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Siguiendo con la serie que explora la dimensión arquetípica de los superhéroes nos encontramos con la figura de Superman, una especie de Jesucristo de la cultura pop

En la segunda parte de este ensayo hicimos referencia a la relación entre el nacimiento de los superhéroes (encarnado en la figura de Superman) y  la crisis y renacimiento de Norteamérica como poder político y como símbolo cultural para Occidente. Pero, como hemos visto, desde la perspectiva arquetipal nos equivocaríamos si redujéramos el sentido de un símbolo a sus meras dimensiones sociológicas. Los símbolos, como ha mostrado la psicología junguiana, son multidimensionales, lo que significa que tienen siempre una dimensión social (condicionada por la cultura y el momento histórico en la que aparecen), una dimensión personal (condicionada por la imaginería inconsciente de su “autor”) y una dimensión universal, arquetípica o cósmica, según la perspectiva con que se miren. La resonancia de estos personajes -Superman en particular y los superhéroes en general- en multitud de contextos nos habla de esa dimensión del símbolo que trasciende los factores sociopolíticos e históricos y que muy posiblemente está en la esencia que hace a estos personajes tan universales. Esa esencia arquetípica en el mito de Superman es lo que intentaremos revelar ahora.

 El relato del héroe solar presenta su propia estructura arquetípica, la cual podríamos sintetizar en 3 fases:

 1) Nacimiento y Exilio: El nacimiento del héroe solar es siempre un suceso milagroso, afirmando su naturaleza divina,  sobrehumana. Este origen milagroso involucra comúnmente el nacimiento por parte de una madre virgen, encinta por un procreador espiritual (un dios, padre divino del héroe).

Al principio del relato, el niño héroe corre peligro de ser aniquilado (generalmente por su padre terrenal, un rey despótico que teme ser destronado). Para evitar su aniquilación, las fuerzas que favorecen el destino del pequeño (su madre, aliados cercanos, hadas, dioses), se ven forzadas a alejarlo para mantenerlo oculto, en secreto. En casi todas las versiones más antiguas, el niño héroe es depositado en una canasta o en un reciente similar y abandonado a su suerte en la corriente de un río o la orilla de un océano. Despojado así de su condición real/divina pero favorecido por su destino heroico, el niño héroe sobrevivirá a la oscuridad de las aguas y llegará eventualmente a una costa segura. Allí será encontrado por personas de categoría humilde y conducta bondadosa (generalmente campesinos) quienes, considerando el suceso un milagro, lo criarán como su propio hijo.

2) Iniciación: El héroe pasará por una etapa de aprendizaje y a lo largo de su crecimiento irá dando cuenta de virtudes sobrenaturales. Al llegar a la mayoría de edad, comenzará a descubrir los signos de su herencia secreta y divina. Esto lo llevará a asumir su condición de héroe, debiendo atravesar determinadas pruebas (las cuales involucran comúnmente la lucha contra monstruos y búsquedas extraordinarias) de las cuales saldrá transformado. Esta etapa constituye el llamado arquetipo de la Iniciación, e involucra siempre un activo descenso del héroe al inframundo (averno, caverna, Hades) para enfrentar al monstruo que guarda a la doncella o conquistar el tesoro escondido, símbolo de su propia transformación. Este descenso se configura como una muerte, literal o simbólica, que el héroe debe atravesar para poder emerger renacido (deificado).

El termino héroe solar proviene, en parte, de los antiguos rituales cíclicos de la fertilidad asociados a estos personajes como figuras de culto. En estos, la muerte y el renacimiento del héroe coinciden con los ciclos estacionales y con la “muerte” y el “renacimiento” (solsticios y equinoccios) del Sol a lo largo del ciclo anual.

3) Apoteosis o Deificación: Finalmente, el héroe asumirá su condición divina,  cumpliendo su destino de salvador del mundo. Por regla general, en muchas mitologías, esta consagración supone la ascensión del héroe regional en dios solar, convirtiéndolo así en una figura religiosa. Las deidades solares del mundo antiguo eran, de esta forma, “héroes ascendidos”.

Ejemplos de esta estructura arquetípica se encuentran en prácticamente todas las culturas conocidas: Perseo en la mitología griega, Sargón El Grande en la mitología caldea, Mitra en Persia, Krishná en la India, Abraham y Moisés en el Antiguo Testamento, Starkadr en la mitología escandinava, Rustam en la mitología iraní, Chandragupta en la mitología hindú, Lugh en la mitología celta… son solo algunos de los tantos y diversos ejemplos que la mitología registra.

Como explicábamos en la segunda parte, según la psicología junguiana, el héroe solar es el representante arquetípico de la consciencia colectiva abriéndose camino frente a las fuerzas regresivas de lo inconsciente. En los relatos antes mencionados, las fuerzas regresivas y devoradoras del inconsciente que el héroe debe enfrentar están simbolizadas por las aguas, el océano y los clásicos monstruos terribles que constituyen sus pruebas. Las aguas que acosan al pequeño héroe al principio y lo llevan a la deriva simbolizan la inconsciencia colectiva de la que el héroe debe emerger para poder afirmar su individualidad.

Contemplemos entonces a Superman, nuestro moderno héroe solar, y veamos como está estructura arquetípica vuelve a aparecer, refundida en simbolismos modernos. En la historia de Superman, el “mar del inconsciente” que el niño-héroe debe atravesar ya no es el océano, sino que aparece simbolizado como el espacio exterior. Esto, desde el punto de vista de la psicología junguiana, tiene gran coherencia: en la antigüedad, el hombre proyectaba sobre el mar todo lo desconocido, convirtiéndolo en el símbolo principal de lo inconsciente colectivo. En la modernidad lo desconocido (lo inconsciente colectivo) ya no está proyectado sobre el mar, que para el hombre moderno es más o menos conocido, sino sobre el espacio exterior. En esta versión moderna del héroe solar, los elementos milagrosos/divinos son sustituidos por una explicación de ciencia ficción: el héroe proviene no ya del mundo de los dioses celestiales, sino de otro planeta. La “cuna” del héroe en la que este es exiliado se convierte en nave espacial: la nave en la que Jor-El, padre del héroe, envía a la Tierra al pequeño Kal-El para salvarlo de la inminente destrucción de su planeta natal, Kripton. No será casual que el guionista John Byrne, al volver a contar la historia del origen de Superman para los lectores de 1986, convierta la nave del pequeño Kal-El en una matriz de gestación.

Al llegar a la tierra, el último hijo de Kripton será, como todo héroe solar, criado por una bondadosa familia de granjeros, los cuales le enseñarán el valor de la humildad, la generosidad y la responsabilidad. Al descubrir su legado cósmico (divino/celestial), su origen y sus poderes, Clark Kent pondrá estos al servicio de la humanidad, convirtiéndose en Superman. A diferencia del übersmench de Nietzsche, que se encuentra más allá del bien y el mal, el código de conducta de Superman estará implícitamente anclado en una moralidad judeocristiana y un sistema de valores liberal-democrático norteamericano.

Antes de Superman, el último de los héroes solares de la cultura occidental fue Jesucristo. La historia de Cristo, en el Nuevo Testamento, repite la misma arquetípica estructura solar: el nacimiento de virgen, el exilio, el descenso al infierno y finalmente, la consagración, reformulándose en nuevos motivos.

Como Cristo, al final de su propia consagración, Superman se elevará por encima de nuestras ciudades, todopoderoso, iluminado por nuestro sol (el cual Byrne, más tarde y apropiadamente, convertirá en el origen de los poderes del héroe), transformándose en nuestro salvador, la bondadosa divinidad celestial que desde los cielos vela por nosotros, castigando al culpable y protegiendo al inocente.

Incluso los padres terrenales del héroe, Martha y Jonathan Kent remitirán directamente a aquellos pastores bíblicos del Nuevo Testamento que cuidaron a Jesús,  el hijo celestial entregado a nuestro mundo por su padre para salvar a la humanidad. Acaso las iniciales de los nombres de Martha (madre de un hijo sin pecado concebido) y Jonathan Kent (un padre trabajador, humilde y granjero), idénticas a las de María y José, padres terrenales de Jesucristo, no sea casuales.

En 1978, conscientes de esta simbólica analogía, los guionistas de la primera película de Superman ponen en boca de Jor-El, el “padre cósmico” del Superman: "Pueden ser un gran pueblo, Kal-El, desean serlo. Sólo necesitan la luz que les muestre el camino. Por eso especialmente, por su capacidad para el bien... te he enviado a ellos, a ti... mi único hijo.". Su director, Richard Donner, diseñaría la nave de Superman como una estrella de Cristal, aludiendo claramente a la Estrella de Belén, signo de la llegada del salvador a nuestro mundo.

Superman Returns, la reciente película de Brian Singer que homenajea y sigue los pasos de los films originales, profundiza esta analogía cristiana, creando una película de superhéroes llena de alusiones religiosas.  Singer nos muestra a Superman como un ser superior que vela por nosotros desde los cielos, pero a la vez  tiene prohibido, por orden de su padre de Kripton, alterar con sus poderes la historia de los hombres, dejándolos a su libre albedrío para que elijan entre el bien y el mal. “El hijo se convierte en padre y el padre en hijo”, pronuncia Jor-El al principio de la película, haciendo referencia a la Santísima Trinidad.

Semejanzas similares entre Superman y Jesucristo (así como otros héroes solares divinizados de la antigüedad) podemos encontrar entre la muerte y la resurrección de Superman y las resonancias sociales que causaron en su momento. Como los héroes solares del mito, que morían cada invierno para renacer con el nacimiento del verano, Superman morirá solo para volver a la vida resucitado y nutrido por la matriz solar conservada en su fortaleza en el Polo Norte.

En Superman Returns, Superman atraviesa su propia pasión crística: despojado de sus poderes, es apaleado por los hombres de Lex Luthor, recibiendo una puñalada de kriptonita en el costado. Finalmente sacrificándose para salvar el mundo, Superman atraviesa una especie de muerte. Su caída desde el espacio asume la postura del Cristo crucificado, con los brazos en cruz y las piernas unidas. Luego del despertar/resurrección de Superman, Singer culmina el film con el personaje asegurándole a Lois Lane: “siempre estaré por aquí”, resonando con la promesa de Jesús a sus apóstoles “estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos”.

Vemos así como las semblanzas entre las figuras de Cristo y de Superman, los héroes solares más representativos de la cultura judeocristiana, a través de la propia imagineria colectiva, se enriquecen y se van tornando más evidentes. Podemos entender, finalmente, que quiso decir el visionario escritor de comics Grant Morrison cuando con brillantez definió a Superman como "un Jesús pagano y tecnológico de ciencia ficción".

Como otra identificación explicita de Superman con los héroes solares de la mitología clásica, Morrison nos presentó en el 2009 la que ya es considerada, a juicio de muchos, una de las mejores historias de Superman de todos los tiempos, llevada también al campo de la animación: All Star Superman. En ella, Morrison asume sin rodeos el carácter mítico-divino del personaje poniéndolo en la tarea de realizar sus 12 trabajos o pruebas definitivos, en clara referencia a los 12 trabajos de Hércules. Hércules, héroe solar por antonomasia, y sus 12 trabajos no son otra cosa que una versión simbólica del camino que realiza el Sol a lo largo de su ciclo anual, pasando por las 12 constelaciones zodiacales, las doce pruebas de la consciencia en su camino trascendental hacia si misma.

Las vestiduras cambian, el arquetipo permanece. Alimentándose con el bagaje subterráneo de los símbolos y valores sociales de las culturas que los conforman, los símbolos arquetípicos emergen del crisol ardiente de sus épocas, y las reflejan. 

A partir de la aparición de la figura de Superman en las páginas de los comics, un nuevo tipo de mito heroico se hace presente en la psique colectiva. En la cuarta parte analizaremos los elementos que conforman este nuevo mito que ha llegado hasta nuestros días con una enorme fuerza vital: el mito del superhéroe.

Mapa muestra la distribución de bandas de heavy metal en el mundo

Arte

Por: pijamasurf - 04/06/2012

Un interesante ejercicio cartográfico identifica la distribución demográfica de las bandas de heavy metal en el mundo, destacando la ausencia casi total de estas en los países centroafricanos y su apabullante densidad en los nórdicos.

¿Se pueden explicar algunos aspectos del mundo por la cantidad de bandas de heavy metal que hay por cada 100,000 habitantes de determinado país? Quizá sí, quizá los misteriosos meandros que llevan a que unas cuantas personas decidan reunirse para tocar ellos mismos piezas de este género musica o, por el contrario, para que ni siquiera lo tengan en cuenta como forma de vida o como mero entretenimiento, dice mucho de la cultura de ese país, de sus condiciones socioeconómicas, de sus intereses y sus hábitos, acaso también de sus miedos más inconfesables o sus más gratas esperanzas. ¿O no?

Sea como fuere, presentamos a nuestros lectores este interesante mapa en que se ilustra la distribución demográfica de las bandas de heavy metal en el mundo, en la proporción antes mencionada. Un ejercicio interesante de cartografía geomusical que quizá podría tener cabida entre los mapas más extraños, polémicos y extrañamente influyentes que dimos a conocer hace poco.

Y tal vez para más de uno sea totalmente sorprendente e increíble lo que el mapa revela. Quizá más de uno asocie las raíces salvajes de los vikingos y los pueblos eslavos con la alta densidad de metaleros en los países nórdicos y de la Europa Central. El caso de Portugal es, este sí, un tanto extraño, pues poco de lo que comúnmente se asocia con esta música se corresponde también con las nociones portuguesas más usuales (por ejemplo, la saudade). Y la ausencia total de metal en las naciones centroafricanas también suscita muchas preguntas. En América, por otro lado, la situación parece en términos generales bastante equilibrada (sin que parezca importar la abrumadora mayoría de países hispanohablantes que integra la región).

Tomando en consideración todos estos factores (idioma, idiosincrasia, raíces culturales, temperatura media, latitud, longitud, etc.) no parece un asunto tan trivial saber por qué hay determinado número de bandas de heavy metal por cada 100,000 habitantes en cierto país.

Para ver el mapa en tamaño completo haz clic sobre él.

[The Atlantic]