*

X

Científicos alcoholizados derraman vino sobre superconductor y logran importante descubrimiento

Ciencia

Por: pijamasurf - 01/12/2011

Tras ingerir vino y sake, científicos japoneses derramaron sus bebidas sobre un superconductor y obtuvieron resultados increíbles

El vino puede ser mal consejero, pero tambien puede ser un increíble catalizador para percibir lo que de otra manera se mantiene invisible ante nuestros ojos. Tal es el caso de un grupo de científicos del Instituto de Ciencia Material en Japón que trabajan en el desarrollo de un superconductor especial al colocar un compuesto en agua caliente y enjuagarlo por horas.

Aparentemente el proceso iba bien ya que los hombres de ciencia decidieron celebrar con una buena cantidad de sake, vino, whisky, y cerveza, dentro del laboratorio. Y ya un tanto entonados con la frecuencia etílica decidieron probar el proceso utilizando sus diversos alcoholes en lugar del líquido tradicional y cuando probaron la conductividad de los materiales que estaban desarrollando notaron que aquellos que habían sido enjuagados con licor comercial mantenían mayores niveles de conductividad lo cual implicaba que habían llegado a un mejor resultado del esperado incluso asumiendo que ya era un éxito el experimento.

Hay que recordar que los superconductores actúan como la mayoría de los metales, es decir, conducen electricidad pero lo hacen sin la resistencia que todo metal manifiesta ante un flujo eléctrico. El punto con los llamados superconductores es que a menor temperatura menor es su resistencia y por lo tanto mayor es su conductividad, e incluso cuando la temperatura baja mucho la resistencia desaparece.

ver IO9

Te podría interesar:

Crean videojuegos bióticos que permiten controlar seres vivos

Ciencia

Por: pijamasurf - 01/12/2011

Videojuegos que utilizan procesos biológicos como software y que reviven juegos clásicos como Pac-Man con seres vivos abren la posibilidad de una nueva gama de juegos en los que se borrarán las fronteras entre el código genético y el código cinernético

Investigadores de Stanford han borrado la frontera entre el mundo virtual y el mundo vital, utilizando "procesos biológicos como software" en una serie de juegos de video que permiten manipular microorganismos. La idea, según el líder del proyecto Ingmar Riedel-Kruse, es colocar el aprendizaje en un marco divertido y de esta forma informar a las personas sobre los fascinantes procesos que ocurren en las dimensiones biológicas en todas sus escalas.

El equipo de Riedel-Kruse desarrolló 8 videojuegos dentro de tres categorías, dependiendo si los jugadores interactúan con procesos biológicos en escala molecular, unicelular o de colonias de células.

Cada juego empieza con una cámara apuntada a un microorganismo en un tanque y  un microprocesador que registra sus movimientros y lleva el score. El jugador ve la información en la pantalla con el marco del juego superimpuesto a la imagen de los microorganismos, los cuales se mueven en una especie de bluescreen. Usando un controlador típico de videojuego, el usuario trata de controlar los movimientos del microorganismo para llevarlo a cumplir los objetivos dentro de la narrativa particular de cada juego. Para manipular a los microorganismos, los movimientos del jugador en su controlador liberan campos eléctricos o pequeñas cantidades de un químico para provocar una reacción en el microorganismo.

Los videojuegos "bióticos" están basado en videojuegos clásicos. En uno de los juegos, PAC-mecium los usuarios tienen que guíar a unos paramecios (organismos unicelulares) a "comerse" pequeñas bolas,  a la Pac-Man. También está el Pinball biótico o POND PONG y Ciliaball, llamado así por los cilios -orgánulos que los paramecios usan para nadar- y en el que se tiene que meter gol pateando un balón virtual.

En el juego a escala molecular se lleva a cabo un proceso de reacción en cadena de polimerasa en el que se realizan millones de copias del ADN de un organismo. En este juego "PolymerRace", inspirado en las carreras de caballos, el jugador está ligado a una máquina termocicladora que emite diferentes reacciones simultáneamente. Mientras las reacciones están corriendo, los jugadores pueden apostar qué reacciones serán las que correrán más rápido.

Riedel-Kruse enfatizó que los microorganismos que se usan son unicelulares y no sienten dolor por lo cual debería de haber ningún problema moral con los videojuegos bióticos (antes de que PETA se le eche encima). En teoría se podrían utilizar animales como ratas o insectos, manipulados a través de la polaridad de los campos eléctricos o de sustancias químicas, con los marcos del videojuego superimpuestos. Pero esto es solamente una versión beta de las posibilidades que existen en la interacción de la tecnología y la biología en la construcción de espacios virtuales interactivos. En un futuro se podría dar  un matrimonio entre el código genético y el código cibernético; los próximos microorganismos, o tal vez organismos más complejos, podrían ser programados para realizar funciones específicas dentro del videojuego e interactuar con un ecoistema biocibernético (quizás el lector recuerde la película Existenz, de David Cronenberg, donde los jugadores se conectaban a un pod que era una especie de organismo biológico).

Al final, reflejándonos en la pantalla de estos microorganismos, surge la pregunta ¿no podríamos ser parte del bio videojuego de un superorganismo? ¿Tal vez de la misma forma que los paramecios no saben que están siendo filmados y controlados por organismos más evolucionados? ¿Podría ser el mundo entero un tablero de juego superpuesto al vacío cuántico del espacio? ¿Es posible que exista una tecnología tan avanzada que para nosotros sería imperceptible, y sus jugadores invisibles?

Vía PC World