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La mutación de la sexualidad está ligada a la tecnología ¿te gustaría ver hologramas animados en los flujos vaginales? ¿estás de acuerdo en que tu pareja se masturbe con un androide?

Generalmente, al hablar de sexo y tecnología, las discusiones tienden a inclinarse sobre alguna idea moralista sobre la interacción virtual, llena de una nostalgia utópica por un ayer donde la gente aún era gente y se conocían en persona (como la gente que es gente). La otra es que suelen deambular por algún debate torno a la naturalidad del uso de aparatos y pilas en la cama. Dudo que sea de mucha consecuencia alegar sobre el aislamiento que disque produce la red en las personas, ya que dudo también de la supuesta intimidad que se le atribuye a las interacciones “en vivo” por default. Estas supuestas polémicas se formulan como si no estuviésemos atiborrados de estrategias bizarras para comunicarnos, sarcasmos fallidos, dobles intenciones y múltiples malentendidos. Además—por jugar al abogado del diablo—la distancia virtual del chateo, a ratos permite la seguridad suficiente para propiciar algún tipo de franqueza. Pero hay un fenómeno que me intriga aún más: ese efecto bizarro que puede generar una conversación chateada gracias a la falta de voz, gestos y contexto en lo que se dice. Me intriga porque me parece que pone de manifiesto lo tanto que nuestra comunicación (virtual o no) depende de una gran tolerancia a los desentendidos.

Somos humanos (seres conscientes de su propia muerte, inmersos en el lenguaje desde que nacemos) y como tal nuestras vidas se ven continuamente alteradas por la tecnología, de modo que la tecnología nos recuerda hondamente que no existimos como entidades aisladas e independientes en un vacío. Nuestras vidas dependen del resto del mundo, así como nuestras acciones tienen efectos en nuestro entorno. Siempre hemos sido cyborgs—dependemos del uso de herramientas, y mutamos con sus descubrimientos. Las cuestiones sobre la naturalidad y la autenticidad son alucinaciones raras que nada tienen que ver con la realidad de la condición y sexualidad humana. Además, natural, no es más que una palabra que usamos para designar algo tan incomprensible como el que exista algo en vez de nada.

Los cruces y roces entre el sexo y la tecnología se prestan para una amplia gama de exploraciones (y confusiones). Consideremos cuanta tecnología ha derivado de la sexualidad humana; podríamos incluso argumentar que toda tecnología encuentra parte de su motivación en la sexualidad, ya sea en algún aspecto del flirteo o por sus consecuencias posteriores. Así también, en casi todas las culturas del mundo tanto la tecnología como el sexo han sido centrales a la concepción del cosmos de dicha sociedad, consideradas en ocasiones como fuentes de magia e incluso de comunión con la divinidad. En fin, para indagar el tema de modo que resulte tangible para nuestros días, comencemos donde más conviene explorar las cosas que pasan en nuestros días: con un episodio de South Park.

En el episodio 6 (Over Logging) de la doceava temporada, con su lógica infalible y mordaz, South Park nos presenta algunos de los dilemas básicos de la relación sexo-tecnología en la actualidad. La trama va algo así: debido a un exceso de actividad en-línea, la internet como tal (es decir TODA la red) deja de funcionar en el mundo entero. Debido a ello, las personas—ya desesperadamente aburridas—comienzan un peregrinaje hacia Silicon Valley en busca de la señal perdida. En dicha aventura se suceden situaciones que ejemplifican algunas de las peculiaridades de la sexualidad en tiempos virtuales. Por un lado, Shelley, la agobiante y medio monstruosa hermana de Stan (el del gorrito azul con rojo), se histeriza violentamente—más de lo usual—porque sin señal no podrá comunicarse con su “amado Amir”. Lo curioso es que cuando, en un campamento para refugiados del internet, donde las personas toman un número para usar la red 40 segundos por turno, ella se encuentra en vivo con el susodicho: ante tal encuentro, ambos responden con un breve e incómodo saludo, para despedirse prontamente acordando pronto chatear de nuevo. En otras palabras, optan por permanecer dentro del juego de fantasías idílicas, suspendidas indefinidamente en la virtualidad, en vez de tener que lidiar con una interacción en vivo—y sus posibles desenlaces y desencantos. Pasa que en un intercambio en vivo las fantasías no tendrían el mismo soporte que la borrosa distancia del chateo permite. ¿Pero apoco necesitamos de redes sociales (facebook, myspace, et al.) o páginas de citas (match.com, adult friendfinder, manhunt, et al.) para impedir patológicamente que nuestras fantasías se cumplan? A veces que nuestras fantasías se cumplan es lo que más tememos secretamente.

Por otro lado, Randy, el papá de Stan, tiene un grave, grave problema: sin internet, no se puede masturbar. Pasa semanas acumulando una hinchazón testicular muy penosa, debido a una avanzada dependencia para con su secuencia predilecta de imágenes perversas (colegialas japonesas que intercambian fluidos corporales, bestialidad…). Randy dice, “después de todo lo que he visto y sé que está ahí, al alcance de mis dedos, sencillamente no puedo regresar a una simple Playboy”. Digo, no dudo—en lo más mínimo—que aún seamos capaces de masturbarnos sin internet—si fuese absolutamente necesario—, pero quizás el fino arte de (auto)erotizar por medio de fantasías imaginadas sea una práctica en peligro de extinción. Cuán distintas son nuestras vidas hoy en día a comparación de hace 5, 10 o 20 años debido a los alcances de las tecnologías en la vida cotidiana y nuestras relaciones. Y cuántas cosas nomás no cambian, como los celos, por ejemplo. Cosa que me hace pensar en todos los gadgets o programas que ahora existen para entrar al correo de una pareja o para localizarla por GPS vía celular, muy a la James Bond gandallita celoso. Negar que los avances tecnológicos tengan efectos sobre nuestra sexualidad y viceversa, sería tan absurdo como negar que la tecnología no afecta en nada a la NFL (y viceversa). Consideremos pues, la siguiente pregunta: ¿tener sexo virtual con alguien que no es tu pareja es una infidelidad? Y, ¿si fuese un intercambio sexual con un personaje de videojuego, es distinto que si fuese con el avatar de otra persona?, ¿por qué?

Bien podemos suponer que las respuestas a estas preguntas varían según la mentalidad y temperamento de cada persona, pero con el ritmo de aceleración de los avances tecnológicos, son preguntas que habrán de tornarse cada vez más pertinentes. Ya sea por la inmersión total en realidades virtuales—como un wii pero de cuerpo completo con retroalimentación multisensorial—, o por los avances de la robótica, el involucramiento sexual entre humanos y máquinas promete ir en crescendo. Esto trae a mente la serie de fotos Still Lover de Elena Dorfman, donde muestra escenas cotidianas de personas con sus Real Dolls, la versión más sofisticada (y costosa) de una muñeca inflable. Quizás como pareja no se esté de acuerdo con que tu amado/a tenga coito (¿se masturbe?) con un androide, pero no por eso es necesariamente una infidelidad, ¿o sí? Ya a su tiempo se irán resolviendo los estatutos legales de tales cuestiones, para fines de divorcios y demás. Pero por similitudes aún parece más molesto (para quien le molesta, claro), encontrar a tu pareja con una aspiradora que con una muñeca inflable, ¿no?

Tras la muestra de tecnovirtuosidad 3D de Avatar, la industria del porno amenaza ya con traer a la pantalla producciones porno imax 3D; por su misma lógica, donde la obscenidad se equipara con la explicitud, podemos preguntarnos ya, cuánto habrán de tardar en sacar a la venta simulaciones, donde por medio de aparatos (ya sea un traje con goggles extraños una consola electroencefálica), se permita al consumidor vicariamente experimentar la sensación de estar penetrando a Jenna Jameson bajo una cascada tropical (o cosas por el estilo), desde la comodidad de su sala. Otro posible desenlace interesante es el que puedan llegar a producir los nanobots en la sexualidad humana, modificando al cuerpo de maneras insospechadas, o los que puedan generar los avances farmacológicos, donde quizás además de erecciones prolongadas se cuente pronto con pastillas que tiñan el semen de colores fluorescentes (según el humor, como los anillos esos que cambian de color con el ánimo—según—) y etc. ¿O qué tal hologramas animados en los fluidos vaginales? Digo, ¿acaso lo que hace un X-Box en blue ray no serían apabullantemente insólito hace unos años cuando apenas salía el Intellivision o el Atari?

Otro de los escenarios más optimistas es el de contar con medios más eficientes, baratos y accesibles para la mejor detección, tratamiento o hasta cura de las tantas enfermedades venéreas a las que hoy seguimos expuestos. El tema de las intersecciones entre sexo y tecnología es extenso como pocos temas, rondando en zigzag entre lo sublime y lo perverso, desintegrando sus distinciones entre cada ir y venir. Además es un tema que habrá, sin duda, de continuar creciendo en complejidad, subtemas, implicaciones y complicaciones. Resulta, de entrada, abrumador y excitante, y demanda tantas perspectivas que cualquier obra al respecto que sea menos que enciclopédica, resultará siempre parcial y microscópica. Pero bueno, algo tenemos que hacer de aquí a que nos encontremos sin querer queriendo, virtualmente desnudos, bajo esa cascada tropical en la red.

Blog del autor: Ataraxia Múltiple

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Por milenios la arquitectura ha ido de la mano de la generación de estados místicos: Chavín de Huántar, en Perú, es un excelente ejemplo: un parque de atracciones psicodélico de 3 mil años, diseñado para facilitar estados alterados de conciencia y entrar en contacto con el mundo espiritual.

Entra al jaguar. En una pirámides hueca, un laberinto de túneles conecta cientos de cámaras de piedra con ductos específicamente arreglados para que la luz del sol produzca sombras distorsionadas, figuras zoomórficas que se transforman como por una lámpara mágica, cámaras también donde reverbera el sonido producido por las conchas marinas y el río subterráneo que fluye dirigido hacia el centro donde un jaguar de ojos enormes y colmillos te recibe labrado en un megálito. Esta es la tecnología del éxtasis de Chavín de Huántar, que con casi tres mil años de antigüedad fue uno de los primeros sitios donde se construyó una especie de parque de atracciones para psiconautas, en el que se experimentaba con poderosos psicodélicos y una narrativa ritual destinada a elevar la conciencia y facilitar el viaje chamánico por antonomasia: el renacimiento.

El sitio arquitectónico de Chavín de Huantar fue erigido en la convergencia de dos ríos -la encrucijada como lugar de poder- llamada astinkuy, o el encuentro armónico de dos fuerzas opuestas. Esta construcción consta de una pirámide masiva, plana en la cima, rodeada de plataformas. Según el Dr. John Rick de Stanford, “fue construida a enorme costo en labor, para establecer una jerarquía social a través de la manipulación sensorial en el contexto de rituales religiosos.”

Mike Jay, en su texto “Enter the Jaguar”, señala que Chavín no parece ser un lugar que hospedara a una civilización, ya que no hay estructuras militares asociadas o labor centralizada para construir casas o irrigar la zona. “Los alcances de su influencia indican que reunió devotos de una amplia gama de sistemas de creencias tribales que existían en paralelo”.

Estamos ante algo extraordinario, la Eleusis de América, solo que siglos antes que se instauraran los misterios de Eleusis en Grecia, donde se tomaban plantas psicodélicas, o enteógenos, en un contexto ritualístico, un teatro ónirico de arquetipos, que producía experiencias de transformación, oráculos y, sobre todo, el renacimiento simbólico.

“Se entiende mejor como un sitio que ofrece una experiencia, más que una cosmología o un credo, con su arquitectura diseñada para ser el centro de un viaje o ritual particular”, dice Mike Jay. Algo como uno de esos juegos mecánicos de Disneylandia, solo que construido bajo principios geométricos, de iluminación y sonido para que los participantes que se subieran a esta intra-montaña rusa experimentaran y participaran en una escenificación cósmica aumentando la potencia de las sustancias psicodélicas que consumían.

Actualmente la Universidad de Stanford se encuentra estudiando las ruinas de Chavín, como parte de su proyecto de arqueología acústica y han encontrado una serie de conchas marinas gigantes Strombus galeatus. Los investigadores de Stanford creen que la conformación arquitectónica de Chavín servía para potenciar y dirigir el sonido de las conchas conocidas como pututus. (Una de estas conchas de tres mil años ha sido tocada de nuevo, puedes escucharla aquí.)

Es posible que se creara algo como una banda sonora para ambientar los viajes psicodélicos de los peregrinos o iniciados, creando el teatro de los sueños donde la mente penetra en las dimensiones astrales y después de enfrentarse con sus propios demonios accede al mundo supernatural de los ancestros, de los guardianes dimensionales y semideidades que habitan el panteón esotérico.

Existen numerosos sitios en el mundo que han canalizado el sonido para crear efectos en la psique, o como representación aural de su cosmología. El caso más conocido es el de Chichen-Itza. Según el ingeniero acústico David Lubman, que lleva 12 años estudiando este sitio maya, el famoso eco que se propaga en torno a la pirámide de Kukulcan fue diseñado a propósito. Lubman ha comparado la firma de sonido del quetzal con el eco de Chichen-Itza y ambos sonidos empatan perfectamente. De forma extraordinaria los mayas lograron grabar el sonido del quetzal a través de una alineación arquitectónica, usando solo piedras y geometría. Un quetzal eterno grabado entre las piedras y el cielo.

Mike Jay tiene la teoría de que en Chavín se utilizaba una mezcla del cactus San Pedro, que contiene mescalina, y de un rapé (polvo que se inhala) de DMT, probablemente obtenido de las semillas molidas del árbol Anadenanthera colubrina, que ha sido representando por otras culturas andinas. Esta teoría esta apuntalada en que existen representaciones inequívocas de figuras con el cactus San Pedro en las manos que a la vez emanan un torrente de mucosa, algo que ocurre de manera profusa cuando se inhala el DMT de plantas como la Anadenanthera colubrine o la virola. Además, objetos excavados del sitio incluyen huesos tubulares y bandejas para el rapé, similares a las usadas en el Amazonas peruano para inhalar semillas que contienen DMT.

Una estela notable del primer periodo del sitio muestra una figura humana en estado de transformación felina, con colmillos y serpientes, con un San Pedro como un báculo de poder (¿el caduceo?). Debajo de esta figura, conocida como “el chamán”, yace una procesión de jaguares labrados en líneas arremolinadas, con otras creaturas, aves y serpientes, incorporadas en las volutas de su cola. Ciertamente una vision digna de la poderosa imaginaria psicodélica del DMT. Otro glifo, en la estela Raimundi, muestra una figura humana “floreciendo hacia otra dimensión con un elaborado ornamento”, posiblemente una representación de las visiones fractales de los enteógenos.

Otra importante estela, llamada Lanzon, representa una figura polimórfica con cabeza de jaguar y cuerpo humano que contiene un glifo de lo que parecen ser las estrellas de las Pléyades. Mike Jay especula que podría estra alineada, ya que donde estaba ubicada existe un psicoducto, con esta constelación.

Jay se atreve a adivinar el procedimiento del rito psicodélico de Chavín:

“La plaza hundida, como el relieve sugiere, podría haber agudizado la conciencia del San Pedro en un ritual masivo de danza y canto; los participantes subsecuentemente ascenderían los escalones del templo e individualmente recibirían el sacramento de las semillas en polvo de Anadenanthera, administrada por los sacerdotes a través de huesos tubulares (para inhalar)”.

El mundo al interior de la pirámide representaría tanto la oscuridad del vientre como la vision nocturna del jaguar –el tercer ojo del DMT. Adentro de la pirámide ocurriría una incubación donde los participantes se iniciarían a través del rito del renacimiento.

Dice Jay: “Dentro de este ambiente los participantes se congregarían para entrar a un ultramundo compartido”. De manera similar, psiconautas de todo el mundo consumen DMT y se congregan para tener viajes sincronizados al hiperespacio a través del foro DMT Nexus. ¿Es posible que culturas antiguas chamánicas compartieran este hiperespacio, también conocido como “dreamtime”, a través de la ingestion de sustancias psicodélicas, interactuando con seres o imágenes arquetípicas que se convierten en la mitología particular de un pueblo?

El caso de Chavín es extraordinario, sin embargo, la arqueología diseñada para producir experiencias místicas, o enteoarquitectura, es algo común a diferentes culturas. En Egipto, por ejemplo, es posible que se usara loto azul para inducir experiencias místicas dentro de las pirámides. Manly P. Hall  en su libro The Secret Teachings of All Ages, escribe que Platón fue iniciado a los misterios dentro de las cámaras secretas de la Gran Pirámide, y que ésta servía como un centro energéticamente codificado para inducir visiones sagradas y posiblemente para operar sobre el cuerpo energético de los neófitos.

En general la arquitectura de los sitios sagrados a lo largo del mundo toma en cuenta principios de geometría sagrada y alineaciones energéticas, para que el espacio sea un  catalizador de lo sagrado, un espejo de lo divino. Catedrales, mezquitas, pirámides, ziggurats e incluso algunos rascacielos de inspiración masónica han sido construidos como espacios que a través de una mezcla entre simbología, geometría y acupuntura geopática facilitan un tipo de experiencia (los templos están formados por naves). Miroslav Prodov ha documentando como diferentes sitios sagrados son diseñados para curar el tejido celular de los seres humanos, dañado por perturbaciones electromagnéticas, bajo el concepto de ganancia de energía.

Probablemente en Chavín, como en las pirámides de Egipto o en el mítico templo de Salomon, opere un mismo principio de reconexión divina. A primera instancia esto es sólo en un plano símbolico, pero perdidos en el tiempo o en el linaje secreto de los iniciados yacen protocolos, que bajo la influencia de espacios codificados para ejecutarlos, revelan la epifanía enteogénica: la entrada a la divinidad dentro de todas las cosas.

Twitter del autor: @alepholo