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Luego del atentado contra la representante demócrata en Arizona donde murieron 4 peronas surgen nuevas interrogantes en torno a la política de venta de armas en Estados Unidos

Aunque sabemos que la posibilidad de prohibir la venta y portación de armas es algo impensable dentro de la filosofía redneck, una de las vetas culturales más populares de Estados Unidos, lo cierto es que sucesos como el atentado contra la joven representante demócrata Gabrielle Gliffords, el reciente evento en el que cutro personas murieron y otras 14 resultaron heridas, renuevan cíclicamente la discusión sobre este tema.

Múltiples reflexiones e interrogantes emergen alrededor de este escenario. La primer pregunta que resulta francamente inevitable, sobretodo después de que se diera a conocer la imagen del agresor, es: ¿Tú le hubieras vendido balas a Jared Loughner? ¿No fue suficiente el desquiciado semblante de este asesino que ahora enfrenta la posibilidad de ser condenado a muerte no fue suficiente para que los comerciantes de armamento y balas le negasen el mortal producto (y esto lo preguntamos sin promover ningún tipo de discriminación hacia la apariencia de ninguna perona)? Al parecer el primer Wal Mart al que Loughner acudió para proveerse de municiones le negó la compra de balas, sin embargo no ocurrio lo mismo con el segundo.

Por otro lado, la discusión en torno a este múltiple asesinato ha recordado una ley que regulaba la portación y adquisición de armas en Estados Unidos, la Federal Assault Weapons Ban que expiró en 2004, y han surgido diversas especulaciones en cuanto a que si esta ley no hubiese caducado tal vez este trágico evento no hubiese sucedido. Pero más allá de debates y reflexiones esperemos que el caso de Loughner sea la gota que derrame el vaso en favor de una reforma sustancial en torno a las leyes que regulan la portación, compra, y venta de armas en este país a pesar de que con ello implique el perder los votos del sector redneck de la población estadounidense.

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Ondalinda x Careyes: el exclusivo festival en un punto paradisíaco del Pacífico mexicano

Arte

Por: pijamasurf - 01/12/2011

Este evento es una celebración de la vida y el espíritu, una congregación de personas afines que buscan encontrar la inspiración, la belleza y la fuerza espiritual para transformar el mundo

El festival Ondalinda x Careyes, apenas en su tercera edición, es sin duda uno de los más exclusivos y atractivos de México. La revista Vogue lo ha llamado el nuevo (y deluxe) Burning Man, pero mientras que la ciudad itinerante de Black Rock ha crecido hasta el punto de albergar unas 70 mil personas en los últimos años, en esta playa del Pacífico mexicano el aforo es limitado y aunque el festival se está expandiendo, se esperan menos de mil personas.

El festival pretende algo mucho más que poner unos DJs en la playa y pasarla bien un rato. Los 4 días del evento, del 8 al 12 de noviembre, son una celebración de la vida y el espíritu, una congregación de personas afines que buscan encontrar la inspiración, la belleza y la fuerza espiritual para transformar el mundo, según las palabras de sus fundadores, Lulu Luchaire y Filippo Brignone. De acuerdo con Luchaire, que trabajó en Apple y luego se retiró a Todos Santos (Baja California), la idea detrás del festival es reconectarse con la cultura ancestral. El festival pone un especial énfasis en el arte indígena y en los conocimientos chamánicos y medicinales de estas culturas. Cada año, se celebra a cierta etnia (el año pasado fueron los purépechas). El festival cuenta con una galería de arte en la que venden pinturas de artistas indígenas. Y las ganancias son donadas a diferentes comunidades indígenas.

Este año el tema del festival son los alebrijes, en el sentido de ser "animales espirituales personales" y de la conexión que tienen diferentes tradiciones con los animales, en los que encuentran sabiduría, guía y una posibilidad simbólica de transformación.

El line up cuenta con artistas como Oceanvs Orientalis, Nick Barbachano, Viken Arman, Goldcap y KMLN, entre otros.

El boleto al festival llega a costar casi mil 400 dólares, los cuales no incluyen el alojamiento. Así que no es barato, pero no hay duda de que los asistentes serán agasajados con música, paisajes, gastronomía, arte, espectáculos de luz y sonido y demás banquetes multisensoriales. El festival está asociado con Mayan Warrior, el famoso carro alegórico fiestero que todos los años acampa en Burning Man. Cuenta además con temazcales, sesiones de yoga y otras bondades.

Para volar alto a este festival de máximo deleite sensorial, las tarjetas American Express te ofrecen la posibilidad de pagarlo de contado o en parcialidades, además de su servicio 24/7, diseñado para resolver imprevistos en viajes. No vivas esta experiencia sin ellas.