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La evolución contemporánea deviene en la figura del Datasexual: un ser enamorado de la información que se manifiesta atractiva y vistosamente y quien sugiere que quizá la Tesis de la Mente Extendida será capitalizada por las compañías que lideran el mundo de diseño de tecnología.

El mismo zeitgeist cultural que nos trajo el concepto del metrosexual (el hombre urbano obsesionado con el fine-tuning de su apariencia) también ha creado su equivalente digital: El Datasexual, que aparentemente es como tu y yo, pero la diferencia radica en su preocupación y obsesión por la adquisición de data. Son implacablemente digitales, registran y graban todo acerca de sus vidas personales y piensan que la data es sexy. Sus vidas —por lo menos, desde la perspectiva de la información – están perfectamente tuneadas.

Nos guste o no, la data es la moneda de cambio en Internet, con compañías de todos tamaños trabajando excesivamente en crear formas para capitalizar nuestra data personal. La gente está constantemente creando cantidades industriales de data personal online a través de sus dispositivos móviles aunque mucha de ésta información no tenga estructura y sea difícil de analizar. Las industria cada vez tiene mayores avances en la creación de dispositivos sofisticados que almacenan y distribuyen data ¿Alguna vez pensaste que se vería cool salir a correr con un brazalete negro con luces neón que desplegaran simultáneamente tu actividad física online? Pues Nike lo pensó y creo Fuelband, que eventualmente se convertirá en un símbolo de status para el datasexual.

El origen del datasexual aparentemente inició con el boom de los infográficos, que es una forma altamente estilizada y diseñada para hablar de la data que se encuentra en la red. A la tendencia de los infográficos la siguió la tendencia de la visualización, que logró hacer aún más cool la presentación de data en formas más innovadoras. Las herramientas de visualización de data empujaron artefactos culturales como los Feltron reports y los Quantified Self (QS) que hacen que sea cool el almacenamiento obsesivo de información y actividades personales. Estos movimientos eventualmente ayudaron a integrar el concepto de la estilización de data por compañías que desarrollan dispositivos móviles para alardear y exhibir la data personal como Apple, Samsung, Google, y Nike.

Tal como los elementos de la tendencia metrosexual encontraron la manera de introducirse en el mainstream, todo el movimiento datasexual está empezando a cobrar fuerza. Todos nosotros —no solo los datasexuales de hoy en día— pronto estaremos equipados con diferentes dispositivos, sensores y artefactos de diferentes marcas. Vamos a descargar apps que desintegrarán la línea entre el mundo virtual y el real, en las que desplegaremos toda nuestra información para compartir con nuestros amigos y conocidos en diferentes redes sociales. Es muy posible que la Tesis de la Mente Extendida (la que explica como los dispositivos que usa el hombre son usados por la mente del hombre para convertirse en extensiones de la misma mente) vaya a ser capitalizada y transformada en algo “sexy” por las compañías que lideran el mundo de diseño de tecnología.

Video de Caperucita Roja, versión Data:

 

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El esfuerzo o la pereza en el trabajo dependen de tu dopamina en el cerebro

AlterCultura

Por: pijamasurf - 04/26/2012

Trabajar mucho o poco, esforzarse o tender más bien a la pereza esperando que nadie lo note, podría depender de la presencia de dopamina en dos áreas muy distintas del cerebro: la que se asocia a la recompensa o la que percibe el riesgo.

¿Por qué algunas personas trabajan más que otras en el mismo medio laboral? Este enigma, que seguramente mantiene insomnes a gerentes y directivos, podría encontrar respuesta en la neurociencia, específicamente en los niveles de dopamina registrados en el cerebro de cada trabajador.

Lo anterior fue descubierto luego de estudiar los cerebros de un grupo de participantes con un método llamado tomografía de emisión de positrones, al tiempo que estos realizaban tareas tanto fáciles como difíciles con la promesa de recibir una compensación monetaria variable en función del trabajo realizado.

Los investigadores encontraron que las personas que pusieron más empeño en ganarse el estímulo liberaron también más dopamina en áreas del cerebro que, se sabe, están relacionadas con las sensaciones de motivación y recompensa (además de que la dopamina en sí se considera un neurotransmisor de la sensación de bienestar). En el caso opuesto, aquellas personas que, como Bartleby, prefirieron no hacer las tareas señaladas o hacerlas con desgano, sus niveles de dopamina se concentraron en la ínsula anterior, una parte del cerebro asociada a la percepción de riesgo.

Algo que sorprende a los científicos (entre los que se encuentra David Zald, de la Universidad Vanderbilt, en Texas) es que la dopamina tenga efectos tan dispares dependiendo de la zona cerebral donde influye, lo cual sugiere que sus niveles no bastan del todo para explicar sus consecuencias en el comportamiento cotidiano.

Pero más allá de cuestionar los hábitos laborales de cada cual, los investigadores piensan que estos resultados podrían encaminarse a delinear mejor los tratamientos que se destinan a personas con déficit de atención, depresión o esquizofrenia.

[Gizmodo]