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Las cárceles mexicanas muestran más un castigo a la pobreza que un combate a la injusticia.

 

La tontería más grande es encerrar en una prisión a miles de personas que han cometido algún delito, para que convivan en un espacio saturado y limitado y que enfrenten inevitablemente a un prisionero con otro prisionero. Porque cuando encierras en un espacio limitado a un número de presos que rebasan la capacidad física de convivencia y coexistencia humanamente posible, inevitablemente se tendrán que enfrentar, por el espacio y por el poder.

El sistema carcelario mexicano, como muchos otros en el mundo, no practica la combinación de una pedagogía de castigo y readaptación, reeducación, y de trabajo productivo.

En México, se debería adoptar y adaptar la práctica carcelaria de los indígenas chiapanecos, miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuando el castigo a un infractor consiste en la reparación del daño a la víctima. Lo que significa, que sólo con el trabajo se puede redimir del delito.

Pero lo que hoy se impone en los centros penitenciarios de México, es la represión, el control, la opresión, la presión de la amenaza, la segregación y necesariamente la discriminación por razones de pertenencia (marcado) a una clase social, mayoritariamente, proletaria, pobre.

En este país, no se combate la injusticia, se castiga la pobreza.

En las cárceles de esta triste nación, están apresadas 350 mil personas (setenta por ciento de jóvenes) y en este sexenio han muerto 50 mil personas en la llamada guerra contra el crimen organizado, lo que significa que por cada muerto hay siete presos compurgando una pena, y afuera de las cárceles, habemos 100 millones de mexicanos preocupados por no saber cuándo pasaremos a formar parte de la macabra estadística.

Me parece que en México se ha perdido el sentimiento de compasión y la virtud de la razón.

La Bachicha:

No me parece tan malo que se callen los candidatos 

EEUU envía portaviones al Golfo Pérsico antes de reiniciar negociaciones sobre programa nuclear iraní

Política

Por: pijamasurf - 03/07/2012

A pocos días de reiniciar las negociaciones sobre el programa nuclear iraní con Estados Unidos y otras potencias europeas, dos de los más imponentes portaviones de la flota estadounidenses ya pusieron rumbo hacia el Golfo Pérsico.

La siempre difícil situación política en Medio Oriente vuelve a tensarse con el envío el miércoles pasados de dos portaviones estadounidenses al Golfo Pérsico, a pocos días de que se reinicien las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán.

El USS Abraham Lincoln y el USS Enterprise anclarán al norte del Mar Arábigo y en el Golfo de Adén, respectivamente, en un mensaje que difícilmente podría tener cabida en la ortodoxia diplomática que requiere un asunto tan espinoso.

Como prueba de buena voluntad, el gobierno iraní accedió a retomar las pláticas con la comunidad internacional a propósito de su programa nuclear, del cual asegura que desarrolla solo con fines pacíficos. Estas comenzarán nuevamente el sábado próximo.

Además, Estados Unidos y las potencias europeas, aliadas con el Estado de Israel, exigieron a Irán otros requisitos para reiniciar estas negociaciones, incluyendo el cierres de sus instalaciones nucleares mejor protegidas en Fordow y el cese inmediato del refinamiento de uranio a una concentración del 20% (nivel que se considera mínimo para utilizarlo en armamento). El gobierno iraní, sin embargo, reaccionó adversamente a estas peticiones.

En este escenario resta esperar cuál de los poderes en juego terminará cediendo y renunciado a sus ambiciones.

[Telegraph]