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Mordida de garrapata convierte a las personas que comen carne en vegetarianos

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 06/21/2012

Mordida de una garrapata de la estrella solitaria detona una fuerte reacción alérgica contra la carne; una leve epidemia de estos casos se esparce por la costa este de Estados Unidos

Los animales por fin parecen haber ideado una forma para evitar ser comidos --o tal vez PETA está incursionando en la manipulación genética. Una garrapata, cuya mordida está esparciendo una alergia a la carne por la costa este de Estados Unidos, es el arma secreta.

Tan solo una mordida de la garrapata de la estrella solitaria puede convertir en carnívoros de toda una vida en vegetarianos. Una persona que come carne manifestará una reacción entre tres y seis horas después, la cual puede llegar hasta a un shock anafiláctico. Al suceder esto lógicamente una persona hace lo que sea por evitar esta reacción por lo que normalmente deja de comer carne.

El Dr. Scott Cormins, de la Universidad de Virginia, dice que ha visto más de 400 casos recientes de alergia a la carne y que la mayoría obedecen a un historial de mordidas de garrapata.

Para algunos descubrir la fuente de su alergia es un alivio; para otros saber que no pueden comer carne es una pesadilla.

Recordamos el caso del tiburón que se convirtió al vegetarianismo luego de vivir una experiencia traumática asociada a la carne.

[ABC]

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Delfines, perros y elefantes poseen inteligencia tanto o más capaz que la de los primates

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 06/21/2012

Aunque comúnmente se cree que solo los llamados primates superiores poseen pensamiento complejo e inteligencia, pero diversos estudios han demostrado que delfines, perros y elefantes tienen habilidades de las que carecen, por ejemplo, los chimpancés.

La inteligencia es una cualidad que, fuera del ser humano, se considera superior únicamente entre algunos primates. Sin embargo, investigaciones recientes han revelado que los perros y los elefantes, además de los delfines, también poseen capacidades dignas de tomarse en cuenta y nos ayudarán a entender mejor cómo funciona la inteligencia animal.

Así, en el caso de los delfines, destaca la evolución singular de su cerebro, el cual, a diferencia de otros mamíferos, posee un neocórtex con funciones mucho más desarrolladas que les ofrecen la posibilidad de razonar y tener pensamiento consciente, las bases para procesos mucho más complejo como la comunicación y la organización colectiva. Curiosamente, el único ancestro en común entre el ser humano y los delfines se remonta a 95 millones de años de antigüedad.

De acuerdo con Lori Marino, neurocientífico en la Universidad de Emory, los delfines son capaces de entender conceptos abstractos como el cero, se reconocen en el espejo y entre sus semejantes, además de distinguir a cada uno de estos en su identidad individual, su salud y sus emociones. Un delfín, nos dice Marino, puede hacer todo lo que cualquier chimpancé o bonobo.

Por otro lado, los perros se caracterizan por su observación obsesiva del comportamiento humano y su habilidad para entender nuestras formas de comunicación, lo cual, a decir de Brian Hare, investigador en la Universidad de Duke, se demuestra en ese gesto aparentemente simple y fácil con el que un perro sigue la mano, el pie o la mirada que apunta hacia un sitio específico en el espacio, entendiendo que la intención es mirar hacia esa dirección (algo que, por ejemplo, los chimpancés son incapaces de hacer).

Finalmente los elefantes, que ya en el imaginario popular se consideran dotados con una gran memoria, se han revelado particularmente hábiles para el trabajo colectivo coordinado. En una prueba, por ejemplo, un par de elefantes entendieron que obtendrían alimento únicamente si cada uno tiraba de sendos extremos de una cuerda al mismo tiempo, ejercicio que descifraron mucho más rápido que los chimpancés. Josh Plotnik, jefe de la investigación sobre elefantes en la Golden Triangle Asian Elephant Foundation de Tailandia, fue el encargado de plantear este experimento.

Así, estos tres ejemplos —el de los delfines, los perros y los elefantes— nos muestra no solo que la inteligencia no es patrimonio exclusivo de los llamados primates superiores, sino, lo que quizá es mucho más notable, que resulta injusto e impreciso considerarla o jerarquizarla bajo una única concepción y modelo —la del ser humano—, siendo que puede manifestarse en formas y expresiones muy distintas sin que ni una ni otra resulten mejores o inferiores entre sí.

[Washington Post]