico acertado sobre la dependencia que se tiene hacia la susodicha red social. Asimismo, de estas 18, son 6 las que indican con mayor acierto este comportamiento, ya que se relacionan con los componentes de una adicción que acabamos de mostrar. Las respuestas que admiten estas preguntas son: casi nunca, pocas veces, algunas veces, frecuentemente y siempre.

Así que, adelante, sea por entretenimiento o por verdadera preocupación del grado de dominio que tiene Facebook sobre tu vida, te invitamos a responder este test. Entre paréntesis se encuentra el componente de la adicción correspondiente.

En el último año, qué tan seguido has…

-dedicado mucho tiempo a pensar en Facebook o planeado usar Facebook (Prominencia)

-utilizado Facebook para olvidar problemas personales (Modificación del ánimo)

-sentido una urgencia por utilizar Facebook cada vez más (Tolerancia)

-sentido inquietud o disgusto porque tengas prohibido utilizar Facebook (Retirada)

-utilizado Facebook tanto que haya tenido un impacto negativo en tu trabajo o tus estudios (Conflicto)

-intentado dejar Facebook sin conseguirlo (Recaída)

Como se ve, el cuestionario es bastante sencillo e incluso podría utilizarse para casi cualquier adicción. Quizá por eso algunos críticos, como Mark Griffiths, psicólogo de la universidad inglesa de Nottingham Trent, señalan que el verdadero asunto aquí no es saber qué tan adicta es una persona a Facebook, sino por qué es adicta: asomarse a los verdaderos motivos que esa adicción intenta encubrir.

*Imagen: Likeholic, de Asaf Hanuka. Haz clic sobre la imagen o en este enlace para acceder al original.

[The Atlantic]

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El excitante intercambio de información mística permite adaptar las tradiciones espirituales a las actuales circunstancias de forma honesta y efectiva.

espiritualidad open source

Matrimonio entre espíritu y tecnología

El vertiginoso abordaje de las tecnologías digitales, y el efusivo intercambio de información que este fenómeno facilita, ha permeado de manera contundente la vida de la sociedad contemporánea. Cotidianamente desfilan manifestaciones que hace un par de décadas difícilmente hubiésemos imaginado –más allá de algunas lúcidas pinceladas en narrativas de ciencia ficción. Y obviamente la espiritualidad, uno de los aspectos más relevantes en el desarrollo humano, no ha sido marginada de está revolución.

Gracias a lo anterior han florecido apasionantes fenómenos que, como hebras que tocan simultáneamente los pulsos de la tecnología y el espíritu, se desdoblan para cobijar nuestras nuestro entendimiento en torno a la divinidad. Entre estas nociones tecnoespirituales recientemente acuñadas, en lo personal destacaría un par:

Colectividad espiritual - el impacto de la colectividad sincronizada en las prácticas místicas ha favorecido un intercambio inédito dentro de este plano de nuestra existencia, situación que sugiere incluso la posibilidad de que el próximo Buda sea un colectivo.

Tecnochamanismo - sendero protagonizado por personajes que viajan voluntariamente hacia el divino caos informativo –esa hiper-red de data entretejida– extrayendo información selecta y trayéndola consigo a este plano, con el fin de compartir los beneficios de esta peculiar proeza con su comunidad.

Al Billings

Budismo Open Source

En sintonía con las reflexiones sobre la comunión entre tecnología y espiritualidad, hace un par de días me topé con un nuevo concepto, una especie de experimento ontológico, que su autor denomina budismo open source. Se trata de una nueva manera de percibir el marco espiritual generado en torno a las enseñanzas de Buda –aunque las reflexiones que promueve podrían aplicarse al misticismo en general–. Su creador, Al Jigong Billings, fundador de hermetic.com (uno de los sitios mejor documentados sobre temas ligados al ocultismo, la alquimia, la magia, y las tradiciones etéreas) expuso esta tan peculiar como interesante filosofía, en una entrevista con Klint Finley (el responsable de Technoccult, uno de los blogs más lúcidos de la Red).

“Básicamente se trata de que si no eres parte de una cultura tradicionalmente budista o al menos una en la que el budismo juegue un papel importante, entonces no eres parte de ese cúmulo heredado de ideas alrededor de lo que es o no es el “budismo” o el “dharma”. Esto nos deja, a nosotros los de occidente, en una situación complicada. ¿Qué es el budismo? ¿Qué es el dharma? ¿Qué es lo esencial dentro de ellos? ¿Cómo se manifestaría el budismo en el siglo XXI en Estados Unidos si esta tradición no te fue culturalmente heredada?”

Estas interrogantes seguramente serán compartidas por muchas otras personas inmersas en el reto de procurarse un camino espiritual que si bien está ligado a antiguas tradiciones orientales, también necesita ser adaptado a su contexto sociocultural. Finley intenta responder a las mismas, inspirado en particularidades de su vida cotidiana (en buena medida ligadas a la ‘digitalidad’), a través de este concepto de budismo open source.

“Mi propuesta, o en realidad se trata de una idea o un experimento mental, es que incorporemos los fundamentos del ethos de open source, tal como se exhibe en proyectos de software como Linux o Firefox, en nuestro entendimiento del Dharma. Mientras lo practicamos no necesitamos moldearnos nosotros o moldear al dharma de acuerdo a la manera en que lo practican los japoneses, chinos, tibetanos, tailandeses u otros, de acuerdo a sus respectivos contextos. Eso evolucionó a lo largo de siglos y milenios. Mientras muchas personas se convierten, hasta cierto punto, en simulaciones de tibetanos, utilizando vestimenta tibetana, adoptando nombres tibetanos, e incorporando distintos elementos de esta cultura, esto en realidad no significa estar adaptando el dharma a nuestra cultura. Yo propongo que recibamos, de manera colaborativa, enseñanzas, técnicas, e incluso textos, para remezclarlos o utilizarlos para que cobren sentido, como un bloque de habilidades, aún si ello implica atravesar diversas culturas budistas o inclusive vetas tradicionales o linajes del budismo que comúnmente parecen incompatibles. El resultado sería, o eso espero, un dharma que funcione en nuestro propio contexto cultural”.

Conclusión

Aunque parezca poco ortodoxo el experimento que plantea el buen Finley, en lo personal creo que es una postura bastante práctica, y en consecuencia realista, que responde en forma más honesta a las necesidades y circunstancias de la actualidad. De algún modo esta ligado al new age, en cuanto a la reinterpretación de las enseñanzas propias de tradiciones milenarias, solo que al dotarlo de este aspecto open source, libre, descentralizado, y esencialmente colaborativo, la ruta se purifica gracias a una estructura que elude los mayores vicios del new age (la jerarquización arbitraria, la manipulación, la rentabilidad, etc).

Si bien resulta riesgoso el intentar remixear los cristalinos preceptos ya sea del budismo o de otra tradición mística, lo cierto es que es difícil imaginar un cause más honesto para llevar a cabo dicho intento, que el vivo intercambio y complemento de información, lecciones, y experiencia que cada uno de los involucrados tiene para compartir. Mejor aún, está dinámica además de ser un efecto aparentemente inevitable, está siendo encausada de acuerdo a una transmisión completamente orgánica, y a la vez etérea, de los grandes preceptos  espirituales.  

La desacralización de la ‘realidad’ es uno de los fenómenos, a mi juicio, más lamentables y que peores repercusiones conlleva en nuestro actual entorno. Sin embargo, paradójicamente, existe un cause particular en este proceso que, por alguna extraña razón (tal vez ligada a la sinceridad de la intención), está impulsando un renacer del sentido holístico de lo sagrado. La anterior afirmación, más allá de evidenciar mi palpable dislexia, tiene que ver con el hecho de que al desconcentrar lo sagrado, al extraerlo de sus personajes o contextos exclusivos, provocamos que este pulso se derrame sobre las vivencias más cotidianas (aquellas que manifiestan con mayor pureza la presencia de la divinidad, me refiero a la sacra simpleza).

En síntesis la propuesta de Finley tiene distintos aspectos que ya en la práctica consciente bien podrían traducirse en virtudes. Por un lado representa una adaptación pragmática, y por lo tanto realista y accesible, de la búsqueda del despertar en sintonía con nuestras actuales condiciones –lo cual creo que implica un ejercicio de humildad–. También enfatiza en la descentralización del conocimiento en torno a las tradiciones místicas lo cual, sin dejar de advertir los posibles riesgos, nos permite neutralizar algunos de los mayores peligros del sendero espiritual: la monopolización de las verdades por parte de instituciones religiosas, falsos gurús, carismáticos manipuladores, y el resto de esa nefasta fauna que acecha en los turbulentos límites de la región del espíritu. Finalmente, el budismo open source no solo actúa como enlazador de mundos entre las nociones florecidas a partir de las tecnologías digitales y el camino místico, también invoca una comunión entre los selectos planos de lo sagrado y los sagrados planos de la cotidianeidad.

Para terminar me gustaría aclarar que más allá de las interpretaciones que les pueda haber compartido sobre este experimento, las cuales son evidentemente subjetivas y tal vez disten del acierto, me parece que el budismo open source es una pieza más que refuerza la noción de que somos absolutamente privilegiados de vivir en estos tiempos, días de rediseño de paradigmas, divinización de la noosfera, y excitante desdoblamiento de la conciencia. Namasté.    

 Twitter del autor: @paradoxeparadis / Lucio Montlune