*

X
Las cárceles mexicanas muestran más un castigo a la pobreza que un combate a la injusticia.

 

La tontería más grande es encerrar en una prisión a miles de personas que han cometido algún delito, para que convivan en un espacio saturado y limitado y que enfrenten inevitablemente a un prisionero con otro prisionero. Porque cuando encierras en un espacio limitado a un número de presos que rebasan la capacidad física de convivencia y coexistencia humanamente posible, inevitablemente se tendrán que enfrentar, por el espacio y por el poder.

El sistema carcelario mexicano, como muchos otros en el mundo, no practica la combinación de una pedagogía de castigo y readaptación, reeducación, y de trabajo productivo.

En México, se debería adoptar y adaptar la práctica carcelaria de los indígenas chiapanecos, miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuando el castigo a un infractor consiste en la reparación del daño a la víctima. Lo que significa, que sólo con el trabajo se puede redimir del delito.

Pero lo que hoy se impone en los centros penitenciarios de México, es la represión, el control, la opresión, la presión de la amenaza, la segregación y necesariamente la discriminación por razones de pertenencia (marcado) a una clase social, mayoritariamente, proletaria, pobre.

En este país, no se combate la injusticia, se castiga la pobreza.

En las cárceles de esta triste nación, están apresadas 350 mil personas (setenta por ciento de jóvenes) y en este sexenio han muerto 50 mil personas en la llamada guerra contra el crimen organizado, lo que significa que por cada muerto hay siete presos compurgando una pena, y afuera de las cárceles, habemos 100 millones de mexicanos preocupados por no saber cuándo pasaremos a formar parte de la macabra estadística.

Me parece que en México se ha perdido el sentimiento de compasión y la virtud de la razón.

La Bachicha:

No me parece tan malo que se callen los candidatos 

Te podría interesar:

Vladimir Putin demuestra su virilidad disparando a un tigre de zoológico

Política

Por: pijamasurf - 03/07/2012

El flamante presidente ruso Vladimir Putin vuelve a hacer gala de su virilidad disparando un tranquilizante a un tigre mientras acompañaba a un grupo ambientalista; sin embargo, es muy probable que el felino haya salido de un zoológico para la ocasión.

El recién reelegido presidente Vladimir Putin se caracteriza, lo sabemos de sobra, por la viriles exhibiciones públicas de su masculinidad eslava que lo tiene como líder del pueblo ruso. Sea venciendo a experimentados judocas o posando al más puro estilo de un James Bond soviético, Putin no pierde oportunidad para demostrar por qué es el hombre que más tiempo ha estado al frente de su país solo después de Stalin.

Ahora una de estas imágenes vuelve a causar polémica pero no por la ridiculez inherente del mensaje, sino por otros motivos más ligados con la falsificación y el montaje.

La fotografía difundida muestra a Putin con un tigre a sus pies al que supuestamente disparó un tranquilizante mientras acompañaba a un grupo dedicado a la preservación de los grandes felinos.

Sin embargo, Dmitry Molodtsov, ambientalista ruso, asegura que dicho tigre no es uno estrictamente salvaje, sino uno más o menos domesticado y traído de un zoológico para la ocasión.

Analizando las manchas y las líneas en la piel del felino que Putin supuestamente abatió con las de otro ejemplar resguardado en el Zoológico Khabarovsk, Molodtsov encontró que los patrones coinciden notablemente, con lo cual la probabilidad de que se trate del mismo tigre es del “99.9%”.

“Esto no tiene nada ver que ver con la protección ambiental o la preservación de los tigres. El propósito fue únicamente incrementar la popularidad de Putin”, escribió Molodtsov en su sitio de Internet.

Si esto es cierto, Putin solo estaría siguiendo los pasos de Stalin (aquí también) al retocar fotografías con habilidad cuando de modificar la historia se trata.

[LA Times]