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Con esta pieza inauguramos un psico-bestiario que agrupará diversas distorsiones que ejercemos ante la realidad; en esta entrega, Fausto Alzati Fernández reflexiona sobre el efecto de disociación entre la auto-valoración y las habilidades "reales".

autopercepcion y desordenes mentales

Todos tenemos puntos ciegos; sin importar nuestros gustos o las buenas intenciones. Quizás, para compensar esto, surgió la tendencia a imaginar a Dios como omnividente —característica que perturba (¿excita?) a los creyentes a la hora de masturbarse. Comoquiera, es también un alivio tener puntos ciegos, tanto como lo es no recordar cada detalle de lo que nos sucede. No podríamos sobrevivir en este mundo de no ser por nuestra capacidad a) de valorar la realidad y b) de distorsionarla. De no ser por un cierto grado de autoengaño pereceríamos al primer impacto con la realidad (sea lo que sea que eso es). No hacer más que palpar nuestra mortalidad y la naturaleza pasajera de nuestras vidas, en un entorno carente de sentido intrínseco, sería sino deprimente al menos terriblemente aburrido.

Hay de distorsiones a distorsiones; una de las más fundamentales es que nosotros mismos solemos ser nuestro punto ciego. Es decir, el modo en que estamos configurados suele ser invisible para uno mismo—cualquiera que haya pasado una temporada en el diván de un buen analista lo puede atestiguar. Es parecido a cómo no puedes ver tu propia pupila mientras miras a través de ésta (porque aunque la veas en un espejo, sería solo el reflejo de la misma). De tal suerte que solemos obviar la manera en que miramos al mundo, el modo en que lo ordenamos en nuestra cabeza. Aunque en ocasiones llegamos a tener percepciones atinadas, ser totalmente objetivos implicaría dejar de ser quienes somos; seríamos meros testigo de nosotros mismos.

En 1999, David Dunning y Justin Kruger, publicaron un estudio intitulado Unskilled and Unaware of It: How Difficulties in Recognizing One's Own Incompetence Lead to Inflated Self-Assessments [Incapaz e inconsciente al respecto: Cómo las dificultades en reconocer la propia incompetencia conducen a una auto-valoración inflada], donde plantean el siguiente descubrimiento: las personas con pocos conocimientos suelen sobreestimar sus habilidades, considerándose, de paso, más listos que personas mejor preparadas; mientras que las personas capaces tienden a subestimar sus habilidades. Reminiscente a aquella frase de Bertrand Russell que dice: “Una de las cosas dolorosas de nuestro tiempo es que aquellos que sienten la seguridad son estúpidos, y los que tienen algo de imaginación y comprensión están llenos de dudas e indecisión”. Es curioso el tema de la convicción y la duda que recorre los descubrimientos de Dunning y Kruger, particularmente al considerar quienes son las personas que ocupan los sitios de liderazgo en nuestro mundo.

El Efecto Dunning-Kruger es, fundamentalmente, un problema de metacognición. En otras palabras, se refiere a la (in)capacidad de percibir los propios procesos mentales. Hasta sin querer somos observadores de nuestro modo de pensar; poder palpar no solo lo que piensas, sino cómo lo haces. Sin embargo es una habilidad que puede desarrollarse tanto como puede atrofiarse. El Efecto Dunning-Kruger se da gracias a que nos evaluamos según nuestras capacidades; la cuestión es que si tus capacidades son limitadas no tienes mayores criterios que los que esas capacidades te permiten, ni siquiera se te ocurre que haya cosas más complejas o mejor elaboradas. Ignorar es, sobre todo, ignorar que se ignora. En cambio con parámetros más amplios resulta más difícil ese grado de engreimiento, ya que los estándares por los cuales te mides rebasan tus capacidades; y eres, además, capaz de concebir capacidades que rebasan las tuyas. Si a un perro le das LSD, es probable que alucien huesos.

A diario me encuentro con tanta información retacada de ideales o teñida de pesimismo, que el aburrimiento resulta indispensable. Así, considero, apoyado en Dunning y Kruger, que la convicción que caracteriza a tantos líderes es posiblemente una manifestación de estupidez. De cierto modo esto hace mucho sentido; explica casi todo sobre por qué el mundo funciona como funciona. Y no es necesariamente que sean imbéciles, solo carentes de una capacidad metacognitiva básica. (Ahora empieza a resonar un exceso de convicción en mi texto). Como lee aquel poema ‘The Second Coming" (1919) de W.B. Yeats: The best lack all conviction, while the worst / Are full of passionate intensity [Los mejores carecen cualquier convicción, mientras los peores / Están llenos de apasionada intensidad]. Es decir: me rehúso a negar la tremenda complejidad de los factores con los que se entrelaza la vida hoy en día, y menos a cambio de teorías simplistas o conspiracionistas; sí, pero tampoco pretendo que por compleja sea complicado. (De nuevo esa estúpida convicción… carajo).

Los Neandertales conquistaron el Mediterráneo 50,000 años antes que las grandes civilizaciones

Por: pijamasurf - 02/28/2012

Los Neandertales, los ancestros europeos de la humanidad, pudieron haber conquistado las aguas del Mediterráneo varios años antes que las grandes civilizaciones, incluso a fuerza de nado.

Parece un poco sorprendente que los neandertales, a quienes se considera un tanto primitivos, hayan sido grandes navegantes incluso con bastante antelación con respecto a las grandes civilizaciones que conquistaron las aguas, particularmente el mar Mediterráneo (la zona de acción de aquellos ancestros).

Ese es el descubrimiento de George Ferentinos, profesor en la Universidad de Patras, en Grecia, quien en colaboración con otros colegas, investigó cómo fue que algunas herramientas de piedra pertenecientes a los neandertales llegaron a las costas de Cefalonia y Zante, dos del llamado grupo central de las Islas Jónicas, sobre todo teniendo en cuenta que según el investigador, hace 100,000 años el nivel del Mediterráneo era significativamente menor que ahora pero no lo suficiente como para que existiera un puente de tierra entre la costa griega y el mar Jónico.

Y si bien la hipótesis de la navegación parece sólida, sirviéndose de botes sencillos de madera con los que incluso habrían alcanzado la isla de Creta y posiblemente explorado exhaustivamente el Mediterráneo, los investigadores no descartan la posibilidad de que los neandertales hayan sido también grandes nadadores y que en este caso hayan cubierto la distancia entre la costa y las islas (entre 5 y 13 kilómetros) con la sola fuerza de sus cuerpos.

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