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Jeque musulmán recomienda que las mujeres se alejen de plátanos y pepinos

Sociedad

Por: pijamasurf - 12/09/2011

Clérigo musulmán recomienda que se prohíba el contacto de cualquier tipo entre mujeres, plátanos y pepinos, ya que estos podrían despertar pensamientos impuras en el género femenino.

De acuerdo con la información publicada por el portal Bikyamasr, un clérigo musulmán residente en Europa aseguró que debería prohibirse que las mujeres tuvieran contacto con plátanos y pepinos porque la forma de estos frutos, tan semejante al miembro viril masculino, podría despertar en ellas pensamientos sexuales.

Aunque la identidad del hombre se mantiene desconocida, se dice que recomendó también que si una mujer tiene que consumir alguno de estos frutos, lo aconsejable es que un hombre —de preferencia su padre o su esposo— los corte lejos de su vista para así presentárselos. Sin embargo, para el problema de cómo adquirirlos sin verlos ni tocarlos, el jeque no dio una solución concreta, diciendo que ese es un asunto entre Dios y la mujer.

Al final el clérigo consideró también a las zanahorias y el calabacín como otros vegetales susceptibles de esta prohibición.

Estas declaraciones recuerdan un poco al alcalde peruano que recientemente aseguró que beber agua contaminada con estroncio provoca homosexualidad en los hombres.

[Europa Press]

Las paupérrimas condiciones en que laboran obreros y campesinos están provocando una epidemia renal en al menos seis países de Centroamérica, causando ya numerosos decesos, sobre todo entre hombres.

En al menos seis países de Centroamérica se ha desatado en años recientes una enfermedad renal que por crónica, mortífera y por el número de decesos que ha provocado, se le considera ya una epidemia.

Aunque sin los síntomas usuales de la enfermedad renal crónica (ERC) —hipertensión arterial o diabetes—, quienes adquieren este misterioso pero letal padecimiento comienzan a envejecer prematuramente porque sus riñones dejan de filtrar de la sangre y los líquidos corporales los desechos y las toxinas. Así, un muchacho de 19 años con esta enfermedad podría tener el aspecto de un adulto avejentado.

Los países donde se concentra el padecimiento son Nicaragua, Guatemala, El Salvador y Costa Rica, con un 41%, 27%, 26% y 16% respectivamente de los casos reportados.

Hasta ahora no se conocen con certeza las causas de este mal crónico, pero por ciertos rasgos que la mayoría de las víctimas tiene en común —hombres casi todos, dedicados a actividades rurales de campesinado y ganadería— se especula que el origen de la enfermedad podría encontrarse en los herbicidas y pesticidas que se riegan en los campos donde laboran.

“Estos químicos están prohibidos en Estados Unidos, Europa y Canadá, y se utilizan aquí, sin ninguna protección y en grandes cantidades que son muy preocupantes”, declaró al respecto el Dr. Carlos Orantes, quien trabaja en una clínica de salud en la región del Bajo Lempa, en El Salvador, donde al menos un cuarto de los habitantes de género masculino han contraído la enfermedad.

En Nicaragua, aunque el escenario es distinto, la causa de la enfermedad también estaría asociada a las paupérrimas condiciones en que laboran los obreros del país, particularmente en los ingenios azucareros, minas y puertos. De acuerdo con una investigación llevada a cabo por un equipo de la Universidad de Boston dirigido por Daniel Brooks, los obreros de estos tres ámbitos, en quienes la incidencia de enfermedad renal es alta, trabajan en un ambiente de intenso calor y altas temperaturas, lo cual estaría afectando sus riñones hasta atrofiarlos e impedir su funcionamiento.

“Día tras día de trabajo manual duro en condiciones calurosas —sin el suficiente reemplazo de fluidos— podría tener efectos en los riñones que no son evidentes al principio pero que, con el tiempo, se acumulan hasta el punto de que genera un estado de enfermedad”, dijo Brooks.

Así las cosas, parece que estos hombres están siendo víctimas no solo de la voracidad de quienes los emplean (hasta el límite del desecho, como si se tratara de piezas de una máquina que cuando se desgastan se sustituye así nada más), sino también de la desprotección institucional que caracteriza a los países subdesarrollados.

[The World]