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Estudio llevado a cabo con prisioneros de mediana peligrosidad de Wisconsin arroja pistas sobre las diferencias estructurales y funcionales en el cerebro de personas catalogadas como psicópatas.

Si es cierto que cada época tiene su enfermedad mental predilecta, quizá la psicopatía sea una de las que más interés han generado en nuestro tiempo. El psicópata que deviene criminal ha sido objeto de los más diversos estudios científicos, periodísticos e incluso ficciones literarias y cinematográficas, interés casi siempre tejido en torno al misterio que rodea al cerebro del psicópata, del cual no se sabía con precisión qué deficiencias o particularidades lo hacía distinto al de una persona “normal” o por lo menos el de una que no se considerara psicópata.

Recientemente investigadores de la Universidad de Wisconsin analizaron los cerebros de 40 reclusos de mediana peligrosidad, la mitad de ellos catalogados como psicópatas, en busca de esas posibles características únicas.

De acuerdo con los exámenes practicados y las imágenes obtenidas, los 20 reos a quienes se les diagnosticó psicopatía mostraron diferencias notables en torno al córtex prefrontal ventromedial una región del cerebro localizada en el lóbulo frontal y a la cual se le asocia con sentimientos como la empatía y la culpa; asimismo la amígdala, ligada con el miedo y la ansiedad, también se mostró diferente. En el cerebro de los psicópatas las conexiones fibrosas de materia blanca entre estas dos áreas fueron menores que en los cerebros de los otros prisioneros.

Para Michael Koenigs, uno de los participantes en el estudio, este es el primero en que se hacen evidentes las diferencias estructurales y funcionales en el cerebro de las personas diagnosticadas con psicopatía, mostrando además que esta se encuentra estrechamente relacionada con las áreas del cerebro que regulan las emociones y el comportamiento social.

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Nuevo material emite dos semanas de luz nocturna con un minuto de luz solar

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/24/2011

Científicos de la Universidad de Georgia desarrollan material que tras una breve exposición al sol emite luz nocturna hasta por dos semanas.

Utilizando una mezcla de zinc y de germanato, un equipo de investigadores de la Universidad de Georgia dirigidos por Zhengwei Pan, desarrolló un novedoso material que tras exponerse un minuto a la luz de sol puede continuar emitiendo luz infrarroja hasta por dos semanas.

El truco consiste en que el lantano gallogermanato en combinación con el zinc forma una especie de “laberinto” que retiene la energía liberada de los electrones (iones de cromo trivalentes, Cr+3) durante un extenso periodo. En este caso la luz que emiten dichos iones es de una frecuencia casi infrarroja.

Y por si esto no fuera suficientemente sorprendente, los investigadores afirman que este material no requiere de una exposición directa a la luz del sol, ya que igual funciona con la poca luz que se filtre en la sombra, debajo del agua e incluso en una solución corrosiva de cloro.

Entre los usos futuros que esta tecnología podría tener se encuentran el médico, el militar y, claro, el ambiental. En la medicina podría utilizarse para detectar células cancerígenas aun en etapas tempranas de la metástasis. En la milicia serviría para identificar zonas o personas sirviéndose de unas gafas especiales. Finalmente, este nuevo material podría ser la base para desarrollar células fotovoltaicas mucho más eficientes.

[ABC]