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Las elecciones presidenciales en México son inminentes: este 1 de julio de 2012 la ciudadanía se enfrenta a la posibilidad de que el "nuevo PRI" —el PRI de Tomás Yarrington, Mario Marín, Ulises Ruiz, Fidel Herrera o Humberto Moreira— regrese al poder, aunque con el precedente de la autoorganización establecido por el movimiento #Yosoy132.

Mucho se ha dicho en torno al proceso electoral en México, muchas discusiones, muchas posiciones encontradas. Todo esto con razón: México se encuentra en una encrucijada. Los resultados electorales del 1 de julio definirán de manera importante el futuro del país. En particular me refiero al posible retorno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al poder bajo un halo democrático. La pregunta que muchos nos hacemos es si la vuelta del PRI al poder significará una especie de restauración autoritaria. Yo no lo creo, pero sí creo en la posibilidad de la consolidación, como nunca, de un sistema capitalista profundamente corrupto, coptado por una élite corrompida por el dinero, falto de transparencia y rendición de cuentas, de procesos electorales dudosos. Un sistema con la capacidad política de capturar las instituciones y transformarlas para el beneficio de sus intereses. México se parecerá más a la Rusia bajo el mandato de Putin que a la Islandia que redacta una Constitución en “open source”. 

El número de ejemplos que muestra que en estos 12 años de oposición el PRI no se transformó, que sigue sin ver, sin escuchar, que no dialoga y que atemoriza, son “one too many”. Las amenazas que han recibo algunos de los muchachos de la Ibero que gritaron consignas contra Enrique Peña Nieto es preocupante, como lo es también la cantidad de periodistas asesinados en estados gobernados por el PRI, solo por nombrar algunos ejemplos.

Son innumerables los casos de corrupción y autoritarismo de miembros de este partido, todos tienen nombre y apellido, y para ello no es necesario remitirnos a la historia de los Arturo Durazo Moreno, Carlos Hank González o Gustavo Díaz Ordaz, son, por el contrario, bastante recientes: Tomás Yarrington, Mario Marín, Ulises Ruiz, Fidel Herrera o Humberto Moreira, solo por nombrar los que han salido a la luz (no me puedo llegar a imaginar las riquezas de sus operadores que viven en la oscuridad). En muchos casos la relación entre miembros del Revolucionario Institucional y el crimen organizado es, creo yo, un hecho. Hoy más que nunca se aplica la máxima de uno de los líderes históricos del PRI, Gonzalo N. Santos, asesino confeso que disfrutó siempre de su libertad:  “la moral es un árbol que da moras o vale para una chingada”.

Me temo que el regreso del PRI, y realmente espero estar equivocado, puede estar más cercano al “chavismo” que lo que muchos argumentan en contra de Andrés Manuel López Obrador. Una mayoría de la coalición PRI-PVEM en el Congreso, sumado al control de entre 20 y 22 de los 32 gobiernos estatales, sería francamente preocupante. Eso daría manga ancha a la construcción de un engranaje político y económico controlado por un partido profundamente corrupto bajo una política neoliberal. Similar al “chavismo” no por ser una autarquía populista, sino por lograr crear un aparato con la capacidad de ganar votos, que dizque juega a la competencia electoral pero que corrompe y amedrenta. Un andamiaje político que redefine las reglas para favorecerse, que tuerce las instituciones a su favor y que no rinde cuentas. Una especie de autoritarismo competitivo.

Todo indica que a pesar de que gran parte del electorado mexicano ve esta posibilidad con el regreso del PRI, existe, sin embargo, una alta probabilidad de que le otorgue su voto y con ello el triunfo. Sin duda el fracaso absoluto, torpe, soberbio, ineficaz de los gobiernos panistas en los últimos 12 años ha contribuido a fortalecer una especie de “Síndrome de Estocolmo” colectivo. Es decir, estar agradecidos a nuestro secuestrador por habernos “dado un cigarrito” durante nuestro cautiverio, esa simpatía por el asaltante que solo robó pero que no nos mató en el proceso. Será aceptar que “robarán” del erario público pero dejarán algo, “robarán” pero harán algo a cambio, serán eficientes y efectivos. El Estado capturado pero el Estado eficaz.  Son “ladrones” y “autoritarios”, pero podremos vivir tranquilos, esa es la premisa.

La aceptación de esta situación es la trágica rendición hacia lo inevitable, la tragicomedia mexicana o la cultura política de la que tanto habló Octavio Paz. La desesperanza nos oprime. Pero también es, en lo que corresponde a las élites en el poder, muestra de su más absoluto egoísmo, ese egoísmo que vaga libremente por sus mansiones. No importa lo que “los otros se roben” en tanto “yo” pueda hacer negocio. La aceptación de la corrupción se permea al resto de la sociedad —y por qué no, si todos lo hacen.

Los eventos en la Universidad Iberoamericana y el movimiento #yosoy132, sin embargo, han abierto una nueva posibilidad. Los jóvenes en consonancia con las redes sociales dijeron un “basta” y se organizaron. Tal vez muy tarde, eso no importa. Estoy seguro que ese movimiento no quedará ahí. El movimiento mostró que la organización ciudadana a través de Internet es posible y que tiene un efecto. El movimiento es importante no solo porque ha sido promotor de las causas anti PRI, sino porque independientemente de quién salga victorioso este 1 de julio, sembró la semilla de la posibilidad en la conciencia ciudadana.

En este momento es imposible saber quién ganará la Presidencia de la República. Sabemos que existen intentos de manipulación del voto, pero en la urna las cosas pueden tomar distintos caminos. Confío en el IFE en lo que respecta al proceso electoral que este, a través de los ciudadanos, controla, pero no confío en lo que ocurre en muchos lugares del país afuera de las casilla. Pero al final de cuentas el voto será secreto y muchas cosas podrán pasar ahí.

Si llega el PRI a la Presidencia, la organización ciudadana será fundamental como mecanismo para llamar a cuentas: transparencia, justicia, educación, pobreza, más y mejor democracia. Pero ocurrirá lo mismo si llega Andrés Manuel López Obrador. Exigir cuentas, demandar una política social de izquierda, respeto a la diversidad, crecimiento económico con responsabilidad, paz y, en muchas ocasiones, hacerle ver el sinsentido de su terquedad. De llegar Josefina Vázquez Mota, exigir rectificar el rumbo, dejar la soberbia a un lado y entender la necesidad de poner fin a una absurda estrategia de seguridad que se lleva al país y sus instituciones entre las patas, el fin de la pobreza, un alto a los monopolios públicos pero también privados, una reforma laboral, sí, pero justa. 

Al final de cuentas, hay mejores y peores escenarios en nuestro futuro próximo, pero hoy por hoy no sabemos cuál de ellos llegará, pero sabemos que hoy los ciudadanos comunes tenemos capacidad de organización. Por fin sabemos que no necesitas pertenecer a un partido o sindicato para organizarte, la ciudadanía sabe y puede organizarse por sí misma y podremos llamar a cuentas. Podemos ser un pesadilla si no se nos toma en cuenta. El 2 de julio comienzan tiempos de cambio y los jóvenes abrieron esa posibilidad. Llamemos a cuentas pase lo que pase, llegue quien llegue. 

Twitter del autor: @juanmortega

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.

Científicos detectan activación de la conciencia colectiva durante la elección mexicana

Política

Por: pijamasurf - 06/27/2012

El Global Conciousness Project, que mide la manifestación de la conciencia colectiva en eventos globales, efectuó un experimento durante la elección presidencial mexicana del pasado 1 de julio, determinando una focalización positiva de dicha conciencia colectiva en sus instrumentos de medición

El pasado 1 de julio se celebró la elección presidencial en México bajo condiciones de gran expectación. Creyendo observar una especie de capa psíquica intensamente pululando ante la incertidumbre de los resultados electorales y el deseo ferviente de cambiar el desigual orden establecido por el sistema dominante, sugerimos al Dr. Roger Nelson de la Universidad de Princeton, director del Global Consciousness Project, medir la jornada electoral y las horas subsecuentes para determinar la posible manifestación tangible de una "conciencia colectiva".

El Global Consciousness Project (GCP) es un esfuerzo que reúne a numerosos científicos, ingenieros, programadores y artistas con el fin de probar la hipótesis de que la conciencia global puede medirse y es capaz de hacerse tangible en el mundo material. Para determinar esto, el GCP, inspirado por el trabajo de Pierre Teilhard de Chardin y su idea de la noósfera, ha diseñado un elegante experimento en el que se  reúne información numérica generada por una serie de instrumentos, conocidos como EGGs (electrogaigramas), que han sido distribuidos por diferentes partes del mundo. Estos instrumentos generan números aleatoriamente, de manera equivalente a tirar una moneda cada segundo y registrar todos los resultados. La tesis del GCP es que si durante eventos multitudinarios los números que generan los EGGs varían más allá de la mera probabilidad estadística, esto podría significar un efecto de concentración de la conciencia colectiva que afecta los resultados --un concepto similar al colapso de la función de onda provocado por la conciencia del observador.

Los resultados de la medición del GCP en el caso de la elección mexicana, en un parámetro de 24 horas, muestran un efecto "altamente positivo" que "confirma la hipótesis", según nos dijo el Dr. Roger Nelson. Esto es, que la conciencia colectiva se manifestó materialmente en el transcurso de este período afectando los resultados generados por los EGGs de tal manera que  la probabilidad de que fueran producidos por el azar es de menos de 1 en un millón (al final del artículo presentamos un análisis gráfico de los resultados). Esto implica que la focalización de las conciencias individuales, la suma de todos los pensamientos, se traduce en una fuerza que tiene un efecto sobre un instrumento material, transformando el patrón aleatorio de los generadores de números. Poéticamente creando una imagen coherente en la mente del planeta, leída en un "electrogaiagrama".

Este evento se suma a cientos de mediciones positivas anteriores --incluyendo la muerte de la Princesa Diana y los atentados del 11 de septiembre del 2001--, la suma de los cuales sugiere que la conciencia colectiva es capaz de reaccionar conjuntamente  para crear "un  pulso sostenido de orden en el flujo aleatorio de los números de nuestros instrumentos”, en palabras de Nelson. Eventos de gran escala que permiten compartir emociones y pensamientos afines han demostrado afectar reiteradamente los instrumentos del GCP, los cuales operan prácticamente como termómetros de un "calentamiento psíquico" que no es del todo entendido. "Lo que imaginamos juntos se manifestará de una forma sutil. Esto significa que tenemos una enorme, subexplotada (o al menos incontrolada) capacidad de cambiar el futuro”, afirma el director del Global Consciousness Project.

Todo esto lo quisimos traer a colación de lo sucedido en México el pasado 1 de julio. Vimos en los días previos, y actualmente todavía, una manifestación elevada de conciencia civil, particularmente a través de las redes sociales y de movimientos de protesta como #YoSoy132. Misma que en algunos casos se sintió defraudada por lo sucedido en cuanto los resultados oficiales de la elección presidencial. Algunas personas tristemente declaraban que el movimiento no había servido de nada ya que no había impedido el regreso del PRI al poder y la imposición de un candidato por parte de una televisora, cuya programación es difícil de argumentar que no va en detrimento de esta conciencia colectiva. Acaso a manera de inspiración --no de consolación-- y de continuación de un esfuerzo vital, evocamos este experimento que muestra literalmente que la conciencia es capaz de cambiar la realidad de las cosas... una concentración focalizada en unas horas puede afectar la materia.

De algún modo la gran moraleja, que incluso cobija a aquellos detractores que postulan los procesos electorales como una magna simulación (y si, cada vez se asemejan más a shows mediáticos que a desfiles cívicos), es que más allá de las particularidades del proceso, quizá empezando por los propios resultados, lo cierto es que este tipo de dinámicas que atraen o unifican la atención colectiva, generan resonancias palpables, medibles, y por lo tanto consecuentes –lo cual nos remite al fenómeno de las neuronas espejo. En síntesis, más allá de ideologías, preferencias, o de la dirección hacia donde se canalizaron las frecuencias emocionales que depositamos en la reciente jornada electoral, concretamente los mexicanos generaron un pulso que, de manejarse en forma consciente, podría detonar un radical rediseño del escenario en su país.    

Recordemos esto entonces, considerando que si mantenemos esta conciencia no sólo durante algunos días, sino consistente y congruentemente durante un período de tiempo mayor, es muy probable que podamos cambiar significativamente el orden de las cosas. No sólo ganar "volados" con el poder de nuestra mente: mover las montañas fosilizadas por dinosuarios que pesan, como un pasado inescapable, sobre la realidad nacional. Como lo sugiere una reflexión publicada aquí en las postrimerías de la jornada electoral, la elección es todos los días, y si se quiere operar un cambio sustancial, es necesario cultivar esta focalización de la conciencia en la cotidianidad. Todos los momentos se suman y contribuyen para conformar ese estado de conciencia, individual y colectivo, que acaba manifestando la realidad que vivimos. Tal vez esta sea la mejor forma de asegurarnos de que los resultados de una elección no van a ser alterados para favorecer a cierto candidato: alterando minuciosamente, con el constante concurso de la conciencia colectiva, la realidad misma sobre la cual se vota. 

ANÁLISIS DEL EXPERIMENTO REALIZADO POR EL GCP EN EL DÍA DE LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL MEXICANA

 

La anterior gráfica muestra la suma acumulativa de desviaciones del valor esperado producido por la generación aleatoria de numeros (cumsum)=Z^2-1, como función del tiempo.  La Z corresponde a cuántas desviaciones estándares son observadas en una colección de datos. Esta es elevada al cuadrado y se le resta uno, para alcanzar el “Chisquare”, que es la distribución probabilística de un cierto numero de grados de libertad que tienen los dispositivos (EGGs) para generar números al azar. La desviación estándar es el cálculo de cuánto se alejan los resultados de una muestra de datos respecto al valor esperado.

La curva azul que se aprecia en la gráfica muesta una probabilidad homogénea del 5% de que los eventos no sean un mero error estadístico. En otras palabras, la curva azul es el modelo de resultados que definitivamente no son anomalías estadisticas, en una probabilidad del 5%. Los resultados de los EGGs difieren de lo esperado (generación al azar de numeros) a través del tiempo, mostrando que podrían estar siendo influenciados por la conciencia colectiva.

La gráfica compara los resultados actuales de desviación respecto a resultados aleatorios (curva roja) con resultados que definitivamente no son aleatorios (con probabilidad del 5%). Entonces en cuanto más se acerque la curva roja a la azul,  se muestra cuanto más ciertos factores (posiblemente la conciencia colectiva) están afectando la generación de números aleatorios para dar un resultado influenciado que se aleja de la mera aleatorieidad y anomalía estadística, revelando un claro patrón causal entre los resultados y los factores considerados en el experimento.

En conclusión, si descartamos la posible influencia de una radiación de fondo o de algún otro efecto electromagnético, podemos decir que la gráfica muestra como la votación en Mexico generó significativamente un aumento en la intensidad de un caudal de pensamiento colectivo.

[GCP]