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La visión del místico Sri Aurobindo encuentra en la telepatía global una alternativa para implementar un sistema político planetario que fomente la comunión del espíritu humano

Los sistemas políticos-financieros presentan actualmente, a la luz de la experiencia, un yermo. Los grandes sistemas, el capitalismo y el comunismo e incluso la supuesta democracia moderna, en la práctica han sido sendos fracasos. Si bien podría hacerse alguna adaptación a estos sistemas, impera la intuición de que un cambio sustancial deberá efectuarse de manera radical. Pero incluso un sistema radical —por ejemplo el que postula el movimiento Zeitgeist— está destinado a fracasar —si se trata de avanzar en el bien común y en la evolución de una sociedad planetaria— si no cambia radicalmente la conciencia de las partes de este sistema, es decir, del ser humano como holón.

En el último siglo hemos visto un movimiento dominante: el de la globalización (con su arista de Nuevo Orden Mundial). Existe cierta nobleza en el planetamiento de crear una sociedad global, una democracia planetaria y avanzar hacia la unión del espíritu humano, con todo lo que ello en verdad significa: proteger la diversidad, propiciar el desarrollo de manera igualitaria, intercambiar ideas, formar consensos, en suma, proyectarse como una entidad colectiva interdependiente. Sin embargo, esto es simplemente una utopía si se considera la realidad de la conciencia humana (y de los ejes o entes manipuladores que la circunscriben). La globalización y su superobjetivo del Nuevo Orden Mundial es fundamentalmente una forma de extender uniformente, a lo largo del planeta, un sistema oligopólico que simula ser una democracia y que para su prosperidad no solo necesita de la participación en un sistema económico de todos los integrantes del planeta —esto es, el consumo—, sino de su participación ideológica, justamente porque en el fondo somos juntos el espíritu humano.

Pero esta tendencia globalizante no es solo un plan maquiavélico de conquista total de una serie de banqueros en un pedestal invisible (o cualquier otra conspiración que se quiera evocar, la cual no necesariamente la hace equívoca). Es, podemos decir, un proceso de la conciencia humana de extenderse  (e imbricarse) por el planeta, un resultado de la evolución y quizás parte inevitable de la exteriorización de la mente en la naturaleza.

No es causalidad que personas que han participado tras bamabalinas en la fundación de los organismos internacionales, tengan una marcada inclinación mística, como es el caso de Nicholas Roerich, quien influyó notablemente en el gobierno de Franklin Delano Roosevelt y en el proyecto de la Naciones Unidas.

Vemos aquí dos fuerzas que por momentos se oponen y que por momentos se fusionan para impulsar a la humanidad.  La nobleza de la unidad y la evolución epigenética del hombre (tecnología y arte) que conquista la distancia y crea una red de comunicación global, en la que todos somos transistores, y por otro lado está la corriente tecnológica del río de la humanidad, explotada como un mecanismo de control orwelliano, y el aniquilamiento de la distancia y los preceptos ideológicos de la interdependencia global que son usados políticamente para establecer un orden que permite a un número cada vez menor de personas controlar a un número cada vez mayor.

Surge en la conciencia individual una onerosa y ominosa pregunta: ¿debemos de abandonar el colectivo, esta empresa espacial terrestre humana, y abocarnos a nuestra evolución personal? ¿Debemos de abandonar las utopías y los  grandes sueños de comunión bajo este cielo, en esta humanidad? Pero al mismo tiempo, para aquel que considera el camino del exilio y el descondicionamiento de la programación colectiva, ¿hasta qué punto podemos abandonar la nave? ¿Acaso no estamos indisociablemente unidos por una red de telecomunicación invisible e incluso por una especie de familia transacional energética de almas? Esto es parte del concepto oriental de bodhisattva: la iluminación verdadera del individuo y la libertad total no se puden lograr hasta que todos se iluminen y se liberen, por lo tanto la conciencia dicta el camino del servicio.

Hay que aclarar que estas son especulaciones: alguna será más resonante en las fibras luminosas de la intuición, pero no hay certidumbre por ahora en quien escribe este ensayo de psicoaventura metapolítica.

Alguien que tal vez tenía su intuición más clara, el místico y poeta indio Sri Aurobindo, dejó entre sus escritos un interesante planteamiento para rescatar el sueño utópico de la gobernanza planetaria en su lado luminoso, por así decirlo.

"El triunfo más grande del pensamiento vendrá cuando pueda persuadir al individuo y al colectivo a sustentar su relación de vida, su unión y su estabilidad en el consentimiento armonioso y en la auto-adaptación, y moldear y gobernar lo externo por la verdad interna en vez de constreñir el espíritu interno por la tiranía de la estructura y la forma externa".

Aurobindo creía que la unión de la raza humana solo podía darse cuando la ley se interiorizara y se espiritualizara. Esto puede interpretarse como una forma de decir que era necesario experimentar internamente los principios rectores de las grandes religiones  y de  la filosofía y la política en su ideas universales, para que estos germinaran y no fueran meras imposiciones. Que el espíritu individual conociera el espíritu colectivo dentro de sí mismo —que participa en todos los hombres y en la divinidad— es la claúsula necesaria para poder embarcarse en un proyecto de unión global, según Aurobindo.

Sri Aurobindo parece describir preclaramente el panorama actual de protesta y descontento mundial ante el sistema político-financiero dominante:

"Entre más presión  [para controlar la vida de las personas] con más certidumbre se le opondrá la expansión del principio práctico del Anarquismo espiritual, intelectual y vital en rebeldía a esta presión mecánica. Así, también, un sistema mecánico de Estado Mundial debe generar al final una fuerza opuesta y podría terminar en su colapso y desintegración,  incluso en la necesidad de la repetición del ciclo de la humanidad para acabar con un mejor intento de solucionar el problema".

Aquí Aurobindo nos regala vislumbres de la teoría de la humanidad ciclíca y de su destrucción (Lemuria, Atlántida, Hiperbórea) ante su incapacidad de crear un sistema armonioso que vaya en servicio de la evolución planetria y de lo que él mismo llamaba la Supramente.  Su esperanza está en esto:

"Una religión espiritual para la humanidad es la esperanza del futuro. Con esto no me refiero a lo que ordinariamente se llama la religión universal, un sistema de creencias intelectuales, dogma y rito externo. La humanidad ha intentado la unidad por esta vía; ha fracasado y merecía fracasar, porque no puede haber ningún sistema religioso universal, uno en credo mental y forma vital.  El espíritu interior es, de hecho, uno, pero más que cualquier otra cosa, la vida espiritual insiste en la libertad y en la variación, en su autoexpresión y en su forma de desarrollo. Una religión de la humanidad significa la creciente conciencia de que existe un espíritu secreto, una realidad divina, en la que todos somos uno y que la humanidad es actualmente el vehículo más alto en la Tierra, que la raza humana y los seres humanos son el medio por el cual se revelará progresivamente aquí. Implica un creciente intento de vivir este conocimiento y hacer surgir el reino del espíritu divino en la Tierra.  Por su crecimiento dentro de nosotros, la unidad con los otros seres humanos será el principio rector de toda nuestra vida,  no solo un principio de cooperación, sino una hermandad más profunda, un sentido verdadero interior de unidad, igualdad y una vida en común".

La mezcla de religión  con política de Aurobindo podrá parecerle a más de uno como una nueva manifestación en ciernes de los sistemas totalitarios —teocráticos o fascistas— que tanto hemos padecido, ya que postula supeditar a la humanidad a la "realidad divina" o al "espíritu secreto". Sin embargo, rescatamos que existe una concepción que embona con la biología evolucionista, pero que la espiritualiza, tomando en cuenta un aspecto que la ciencia no puede tocar. La humanidad como un proyecto de la divinidad o del planeta, del espíritu o de la biósfera (algo que recuerda ineludiblemente a Pierre Teilhard de Chardin). Evidentemente cada persona es libre de considerar que un espíritu secreto de la divinidad inherente es una invasión a su fuero interno o a sus creencias; para otros este concepto no necesariamente supone una teología: el universo interpenetra a cada uno de los seres que lo conforman  y garantiza su unidad atómica en el polvo estelar que es ahora nuestra conciencia.

Ahora bien, con el beneficio de la duda, que es también la delicia de la exploración metafísica y de ciencia ficción, ¿cómo se consolidaría esta religión de la humanidad, sin caer en los viejos vicios y mafias del control mental impositivo de la historia?  Una posibilidad, sugiere Tristan Gulliford en Reality Sandwich, es construyendo una sociedad telepática global.  Aurobindo mismo consideraba que la telepatía era uno de los siddhis (o poderes mágicos) que se pueden obtener en el camino espiritual y desarrolló esta cualidad, la cual, creía, era potestad de todos los hombres.

Más allá de revestimientos y preconceptos pop que encierran lo que conocemos como telepatía, podemos reformularla como la habilidad de percibir lo que percibe otra persona. En cierta medida la tecnología ("indistinguible de la magia", según Arthur C. Clarke) ha construido una red telepática global, optando conducirse por un camino basado en el hardware y en la prótesis (tu iPhone y no tu glándula pineal, por decir algo). Pero esto no signica que la telepatía, sin la necesidad de utilizar herramientas externas al cuerpo humano, no ocurra en el mundo, es más, es posible que la telepatía ocurra constantemente de manera natural pero se pierde como una señal más en el ruidoso mar de las telecomunicaciones. Sheldrake, Radin, Herbert y otros científicos han demostrado que esta biotelecomunicación existe (pero ahondar en las pruebas nos desvía un poco del tema que queremos tratar).

Dijimos que la telepatía es percibir lo que alguien más percibe —un hipervínculo de la otredad—, pero quizás, para fines de lo expuesto por Aurobindo, sería mejor decir que la telepatía es la habilidad de sentir lo que siente otra persona, enfatizando en sentir para llegar a la empatía como correspondencia de la telepatía. Todos hemos alguna vez sentido empatía y quizás no solo por ver el rostro compungido de alguien u oír su voz desolada, sino percibiendo todo un conjunto de signos sensoriales que, en su suma, superan los cinco sentidos que reconocemos generalmente. Un paquete de información y energía que se transmite. Y por un momento no pensamos en que esa persona se siente de tal forma, sentimos lo que siente. Esta es la forma más simple y sublime de expresión de la telepatía animal. 

"La percepción extrasensorial… ¿Sabes cómo lo haces? Escuchas a la otra persona en vez de pensar lo que vas a decir después. Eso es todo, y aprendes cosas”, escribe Elmore Leonard,  en Touch, citado por Aelous Kephas. 

Las madres que permanecen conectadas a sus hijos no dejarán mentir en que existe un vínculo a distancia que permite la transmisión de información por vías no ordinarias (entrelazamiento cuántico, resonancia mórfica, quizás); las mascotas también, por alguna razón, logran percibir a sus dueños; los amantes, acaso como una luminosa prueba de su com-patibilidad, sienten en ocasiones lo que siente el otro sin recibir un signo tangible. La telepatía parece moverse sobre todo de manera emocional. Quizás esto sea lo que silenciosamente nos quiere decir la naturaleza con este engarce telecomunicacional: una especie de llamado a un pathos planetario, al jardín de la interconexión de nuestros sentidos, a que somos árbol y ese puede ser el paraíso. Quizás el árbol dentro, nuestro ADN, es justamente el centro ubicuo de recepción telepática.

 

La importancia política de la telepatía es que posibilita un sistema de igualdad, porque puede desvelar un sentido de comunión más allá de las ideas.  Comunicar estados mentales (como tal vez el autor de esta entrada comunica al lector), comunicar momentos, comunicar esencias, tiene el potencial de hermanar e in-formar un rizoma de seres que son juntos como un coral de espíritus. Por más que nos genere cierta sensación moral ver cómo se destruye el ecosistema o cómo mueren los niños en África, esto nunca se podrá comparar con sentir que te enfermas cuando contaminan los bosques tropicales o que mueres en África. Y también permite implementar esta ley interna de la que habla Aurobindo sin depender de una constricción externa.

Claro que habría que desarrollar esta "empatía a distancia", pero si se invirtiera lo mismo que se ha invertido en desarrollar las telecomunicaciones, con toda probabilidad se lograría.

Ahora bien, este sistema hipotético tiene el peligro de generar una homogeneidad sensorial que podría degenerar en una uniformatización de la realidad. En la serie de ciencia ficción V, la gran madre reptliana se conecta telepáticamente con todos los miembros de su especie y les envía lo que llama "The Bliss", una especie de simulación multisensorial de la divinidad, a través de la cual fomenta una adicción y ejerce un control totalitario.

Evidentemente existen nuevos estadios en la evolución y nuevos dramas cósmicos en el camino de la dualidad hacia la unidad, así que es natural que una sociedad telepática presente retos y peligros. Es posible que persista el deseo de poder sobre los demás, pero también es posible que la telepatía, en su acepción de empatía, incremente la conciencia del individuo y lo lleve a asumirse como una radiación más del espíritu planetario en su proyecto de manifestar el paraíso en la Tierra.

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Líder de la primavera chilena y flamante ícono popular, a sus 23 años Camila Vallejo, hermosa e inteligente, es un estimulante ejemplo de transformación social que impulsa el despertar colectivo hacia un nuevo paradigma, libre de las estructuras opresivas del sistema socioeconómico imperante.

El movimiento estudiantil de Chile ha congregado a cientos de miles de personas en ese país, ganándose también el apoyo de una juventud ávida de vivir una transformación social en distintos lugares de América Latina. A diferencia de lo sucedido en las llamadas "primaveras árabes", lo que está sucediendo en Chile, hasta el momento, no tiene ningún indicio de haber sido cooptado y trastornado por la clase política en el poder y las élites financieras que en ocasiones ejercen su influencia desde el extranjero; por el contrario, mantiene una vibrante legitimidad y se despliega con un vigoroso potencial de orquestar un cambio sustancial, real y posiblemente capaz de estremecer las estructuras que históricamente reprimen el desarrollo de la juventud y de las clases sociales marginadas por el capitalismo.

La figura descollante que lidera este movimiento masivo es Camila Vallejo Dowling, una joven de 23 años, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) —la segunda mujer en toda la historia de esta universidad en ocupar esta dirigencia—, hija de padres comunistas (su padre es también actor)  e insoslayablemente atractiva e inteligente. Camila se ha convertido en una celebridad, llevando, a veces por razones ajenas a la esencia del conflicto, esta protesta estudiantil más allá de las fronteras de Chile y en general aumentando su difusión mediática.

Vivimos, sin duda, en una sociedad que se deja llevar por el poder de la imagen y que consume los modelos de vida que las celebridades, consciente o inconscientemente, promueven dentro del aparato propagandístico cuya función es mantener  el statu quo. Pero si bien las celebridades sirven, casi inescapablemente, al modelo socioeconómico (y psicosocial) que enaltece los valores del consumo —y por añadidura de la enajenación, al intercambiar la individuación por el deseo aspiracional—, el caso de Camila —figura mediática y también in-mediata generatrix de la movilización callejera— por un momento parece hackear este paradigma para usarlo a su favor, como en un movimiento de judo (el objetivo de este arte marcial es "derribar al oponente usando la fuerza del mismo") y exponenciar la fuerza de las voces silenciadas —por amenazantes al sistema pero también por ser inefectivas para la propagación de un mensaje dentro de la estructura particular de estos difusores de realidades programadas. Quizás sea un poco el furor del sueño que despierta (simbólicamente enarbolado por la mujer), pero Camila parece ser una celebridad que, excepcionalmente, se merece su notoriedad —más allá de su belleza, que galvaniza— ya que promueve una serie de valores que estimulan los principios básicos del humanismo, la libertad y la conciencia, y su misma imagen iterada se rebela frente a la cultura de las celebridades como un seductor virus que inyecta, en Helena, un Caballo de Troya.

"Desde los días del Subcomandante Marcos de los Zapatistas no ha habido un líder rebelde que haya fascinado tanto a América Latina. Esta vez no hay pasamontañas, no hay pipa ni pistola, solo un anillo de plata en la nariz", dice el diario británico The Guardian sobre Camila. Pero más allá de la estética de la rebeldía y su profundo encantamiento, lo que sostiene y propulsa a la figura de Camila Vallejo es la fuerza de su movimiento (que genera marchas multitudinarias de una magnitud que no se había visto por décadas en Chile) y la claridad de su discurso. La directiz de la protesta estudiantil pacífica es la exigencia básica de eliminar la concepción usurera de la educación que, en la práctica, permea Chile, país donde los estudiantes muchas veces tienen que endeudarse para completar una educación que luego difícilmente les significará oportunidades de trabajo para poder pagar dichas deudas —en una versión moderna y sofisticada de esclavitud. Esta petición de educación superior gratuita va más allá de la mera retórica política y representa una amenaza para el sistema hegemónico porque significa en el fondo un empoderamiento de la juventud alejada de la élite a la que históricamente han mermado no solo económica sino también intelectualmente. Una juventud que de alzarse no tendrá contemplaciones en dar al traste el viejo sistema —y a sus sacerdotes— de manera radical. La misma Camila de algunas claves:

"Siempre es la juventud la que se mueve primero... no tenemos compromisos familiares, esto nos permite ser más libres. Tomamos el primer paso, pero ya no estamos solos, las viejas generaciones se han unido a la lucha".

Más allá de la "utopía" de la educación gratuita:

"Nosotros creemos que es posible, a través de una reforma tributaria, de la recaudación de impuestos, especialmente a las grandes empresas, sobre todo a las mineras, que un 70% son privadas y que obtienen grandes ganancias de su operación en el país. Un solo dato: con las utilidades declaradas de una sola empresa minera, La Escondida, se podría financiar toda la educación del país: matrículas, profesores, investigación, etc.".

En Chile,  el 60% del país vive con menos de 165,000 pesos mensuales per cápita (cerca de 180 euros) y prácticamente el 80% de la población vive endeudada. Camila aclara que desde la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990) "el Estado trasladó al mercado la responsabilidad de educar" a los jóvenes chilenos, implentando un régimen de capitalismo educativo, o un esquema que hace negocio de la formación del pueblo chileno.

"En Chile se instauró el modelo neoliberal en la educación y el Estado redujo sus aportes. Hoy el costo de la educación superior descansa en las familias, que tienen que endeudarse para educar a sus hijos. Lo que buscamos es recuperar la educación pública", indicó.

La lucha de Camila y de millones de chilenos es fundamentada por Noam Chomsky, quien recalca en que la privatización de la universidad pública «significa la privatización para los ricos [y] un nivel más bajo de formación más bien técnica para el resto».

Por otro lado, Camila, musa querida indudablemente por los medios alternativos (posible bandera de un Chile que toma conciencia de lo que hizo la CIA en su valiente país) e inevitablemente difundida por los medios mainstream ante  su magnética personalidad, no suaviza ni compromete su discurso para ganar tiempo aire:

"Los periódicos pertenecen en un 98% a dos grandes conglomerados que prácticamente poseen una misma línea editorial, muy ligada a los sectores conservadores, por lo que son un gran obstáculo para buscar el apoyo ciudadano. Los diarios suelen desinformar al descontextualizar las declaraciones de los estudiantes, tergiversar nuestras demandas o simplemente evadir hechos sociales importantes. Los canales de televisión abierta tampoco son muy distintos. Suelen dar mensajes tendenciosos y parcelados, sin cumplir con su labor de informar objetivamente ni de ser pluralistas. De hecho, en muchas ocasiones, cuando los noticieros hablan sobre educación o del movimiento estudiantil, muestran imágenes de encapuchados o de destrozos, promoviendo una imagen errónea de nuestro movimiento". 

Actualmente Camila supera al presidente Sebastián Piñera con un 68 por ciento de aprobación, a diferencia del 40% (algunas encuestas lo dan más bajo) que tiene el mandatario amigo de David Rockefeller. Tal vez por eso funcionarios del gobierno de Piñera han llamado, a través de Twitter, "a matar la perra para que se acabe la leva" (haciendo eco de la sentencia de muerte que recibió Allende). También se han ventilado en Internet sus datos personales, para fomentar un asfixiante acoso. Pero por otro lado, y doblemente esperanzador ante la lamentable situación de la izquierda en muchos países del continente, Camila —y  no hay que olvidar a sus compañeros como Giorgo Jackson de la Católica— parece estar agrupando e inspirando a los líderes de la izquierda en la zona. Los diarios cubanos comunistas se desviven elogiando a la líder estudiantil (Granma, la llama "una luz en el camino"); el vicepresidente de Bolivia ha dicho (en un sentir que compartimos): "Todos estamos enamorados de ella"; e incluso ha sido mimada por el grupo de alta conciencia social Calle 13.

Pero nada de esto, en apariencia, parece desubicar a esta templada joven comunista que a los 14 años ya había leído al anarquista Mikhail Bakunin y que confiesa que su película favorita es El Club de la Pelea (el mismo film que inspira al interesantísimo movimiento hacktivista Project Mayhem 2012). Ante la crítica y en los momentos de euforia colectiva, Camila exhibe un sutil control de sí misma, un dominio y una mesura que sorprende e hipnotiza, una especie de reposo que le permite analizar  y recanalizar situaciones desde un secreto atalaya interior —como si fuera la niña índigo de una nueva generación política capaz de amansar los ataques de los lobos y liberar los atavismos de la vieja guardia empotrada en la cima de la pirámide. Así se levanta brillante la aguerrida poética de la nueva revolución social.

 

"SOY LA DESTRUCTORA DE MUNDOS".

El usuario  rnunezb hace decir a Camila Vallejo, en un video de YouTube, "Soy la destructora de mundos". Esto es especialmente simbólico, ya que parafrasea y feminiza una frase ligada a Shiva, el dios hinduista de la destrucción (que en su reverso revela la creación). Shiva simboliza la potencia masculina, el kundalini desde el culto fálico, pero también la necesidad de destruir para poder manifestar una transformación verdadera. Aunque quizás sea un exceso hiperbólico asociar estos conceptos con Camila Vallejo, estimulados por "la estética de la rebeldía" y lo que llamamos la "posesión arquetípica", vislumbrando con voluntad —también onírica— una nueva época de liberación y de despertar, en la cual la mujer posiblemente asuma un rol protagónico —al menos con el mismo poder de guíar y servir de ejemplo para el colectivo que el que ha detentado en los últimos siglos —para detrimento del ecosistema— el hombre.

El escritor Antonio Velasco Piña, autor de Regina, uno de los libros más emblemáticos del movimiento estudiantil del 68 en México, sugirió de manera criptomística, junto a su maestro Ayocuán, que "la mujer dormida debe de dar a luz": heraldo blanco de un cambio de conciencia en el planeta. Tal vez el nuevo papel de la mujer no solo es dar a luz, también es destruir el viejo mundo para que pueda nacer el nuevo. Sin recurrir a mesianismos y demás síntomas de una conciencia pueril no individuada, la figura de Camila podría ser simplemente simbólica e inspiradora para las mujeres en el mundo y también para los hombres, estimulando la necesidad de elevar la conciencia a un nuevo entendimiento de género.

"Elegí Geografia después de leer la malla curricular (plan de estudios). Vinculaba dos áreas, físicas y humanas, que me parecían interesantes. El territorio es un libro abierto a través del cual se puede hacer una lectura de los acontecimientos", explica Camila, egresada de Geografía, la ciencia humana de la Tierra. Para aquellos de nosotros que gustamos de los símbolos y de los vuelos sintéticos de la imaginación quizás no sea menor que esta joven muse politik haya elegido estudiar esta disciplina que la conecta en cierta forma con la Madre Tierra. Según la milenaria tradición esotérica de distintas culturas, la mujer es esencialmente la encarnación (o la transpersonalización) de la Madre Tierra (Gaia, Pachamama, María, Isis; y Kali-Coatlicue, en su acepción destructora). Uno de los paradigmas que a todas luces deben de modificarse para la evolución de nuestra especie es nuestra relación con el planeta y la naturaleza —una entidad que para las culturas indígenas está viva y está siendo herida por nuestro sistema económico capitalista y nuestra visión atomista. Camila, la joven comunista (anti-consumista) en este sentido es representante natural de este profundo pleito ecológico que es sobre todo un dilema de conciencia, posiblemente de tener conciencia de que la Tierra está viva y de que somos parte de ella. Así, un líder de un movimiento colectivo que busca aumentar la conciencia colectiva a través de la educación, pero también de tomar cuenta del poder de la unión del pueblo, sirve como vocero de la Tierra, al igual que de las voces oprimidas de su país.

Cuestionada en repetidas ocasiones por los efectos que tiene su belleza física en el interés que ha generado el movimiento estudiantil chileno, Camila ha dicho que, más allá de desear que esto no desvirtúe el mensaje de fondo y baje el nivel de discusión, ella no desdeña la utilización de este mecanismo, bajo las condiciones que rigen la realidad consensual, para el beneficio de su lucha. Y es que más allá de la lucha por la iguladad de género, yace la importancia de la diferencia, de que cada quien pueda manifestarse en su totalidad como individuo —es decir, no tendría porque no ser ella misma en toda su extensión con todo lo que esto implica.

Otra vertiente interesante del caso de Camila entronca con lo que es originalmente, en su sentido más amplio, la belleza, la cual trasciende el cuerpo pero tampoco lo desdeña. Platón encontró una relación prístina de identidad entre belleza, bondad y verdad, arquetipos celestes que debían reflejarse en este mundo como portales para alcanzar las más altas virtudes. El poeta John Keats, como continuación platónica dijo: "Truth is beauty; beauty is truth". La belleza que puede intercambiarse con la verdad es aquella que emana de la profundidad del ser y toca las fibras profundas —ideas— sobre las que se construye el mundo: la estética necesariamente involucra una ética y la seducción cierta inteligencia.

La belleza de Camila es integral, no puede dividirse (es su elocuencia, su cara y su cuerpo, su inteligencia, su valentía y lo que se transparenta de su espíritu) y en este sentido nos enseña, de manera holística, que el ser humano debe considerarse como un todo, alejándonos del atomismo. Nos enseña también a percibir a las personas integralmente. En cierta forma nos avasalla motivándonos, ya que al escucharla y verla sabemos que el burdo deseo se aniquila —sabemos que todos aquellos que objetifican su cuerpo (y el de todas la mujeres) y que surfean buscando sus "fotos sexies" en la red o que no esuchan lo que dice y solo se huelgan lascivamente en su superficie imaginal, no podrán tener un intercambio real con una persona verdaderamente bella, la radical otredad que nos lleva al descubrimiento del propio ser y de la cual, en este caso mediatizado, Camila es un símbolo.

Como un nuevo arquetipo embebido en la mente colectiva,  Camila Vallejo es un ejemplo para hombres y mujeres.  Para los hombres es un ejemplo de percepción de una nueva mujer, de la necesidad de ser capaz de apreciar la belleza física, incluso celebrarla, pero no quedarse ahí, de explorar la mente y el espíritu de la mujer, de escuchar y no solo ver, de entender y no poseer, de proveer seguridad pero para estimular la libertad; para la mujer es un claro ejemplo de desarrollo, de proactividad, sin perder su esencia —igualdad que exalta también la diferencia, la feminidad en su florecimiento. Es un ejemplo especialmente valioso para las mujeres que aún viven en el paradigma detectado en el poema de W.B. Yeats, "Adams Curse":

"To be born woman is to know—
Although they do not talk of it at school—
That we must labour to be beautiful".

["Nacer mujer es saber

—aunque no se dice en la escuela—

que debemos laborar para ser bellas"].

Esto es, una nueva forma de responder a la presión (y al beneficio) social de ser el "sexo bello", mostrando que una mujer no tiene que sacrificar su belleza, sino todo lo contrario, si se afirma a sí misma y deja las frivolidades de una coquetería artificial, de una seducción basada en accesorios; belleza más allá del oropel, más allá del miedo y la debilidad. Mostar a las adolescentes —muchas de las cuales idolatran a la nueva Britney Spears, quien sea que sea en este momento (pronta seguramente a caer en la decadencia), y siguen a celebridades como modelos que en realidad representan versiones adaptadas del viejo arquetipo de la princesa cuya realización no está dada en ella misma, sino en el príncipe azul al cual debe de ser capaz de conquistar con cualquier artimaña, incluyendo la ilusión de la virginidad— que la belleza femenina crece con el desarrollo personal, con la inteligencia, el valor y, sobre todo, con el nivel de conciencia que se logre, mucho más que visitiendo la última prenda de diseñador o utilizando cosméticos y aprendiendo patrones de comportamiento programados por la sociedad para crear relaciones de poder, mismos que generalmente nos separan de la comunión erótica que es el principio de género en su danza.

En suma, si la sociedad en la que vivimos está dominada por la imagen y por el carácter aspiracional, el ejemplo de Camila es capaz de jugar con estos paradigmas que llevan a la enajenación y hackearlos, de hacerlos inspiracionales, para que lleven a la individuación, de exaltar los valores de la rebedía hacia el sistema dominante y afirmar la diversidad del ser. Quizás reactivar la energía poética que tienen la rebeldía y la revolución en su origen: la política (cósmica) como eje que nos propulse al siguiente estadio en nuestra evolución: del animal político hacia el humano alumbrado que despierta al planeta.

Con información de: The Guardian, La Nación, Kaos en la Red, Granma

Aquí el Twitter de Camila