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Cuarta entrega del taller psicoliterario de Aeolus Kephas: Un paseo razonado por las manifestaciones oníricas de nuestra psique; escribir como un recurso sanador para aliviar la histórica incisión entre el estar despierto y el soñar.

Imagen: Cortesía de Lucinda Horan

 

“Aprender a pensar sin recurrir a imágenes es indispensable para la alfabetización. ‘No construir imágenes’ es una restricción al reconocimiento de patrones del hemisferio derecho de nuestro cerebro. Todo aquel que lo obedece comenzará inconscientemente a voltear la espalda al arte y a las imágenes de la Gran Madre y, reorientado 180 grados, buscará en cambio protección e instrucción en las palabras escritas por un Padre Todopoderoso.”

—Leonard Schlain, The Alphabet Versus the Goddess

Sintonizar con el estado mental del autor es algo que ocurre automáticamente con la prosa fácil, pero en cambio es algo de lo que nos percatamos que debemos de hacer cuando la prosa es más innovadora e implica un reto o, por otro lado, cuando es menos cuidada y estructurada. Sin embargo, esta conciencia del lector es el factor que determina qué tan efectiva será la transmisión de información. Si un árbol cae y nadie lo escucha, no hay sonido, y un libro que jamás es leído no existe como una forma de literatura, solo como un objeto en un anaquel. La telepatía no ha ocurrido: las mentes no se han encontrado. Compara esto con nuestros sueños. ¿Que cantidad del material onírico llega a nuestras mentes conscientes? Sin embargo ahí está: libro tras libro, historia tras historia, solo esperando a introducirse y ser disfrutado.

Desde una perspectiva común los sueños son una mecanismo para que nuestro cerebro descanse y se libere del exceso de estrés, o para trabajar asuntos irresueltos. En la jerga cotidiana el estado del sueño es un lugar en donde la inconsciencia carga información —en lenguaje simbólico— sobre la condición de la “red”, nuestras psiques completas. Esto puede ser transpersonal así como personal, por que el inconsciente es colectivo a la vez que individual. Mientras dormimos, nos sumergimos en un estado relativamente libre de ego y por ello la información que de otro modo podría aparecer como una amenaza a nuestra estado consciente , y por lo tanto ser reprimida, pude ser reconocida e integrada. Y cuando digo “relativamente libre de ego” me refiero a que las preocupaciones cotidianas dejan de influir en nuestras decisiones. Excepto aquellos sueños específicamente ansiosos, no estamos preocupados por la renta o por lo que el vecino puede pensar sobre nosotros, sino que tendemos a engancharnos con representaciones simbólicas que hacen poco o nada de sentido en el contexto de nuestras vidas despiertos.

Si pensamos en el más puro sentido del ego, no obstante —aquella perspectiva individual con su propio enfoque e ímpetu— se podría argumentar que, al menos potencialmente, somos más en nuestro ego mientras soñamos, porque cuando dormimos nuestro ego e identidad (mente consciente e inconsciente) están funcionando como una unidad. Esto se vuelve particularmente aparente durante los sueños lúcidos y una vez más el paralelismo con el escribir es claro: los sueños lúcidos son una forma de tomar control sobre los componentes de nuestro inconsciente y así poder escribir el sueño. Como un escenógrafo, un novelista o un guionista, nuestra intención es la de ordenar elementos específicos de nuestro inconsciente bajo un diseño consciente o semiconsciente, para descubrir la manera en que mejor pueden combinarse y así crear una narrativa con sentido. Esta es la similitud: la diferencia, por supuesto, está en el medio que utilizamos. Cuando nos sentamos a escribir estamos utilizando palabras para describir estados internos y estamos voluntariamente entrando en un suave trance con el fin de ayudar al nacimiento de ese material psíquico bajo una nueva forma, como literatura. Por otro lado, cuando soñamos algo más sucede, y las palabras son solamente incidentales a ese misterioso proceso.

Cuando escribimos estamos creando un vehículo externo para nosotros mismos como una conciencia: un libro, un poema, un cuento corto o un ensayo. A esto se le llama auto-expresión y es un proceso del que la mayoría de escritores debería de afirmar tener bajo control, si no totalmente al menos en una buena medida. (Los escritores comúnmente dicen que cuando el trabajo está funcionando,  la propia historia o las piezas toman las riendas; pero nunca, yo asumo, hasta el punto en que olviden comer y se dejen morir de hambre). Cuando soñamos, dicho control es drásticamente reducido, al punto en que la mayor parte del tiempo olvidamos que estamos soñando. El mundo que creamos lo engloba todo. Cuando soñamos, estamos “proyectando” conciencia hacia afuera del ser y creando una imagen, luego introduciéndonos en esa imagen e interactuando con ella. Cualquiera que haya dormido y entrado conscientemente en un sueño (estado hipnapómpico) habrá observado ese instante crítico en el que los pensamientos ordinarios se transforman y aparecen como imágenes. Este es un acto de creación llevado a su esencia básica, y la esencia del acto creativo es que (a diferencia de la escritura) solo tenemos un rudimentario control sobre de él. El dormir de esta forma puede ser extremadamente desentonante (el truco es no despertarnos en reacción a las imágenes que presenciamos); es como introducirnos al interior de un pozo de energía psíquica que por el resto de nuestras vidas se encuentra apagado e inaccesible para nosotros. Los escritores —así como los artistas— tratan de introducirse a este pozo de manera consciente, estando despiertos, y de dirigirlo hacia la culminación de una obra que puedan presentar al mundo como “el producto de su imaginación”. No obstante puede ser que el producto en sí sea casi incidental al verdadero misterio, aquel que se refiere al proceso creativo en sí. ¿Cómo sucede y por que toma esta forma? ¿Que significan estos formatos bipolares de conciencia que llamamos despertar y soñar y por qué es tan complicada (y tan fascinante) la tarea de crear —o localizar— un Puente efectivo entre ellos?

Se ha dicho que el pecado original fue la proyección: una división en la conciencia entre lo interior y lo exterior, por la cual fuimos desconectados de lo divino, expulsados del Paraíso. Por otro lado, sin proyección de la conciencia hacia afuera, ¿quedaría algo con qué interactuar para nuestra conciencia? ¿Probablemente no fue un pecado hasta que confundimos la proyección con nosotros mismos y nos perdimos en el suelo? Tal vez todas estas prácticas —rituales mágicos, trances chamánicos, sueños lucidos, meditación, uso de plantas psicotrópicas, y el escribir— son maneras de volver a representar la manifestación original de la conciencia como material. Quizá sean trucos para recordar cómo nos truqueamos a nosotros mismos, como conciencia, para extraviarnos en la construcción de una realidad basada en el lenguaje. Y en caso de que así fuese, ¿existen formas de revertir “la Caída” al volver a representar el trauma primigenio—aquello que Philip K. Dick describió como una “incisión primordial en la divinidad” — y sanar el abismo entre el estar despierto y el estar soñando?

Leer Parte 1 / Pornografía y Sanación Chamánica

Leer Parte 2 / Sanación Autoliteraria y Diálogo Con Uno Mismo

Leer parte 3 : El Espejo Mágico y la Escritura Telepática

* Aelous Kephas, nuevo colaborador de Pijama Surf, es uno de los más reconocidos autores del alterocultismo y la metanarrativa contemporánea. Entre sus obras publicadas destacan: Matrix Warrior: Being the OneThe Lucid View: Investigations Into Occultism, Ufology and Paranoid AwarenessHomo Serpiens: A Secret History of DNA from Eden to Armageddon.

Blog del autor: aeoluskephas.blogspot.com

Escritores del Cielo en Hades (5/10: Comunicación de Cerebro a Cerebro y Neuronas Espejo)

AlterCultura

Por: Jasun Horsley - 06/22/2011

La quinta parte del taller de escritura y alquimia psiocológica de Aeolus Kephas revela la inevitabilidad de la telepatía constante vía las neuronas espejo. La comunicación directa de estados cerebrales hace que no podamos fingir empatía y vivamos en una red global de comunicación instantánea que apenas estamos haciendo consciente.

Imagen: Cortesía de Lucinda Horan

 

 

“Canst thou not minister to a mind diseas‘d,

Pluck from the memory a rooted sorrow,

Raze out the written troubles of the brain,

And with some sweet oblivious antidote

Cleanse the stuff‘d bosom of that perilous stuff

Which weighs upon the heart?”

—William Shakespeare, Macbeth

 

Neuronas Espejo &  Comunicación No-Mediada

“Los neurocientíficos han descubierto células especializadas en el cerebro, llamadas neuronas espejo, que espontáneamente crean enlaces de cerebro a cerebro entre personas. Esto significa que nuestras ondas cerebrales, la química y los sentimientos pueden, literalmente, reproducir las ondas cerebrales, la química y los sentimientos de aquellos con los que nos estamos comunicando, de aquellos sobre los que estamos leyendo, viendo en televisión o simplemente de las personas que tenemos en nuestros pensamientos. Esto es perfectacmente natural y ha sucedido desde siempre. Nos permite empatizar instantáneamente con los demás y saber qué están sintiendo y experimentando”.

—Teka Luttrel, “Mirror Neurons: We Are Wired to Connect.”

El descubrimiento de las neuronas espejo marca un punto arquimídeo (una perspectiva de Ojo de Dios) desde el cual todo el conocimiento humano puede ser repensado y nuestros modelos deben de ser reformulados. La razón, en lenguaje simple, es que las neuronas espejo nos presentan una base científica sólida para la telepatía y la existencia de la telepatía cambia todo. El giro es que las nueronas espejo no indican que la telepatía es algo que puede suceder, es algo está sucediendo todo el tiempo. Ya sabemos que el lenguaje corporal —que incluye no solo el tono de voz y los gestos sino el aroma y las feromonas— significa que la mayor parte de la comunicación humana es no-verbal. Ahora parecería como si el lenguaje corporal también tuviera que ceder su lugar a la comunicación directa, a la interfaz cerebro a cerebro. Más allá de las palabras y gestos que estén sucediendo en la superficie, la transmisión primordial de significados parece ser el resultado de la correspondencia de patrones cerebrales.

Fuera del laboratorio, ¿cuáles son las formas en las que experimentamos esto? ¿Cuántas veces decimos algo “inocuo” que causa una inexplicable reacción emocional en alguien? Yo sugeriría que esto es un ejemplo de la telepatía de neuronas espejo en acción y que todas nuestras tentativas de ser “inocuos”, agradables o graciosos no sirven de mucho si nuestros cerebros están transmitiendo una señal diferente. Si esa es la comunicación que está siendo difundida, entonces la persona que recibe la transmisión responderá a nuestro estado cerebral y no a nuestras palabras. Una gran parte del comportamiento pasivo-agresivo es inconsciente: cuando decimos algo y queremos decir otra cosa, las más de las veces es sin darnos cuenta nosotros mismos —hasta que nos lo señalan (generalmente de manera poco amable). El hecho de que esto pasa en Internet es también prueba de que no es solo el lenguaje corporal el que transmite significados ocultos. De hecho, esta especie de raro “malentendido” muchas veces sucede de forma más dramática en intercambios vía e-mail o foros,  y la razón podría ser que las señales físicas median entre el lenguaje y los estados cerebrales; cuando están ausentes, es más fácil que ocurra un malentendido. (Como todos saben, por esta razón tuvo que inventarse el emoticón). Sin embargo, hay una contradicción inherente aquí, lo que pensamos como un malentendido, muchas veces, es en realidad un claro entendimiento, ya que las personas usan las señales físicas, expresiones faciales y tono de voz (y los emoticones) tanto para ocultar como para clarificar.

Marshall McLuhan dijo que el medio es el mensaje. En nuestro caso presente, la herramienta que subyace a toda comunicación humana —el cerebro— es de hecho tanto el mensaje como el medio. Después de todo, lo que en realidad queremos comunicar, con cada mensaje, es quién somos y "en" dónde estamos. Y esto es precisamente lo que comunicamos, sin siquiera intentarlo y en contra de nuestra voluntad. Cuando dos computadoras remotas entre sí se conectan, hacen accesible toda su base de datos la una a la otra; de la misma forma cuando dos átomos se encuentran e intercambian información, es un involucramiento total el que ocurre. Dos perros olisqueando sus traseros están en la misma longitud de onda, así que parecería que solo los seres humanos tratan de hacer las cosas a la mitad y esta semi-medida puede ser un lujo de la ilusión. Como Dick infirió en una cita pasada, la privacidad podría ser un concepto válido únicamente para los “idiotas” que han aprendido a apagar sus centros de comunicación, al punto de que toda la telepatía ocurre solo a un nivel inconsciente. En otras palabras, aunque constantemente estamos intercambiando nuestra información vital, realmente no lo sabemos. Nos mantenemos enfocados en el mensaje ostensible que está transmitiéndose y en todas las “señales” y emoticones que nos dicen cómo leerlo, sin tener conciencia de que lo que está en juego es la porción mayor del mensaje: nuestros estados cerebrales totales.

Entender esto requiere una nueva forma de pensar la comunicación y la empatía. Cuando dos personas hablan entre sí (o se comunican por un medio escrito), sus cerebros se encienden en patrones resonantes y el significado se transmite. Esto es análogo a compartir archivos en una computadora: “te conectas” y descargas un archivo que tiene exactamente el mismo patrón que el original, incluso si se envía desde otra locación. Como se señaló antes, esto en realidad es más fácil de ver sin la mediación de otras señales (las señas físicas median el mensaje del estado cerebral), lo cual explica por qué son tan comunes las “flame wars” en los foros, cuando lo que transmitimos (literalmente nuestro estado mental) se refleja sin mediación. El comportamiento pasivo-agresivo —incluso o sobre todo cuando es inconsciente— se recibe con una respuesta exterior agresiva, así que nuestra experiencia es equivalente a ser abofeteado cada vez que intentamos ser amables. El problema es que intentamos ser amables, las más de las veces expresamente para encubrir todas las formas en las que no nos sentimos amables hacia la otra persona. Con los nuevos medios, estas inveteradas y obsoletas amabilidades sociales ­—hipócritas casi siempre— ya no son suficientes. No puedes fingir empatía con el lenguaje o con el tono de voz porque es fisiológico, es una experiencia de todo el cuerpo.

La ironía de esto es que Internet, como nuevo medio, aunque aparentemente genera una forma más remota de interacción humana, actualmente está gestando un mayor nivel de intimidad entre las personas, y de esta forma provocando la necesidad correspondiente de empatía. Esto se debe a que eleva a la superficie la naturaleza verdadera de la comunicación, una interfaz  “telepática” directa (cerebro-a-cerebro), hace que permanentemente "compartamos archivos".

Leer Parte 1 / Pornografía y Sanación Chamánica

Leer Parte 2 / Sanación Autoliteraria y Diálogo Con Uno Mismo

Leer parte 3 : El Espejo Mágico y la Escritura Telepática

Leer Parte 4/ Sueños Lúcidos y el Trauma Original

* Aelous Kephas, nuevo colaborador de Pijama Surf, es uno de los más reconocidos autores del alterocultismo y la metanarrativa contemporánea. Entre sus obras publicadas destacan: Matrix Warrior: Being the OneThe Lucid View: Investigations Into Occultism, Ufology and Paranoid AwarenessHomo Serpiens: A Secret History of DNA from Eden to Armageddon.

Blog del autor: aeoluskephas.blogspot.com