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¿Por qué el imperio estadounidense está destinado a colapsar?

Política

Por: pijamasurf - 03/26/2012

Trazando un paralelismo entre el ocaso del Imperio Romano y la actualidad de Estados Unidos como nación, el lúcido crítico cultural Morris Berman ofrece algunas claves de lo que considera el inevitable colapso del imperio estadounidense.

Morris Berman es uno de las más lúcidos observadores de la realidad estadounidense contemporánea, un historiador y crítico cultural que se ha impuesto la difícil tarea de contar los acontecimientos que se viven actualmente en la Unión Americana desde una perspectiva aguda, profunda, que ponga en juego tanto las realidades más evidentes como las que tienden a ocultarse, las contradicciones del american dream, sus aciertos y sus estrepitosos fracasos, indagando siempre las razones que pueden explicar todos estos fenómenos.

Por el momento Berman se encuentra enfocado en comparar el destino de Estados Unidos con el de ruina y colapso del último Imperio romano, “identificando factores que fueron centrales en la caída de Roma y que se muestran presente en el Estados Unidos de hoy”, según explica, animado por la idea de que el llamado “sueño americano”, la quintaesencia de la cultura estadounidense, no es otra que la ambición y la codicia, el egoísmo de quienes “se comen unos a otros” y saben que para sobrevivir es necesario alimentarse de los otros —y que, al parecer, no hay de otra.

Para Berman la expresión de esta consigna convertida en motor de vida está en numerosas presunciones no siempre conscientes como el hecho de que los estadounidenses se crean una especie de “pueblo elegido” o que sientan que las fronteras de su país pueden prolongarse indefinidamente.

Con todo, el historiador que esta manera de ver el mundo se encuentra en su ocaso, y así lo demuestra el surgimiento del Tea Party y el movimiento Occupy Wall Street, los cuales, si bien son sumamente diferentes entre sí, prácticamente opuestos, de alguna manera parecen impulsados por cierta sensación, dice Berman, de que “el Sueño Americano los traicionó [….], el temor de que algo o alguien se ha fugado llevándose Estados Unidos consigo”.

En ambos casos, sin embargo, se trata de dos extremos en los que solo caben las minorías más o menos radicales. En medio de estos se encuentra el grueso de la población que solo quiere lo que la mayoría siempre ha querido. De ahí que Berman encuentre uno de los errores cruciales en el pensamiento de la izquierda política estadounidense: no bastará retirar a la élite del poder y sustituirla por una dirección de corte democrático o francamente socialistas, para que la población entera se vuelque en simpatías con esta nueva aventura política. “El problema que tengo con esto es que la evidencia muestra que la mayoría de los estadounidenses quieren el Sueño Americano, no otra forma de vida —quieren un Mercedes-Benz, como alguna vez lo ejemplificó Janis Joplin”, declara Berman.

Riqueza material infinita basada en el esfuerzo individual es el ideal estadounidense, y el deseo de cambiar ese paradigma es prácticamente nulo. Incluso los pobres hacen suyo esto, por lo cual John Steinbeck notó que estos se veían a sí mismos como “millonarios temporalmente desconcertados”

A esta postura viene a sumarse el hecho de que el estadounidense promedio es cada vez más ignorante (incapaz de responder preguntas básicas sobre su historia) y un síntoma crónico de su ethos nacional que los hace incapaces de escuchar una crítica a los fundamentos de su cultura (calificando de antipatriotas a quienes cometen semejante sacrilegio).

Lo interesante es que, dialécticamente, todo esto se combinó en alguna época para dar pie a la grandeza de la nación estadounidense, aunque ahora esos mismos factores, según Berman, están actuando en contra suya, propiciando su colapso. Un sistema de valores hegemónico —entrañablemente relacionado con el capitalismo y el liberalismo— que nunca ha dado oportunidad a la alternativa, a una propuesta de talante distinto que podría denominarse la de los “descontentos del capitalismo” y que incluye en su tradición los nombres de Thoreau, Emerson, John Kenneth Galbraith, Jimmy Carter y otros, una posición política que parte de cuestionar el concepto de riqueza y opone al “ellos se comieron unos a otros” una línea de John Ruskin: “No hay riqueza, sino vida”.

La entrevista completa en Alternet

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Protestas masivas en España por reformas que deconstruyen la realidad laboral

Política

Por: pijamasurf - 03/26/2012

Las reformas laborales que el gobierno de Mariano Rajoy intenta imponer en toda España movilizaron a cientos de miles que se verían sacrificados en aras de la productividad y la competitividad económicas.

Desde finales de febrero el gobierno español que encabeza el también presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, impulsó una serie de reformas laborales que, so pretexto de fortalecer la economía nacional en tiempos de crisis, otorgaba concesiones al ámbito patronal y empresarial restándoselas, como si de un juego de suma cero se tratara, a los trabajadores. Así, por ejemplo, con estos cambios a la legislación puede invocarse el argumento de la competitividad para modificar el contrato sin consentimiento del trabajador, aspectos como el horario laboral, las funciones a desempeñar y, algo inédito, el monto del salario. Todo esto, claro, siempre en detrimento de las condiciones del individuo. Sobre esta Joan Subirats, catedrático de ciencia política de la Universidad Autónoma de Barcelona, escribe:

El decreto que implanta la reforma laboral supone una nueva vuelta de tuerca en un camino que parece irreversible: deconstruir el trabajo, rompiendo la relación laboral, fragmentándola y precarizándola al máximo. Y todo ello aprovechando el formidable cambio tecnológico. Capitalismo financiero desterritorializado, y producción y trabajo forzosamente anclados en un lugar, pero desprotegidos y fragilizados. A los Estados se les escapan los beneficios del trasiego financiero, pero tienen que asumir los costes y la conflictividad de lo que tienen en sus territorios, sin capacidad para poner en marcha políticas redistributivas que equilibren los impactos de tal transformación. 

A poco de conocerse esta intentona del gobierno las organizaciones sindicales españolas, en particular la Unión General de Trabajadores (UGT) y la Confederación Sindical de Comisiones Obreras (CCOO), comenzaron a hablar de manifestaciones masivas que dieran forma a una huelga general, dando entonces como fecha tentativa el jueves 29 de marzo.

La propuesta se concretó y el día de ayer España vivió una jornada de movilizaciones que, por lo sucedido especialmente en Barcelona, algunos equiparan a las protestas disidentes griegas de hace unos meses: menos por los disturbios superficiales ocurridos que por las causas profundas que animan este malestar general que, según parece, cada vez toca a más población en el mundo.

La ya mencionada Barcelona y Madrid fueron las ciudades donde las concentraciones populares alcanzaron el mayor número de concurrentes, con 275,000 y 170,000 personas respectivamente, según los cálculos del diario El País. Pero igualmente en otros puntos como Sevilla, Valencia y Andalucía la afluencia fue sumamente considerable, al grado de que para algunos las manifestaciones en todo el territorio español podrían rozar el millón de participantes.

En cuanto al paro general, las centrales obreras lo cifraron en un 77% de los trabajadores totales, dividido en el 97% de los trabajadores de la industria, los transportes y la construcción y el 57% en la Administración pública, todo lo cual equivale a aproximadamente 10,400,000 personas, según Ignacio Fernández Toxo, líder de la CCOO.

A pesar de estas cifras, que adquieren una impresionante realidad cuando se observan las calles de dichas ciudades atestadas de inconformes, el gobierno de Rajoy se dijo renuente a negociar las reformas o entablar un diálogo con el sector obrero y sindical. "La senda reformista es imparable", declaró ayer la Ministra del Empleo Fátima Báñez

Sin embargo, como bien afirma la editorial de este día de El País, “los problemas siguen siendo tan graves como en las vísperas de la huelga”. Conforme con su notable monumentalidad, parece a primera vista que las movilizaciones de ayer solo han trabado mucho más las negociaciones entre ambas partes, dificultando así un posible acuerdo que, sería de esperarse, diera beneficios a una y otra sin restárselos únicamente a la más débil.

El asunto, por supuesto, no es para nada sencillo, pues involucra factores ajenos incluso a la realidad política y económica española. Estas reformas no son sino una hebra más del complejo y grueso entramado que intenta tenderse en todo rincón de mundo, un modelo global que privilegia las ganancias sobre las personas, los mecanismos sobre las realidades subjetivas y sociales, las cifras sobre las circunstancias, que para algunos tira indefectiblemente hacia la ruina y la destrucción con la increíble complacencia de sus impulsores, ávidos de romper con el punto de equilibrio y llevarlo todo a un extremo donde la realidad colectiva termine resquebrajándose y hecha añicos.

Con información de El País