*

X
Reflexiones sobre el pasado solsticio y la oportunidad de participar en ciclos cósmicos mediante el rito y el arquetipo

 

Como comprendió el antropólogo Lévy-Bruhl al referirse a la mentalidad tradicional de las culturas llamadas prehistóricas, el hombre primordial vivía en un modo de pensar y de ser en el mundo en el cual no existía una separación tajante entre el observador y lo observado. Dado que la consciencia del ser humano no se había objetivado aún respecto del tejido de la naturaleza, no existía ninguna dicotomía o contradicción posible en la relación entre la psique y el mundo: el mundo “exterior” era concebido como una continuidad natural del mundo interno. El mundo primordial era experimentado entonces como un mundo dotado por las mismas realidades de internas que los seres humanos experimentaban en sí mismos. Dado que no había separación posible entre el sentido existencial que los hombres experimentaban en sí mismos y la existencia “externa”, el mundo primordial era naturalmente significativo. Por esta razón, “el ser humano primordial percibía el mundo natural que lo rodeaba como impregnado de sentido, sentido cuyo significado era al mismo tiempo humano y cósmico. Por doquier se experimentaba inteligencia creadora y sensible, sentido y finalidad, todo era potencialmente "epifánico".” (Richard Tarnas, Cosmos y Psique: Indicios para una nueva visión del mundo, 2009)

El historiador de las religiones Mircea Eliade definiría la “epifanía” como una manifestación de lo sagrado a través de un objeto, un suceso natural o una narración. El objeto (una piedra, un tótem, una montaña), el suceso natural (un ciclo anual, un relámpago, un temblor) y la narración (un mito) se vuelven epifanías cuando para la mentalidad primordial se convierten en símbolos de una realidad arquetípal, divina y cósmica.

Los equinoccios y solsticios, momentos del año que marcan los ciclos del Sol y el cambio de las estaciones han sido valorados por todas las culturas tradiciones como epifanías cósmicas que expresan motivos arquetipales universales: la muerte de lo viejo, el nacimiento de lo nuevo, la fertilidad de los seres humanos, los animales y las plantas. Las festividades estacionales expresadas en forma ceremonial eran el modo tradicional de participación de todo el grupo social en los ciclos cósmicos del mundo viviente,  expresados en la relación entre la Tierra y al Cielo. “Estos ciclos implicaban un complejo sentido de participación interior directa de los seres humanos no sólo en el mundo, sino también en las energías cósmicas, mediante el ritual, y de los poderes divinos en el mundo, en virtud de su presencia inmanente y transformadora” (Rupert Sheldrake, El Renacimiento de la Naturaleza, 1994).  

De estos ritos estacionales provienen todas nuestras festividades anuales, convertidas tardíamente en fiestas religiosas cristianas o reducidas a feriados seculares y vaciados de todo  profundo significado existencial. En el Hemisferio Sur, el Solsticio de Verano tiene lugar aproximadamente el 21 de Diciembre, siendo este el día más largo del año y la fecha en que el Sol alcanza el punto más alto en el cielo durante el año.

Resulta difícil comprender el sentido de la experiencia epifánica tradicional desde el cosmos inanimado y mecánico, que opera inexorablemente en concordancia con las leyes eternas de la naturaleza y el ciego azar al cual, en virtud del triunfo del paradigma científico materialista, nos han asegurado pertenecer. Sin embargo, más allá de la cárcel ilusoria del dualismo cartesiano cosmos-psique ha existido siempre la misma unidad. La articulación de los calendarios con los ciclos de la Luna y el Sol, al recordarnos el contexto cósmico de nuestra vida en la Tierra, nos proporcionan la oportunidad de experimentarla.

¡Un Resplandeciente y Significativo Solsticio  para todos!

Solsticio de invierno 2016: conoce el simbolismo del solsticio de invierno

La deslumbrante belleza de las cavernas del Vatnajokull, el mayor glaciar de Europa

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 12/25/2011

La luz azul debajo del glaciar: una seductora puerta hacia los secretos de la Tierra; el fotógrafo islandés Skarpi Thrainsson captura las maravillosas cavernas del Vatnajökull.

Como si fueran la entrada a la vulva azul de la Tierra, con guirnaldas de luz congelada, formaciones espirales que se enrollan en el vértigo más elegante, las cavernas debajo del glaciar Vatnajökull son uno de los grandes espéctaculos visuales que ofrece este planeta tocado por la chispa divina.

El fotógrafo islandés Skarpi Thrainsson capturó estas magníficas imágenes desafiando las temperaturas casi infrahumanas del invierno y la posibilidad de quedar sepultado en las cavernas de zafiro del Vatnajökull. Sin duda un trabajo que vale encomiar, al traducir el canto de la luz que hace que el hielo obtenga un movimiento seductor, serpentino, que lleva hacia una especie jardín secreto: ahí donde el sol de medianoche sueña embalsamado por las hadas.

Thrainsson simula recorrer el camino mítico de la búsqueda del axis mundi, el centro ubicuo, cuyo portal los antiguos ubicaban en el norte. 

Las formaciones de hielo de las cavernas cambian constantemente, lo que hace que fácilmente se derritan; pese a la temperatura, el invierno es la temporada menos peligrosa para visitar estas cavernas, al reducir la posibilidad de que se disuelvan. Sin embargo, Thrainsson recomienda ir con un guía local que conozca bien el terreno, pues otro fotógrafo pereció en una incursión anterior.

En las cavernas visitadas por Thrainsson el suelo es una mezcla de nieve y de cenizas volcánicas del Grímsvötn, volcán que entró en erupción en 2011.

 

[Ver más fotos de estas fascinantes cavernas]