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Al parecer el triunfalismo fujimorista de hace unos días atrás se esfumo y ahora se encuentran sumergido en los miedos e incertidumbres políticas que quisieron sembrar en la ciudadanía peruana

Las elecciones peruanas se encuentran a tiro de urna. Fujimoristas y humalistas aumentan sus esfuerzos para convencer a ese 10% de peruanos y peruanas de que su opción es la que más conviene al interés general de la ciudadanía peruana. Los dados están en el aire y salvo el apoyo del Presidente Alan García a los fujimoristas no hay nada decidido aunque lo números hablan de un paulatino desgaste de la política del terror y del miedo de los fujimoristas. Las últimas tres encuestas del 27 y 29 de Mayo colocan la elección presidencial peruana en una situación de indefinición. Por ejemplo, la encuesta de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), señala que Keiko Fujimori tiene un 44.2% y Ollanta Humala un 43.7%. Mientras que la encuesta de IMASEN indica un 43.8% para Humala y un 42.5% para Fujimori. Finalmente, El Comercio, le da un 50.5% para Keiko y un 49.5% para Ollanta. Ello significa una caída promedio de la candidata fujimorista de cuatro puntos porcentuales en relación a  las dos últimas semanas y la existencia de un empate técnico entre ambos candidatos que puede decidirse con el voto de los peruanos en el extranjero, por señalar un caso. Faltando una semana para las elecciones del 7 de junio del 2011, no hay un claro ganador o ganadora y tendremos que esperar hasta ese día para ver esta definición de miedo si atendemos el mensaje central de los estrategas de campaña de Keiko Fujimori. Al parecer el triunfalismo fujimorista de hace unos días atrás se esfumo y ahora se encuentran sumergido en los miedos e incertidumbres políticas que quisieron sembrar en la ciudadanía peruana.

¿Por qué Keiko Fujimori está perdiendo ventaja?

Paradójicamente lo que hace fuerte a la candidata fujimorista también la debilita ante importantes sectores de la población peruana y ese activo es el legado de su padre Alberto Fujimori, gobierno del que ella también fue parte. Entre los indicadores que los fujimoristas expresan como positivos de la herencia del “Chino” hacia su hija tenemos: La pacificación del país; la reorientación de la economía del país hacia políticas neoliberales y el acercamiento hacia los Estado Unidos. Sin embargo su gobierno dejo al 50.4% de los peruanos en la pobreza, concentro la riqueza en el 10% de la población, las políticas de apertura a la explotación minera arrasaron con el medio ambiente en regiones andinas de Puno, Cuzco, Junín y Arequipa, con su gobierno se incremento la desforestación de la Amazonía y si sumamos los temas de corrupción, violaciones a los derechos humanos, una constitución aprobada gracias a las botas militares tenemos un completo panorama que nos explica porque Keiko Fujimori tiene tanto apoyo y tantos detractores. Si la tendencia continua seguramente tendremos de Presidente a Ollanta Humala.

¿Por qué Humala recupero terreno electoral ante Keiko Fujimori?

La campaña de Fujimori se baso en resaltar los supuestos aspectos negativos de Humala, que era un peligro para el Perú, que va nacionalizar todo lo que pueda, que es un aliado del terrorismo, que es un golpista, que Hugo Chávez está detrás del candidato de Gana Perú y que con su elección los avances en política económica se perderán. Sin duda alguna era la lógica del miedo del pasado frente a la seguridad del pasado. Las propuestas fujimoristas dejaron de lado el futuro y han presentado un plan de gobierno desarticulado, en el debate de los equipos técnicos de ambos candidatos prevaleció en el equipo de Ollanta Humala una sólida proyección del plan de gobierno en cuanto a la recuperación del Estado como eje articulador de las dimensiones políticas, económicas y sociales, mientras que el equipo de Fujimori siguió afincado en la retórica de más mercado para el Perú, mientras que en los temas de los derechos humanos y la corrupción quedaron a deber. Un punto importante de las propuestas humalistas fue la de pensión universal para todos los adultos mayores.

Otro factor que está inclinando la balanza hacia el sector de Gana Perú es el abierto apoyo del ex candidato presidencial Pedro Pablo Kuczynski. Ciudadano estadounidense que postulo como candidato a la presidencia del Perú en la primera vuelta y quedo tercero en ella. Kuczynski está con Fujimori y Alan García está con Kuczynski. Sus apariciones en los medios escritos y electrónicos a favor de Fujimori han sido masivas. Sin embargo el factor étnico ha sido contraproducente en el sur, centro y en la Amazonía peruana, un ex candidato con fuerte acento extranjero no es una garantía de “peruanidad” para los ciudadanos peruanos de estas regiones. Si sumamos a ello el apoyo del conservador cardenal peruano Cipriani a Fujimori y las declaraciones del asesor de campaña de Keiko, en el sentido de que los fujimoristas “mataron menos” que otros partidos y gobiernos en el pasado, tenemos un cuadro que nos permite explicar y comprender la recuperación de Ollanta frente a Fujimori a una semana de las elecciones.

Quizás la mejor noticia para millones de peruanos y peruanas es que ya solo queda una semana para terminar con esta telenovela política. Independientemente de quién salga ganador de las elecciones del 7 de junio, todos y todas tendremos que levantarnos el día 8 de junio a trabajar. Por lo pronto que gane el menos peor.

http://www.larepublica.pe/archive/all/larepublica/20110529/3/node/354623/todos/15

http://www.losandes.com.pe/Nacional/20110527/50391.html

http://elcomercio.pe/elecciones/

http://peru21.pe/noticia/759958/trelles-nosotros-matamos-menos-que-otros

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¿Vigilancia y castigo robóticas? ¿Policías ilustrados, literatos agentes de inteligencia? ¿Puede la educación superior transformar los cuerpos policiales mexicanos? ¿Es esta la solución?

Tengo la impresión de que uno de los motivos recurrentes de las fantasías futuristas, de la llamada ciencia ficción, es el robot policía, las máquinas diseñadas y organizadas para la vigilancia y el control de las sociedades y programadas para rendir obediencia a una única autoridad, preferentemente la del gobierno establecido.

Tengo esa impresión, pero no sé muy bien cómo fundamentarla. Sé poco y de ciencia ficción todavía menos. El único ejemplo, no tan original como quisera, en el que pienso ahora es en las innúmeras, ubicuas pantallas de 1984, siempre alertas, siempre vigilantes, siempre presentes y asentadas lo mismo en los lugares más públicos que en los rincones más insospechados y sombríos, cercanas, en todo momento y lugar, al curso cotidiano del mundo.

Estos días he pensando con cierta insistencia sobre esto a raíz de las declaraciones que hizo el rector de la Universidad Nacional, José Narro, a propósito de los convenios que la Secretaría de Seguridad Pública federal ha firmado con distintas universidades y otros centros de educación superior. En un evento dominguero y de mínima trascendencia, el Dr. Narro negó la posibilidad de que la SSP y la UNAM acordaran algún tipo de colaboración conjunta porque, según él, “los jóvenes merecen otro tipo de opciones”.

Esta postura generó cierta polémica entre la opinión pública. Una buena parte de las críticas al dicho del rector —por ejemplo este cartón y este otro, ambos de Magú— coincidían en destacar el prejuicio clasista que se dejaba entrever en esas palabras, entre las cuales serpenteaba el modelo casi atávico del policía o soldado mexicano extraído de los grupos sociales económicamente menos favorecidos, como si estas labores, en un hipotético muestrario de opciones de vida, se ubicaran en los escaños más bajos, los últimos, los que alguien toma solo porque no le queda de otra, porque no tuvo ni los recursos ni las oportunidades para ser médico o abogado o profesor, porque es un trabajo que cualquiera puede desempeñar, porque quién sabe qué otras razones que una a una van dando forma a la misma aura cenicienta de marginalidad y pestilencia que, en México, todavía pesa sobre las labores policiales que cualquier Estado requiere.

No pretendo defender al rector pero, de algún modo, quiero compartir su punto de vista. Quizá se equivocó al desdeñar, así haya sido involuntariamente y como de pasada, los cuerpos policíacos y el trabajo que éstos realizan. Sin embargo, no se necesita tanta vehemencia para hacer notar que la de México dista mucho de ser una policía profesional, educada, respetuosa de las leyes nacionales e internacionales e incluso de ciertas reglas mínimas de trato personal. Quizá por eso el plan de la SSP no sea, en espíritu, tan descabellado: qué mejor que a uno de los grupos privilegiados de la población, esa minoría que logra cursar, pese a todos los obstáculos, estudios superiores, se le forme y destine para mejorar el funcionamiento de una institución oscilante entre la obsolescencia y la corrupción. Con todo, la medida, puesta en práctica, no deja de revelar sus debilidades e improvisaciones. ¿Cuál es el grado de utilidad de un licenciado en, digamos, letras hispánicas, en un Centro de Inteligencia? ¿Qué tanto puede la desesperación ante el desempleo contra la mediocridad y el desgano de trabajar en la policía porque no quedó de otra? ¿Qué tantos recursos se emplearán en reeducar a estos universitarios que deciden incorporarse a la SSP? Además, ¿cómo predecir tanto la probabilidad de éxito de esta profesionalización como, más importante, la probabilidad de éxito de que esta profesionalización contribuya a abatir los índices de delincuencia —según reza la cantaleta de la gente en el gobierno?

Tiene razón el Dr. Narro: los jóvenes merecemos otro tipo de oportunidades. Y no solo los jóvenes. Nadie merece, pensaba hace unos días, la denigrante tarea de vigilar a un semejante, de señalar sus faltas y promover su castigo. Por eso pensé en las fantasías de la ciencia ficción, en que quizá esas tareas deberían remitírseles a seres inanimados, carentes de sentimientos e inteligencia, justos hasta la impiedad.

Pero poco después me corregí. En esencia da lo mismo que máquinas o seres humanos permanezcan atentos a nuestros movimientos y nuestros actos, en espera del pecado, del delito, ávidos de sanción y desesperados por imponer una penitencia. Lo que nunca debió desarrollarse, pensé después, es este modelo de sociedad insomne en su voluntad de vigilancia y castigo.

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