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En septiembre se estrenará Diaspora, red social independiente con una filosofía opuesta a la de Facebook: el respeto a la privacidad

En un intento por descentralizar la hegemonía de una red social en internet, ofreciendo a sus miembros una filosofía mucho más libre y ética frente a su privacidad, emerge Diaspora, una red social independiente concebida por un colectivo de estudiantes de la Universidad de Nueva York. Este proyecto buscará, desde una trinchera que enfatiza en valores como la privacidad, y la libertad de comunicación y asociación entre una comunidad de personas, retar al gigante digital, Facebook, en la preferencia de los usuarios de internet.

Fondeado a través de donaciones voluntarias recabadas por medio del sitio kickstarter.com, a diferencia de la ronda de inversionistas que apoyó a Facebook, entre los que se incluían ex directivos de la CIA, Diaspora lanzó una modesta petición de $10,000 dólares para financiar la programación de esta nueva red. Sin embargo, la simpatía que ha generado este proyecto alternativo desde que se anunció por primera vez, le valió para obtener veinte veces más fondos de lo que originalmente solicitó, logrando reunir $200,641 dólares a través de 6,471 donantes que aportaron desde cinco dólares hasta unos cuantos miles. Y esto no es todo, ya que múltiples organizaciones y personas ofrecieron, gratuitamente, sus servicios para colaborar en el desarrollo de Diaspora.

Diaspora se originó a partir de un grupo estudiantil de programadores convencidos de la urgente necesidad de que una red social fuese creada en internet, basada en la filosofía del open source o código abierto, y que permitiera a sus miembros un control total sobre la información que almacenaban y compartían a través de la comunidad digital. Y como premisa esencial coincidían en que esta información debería mantenerse al margen de cualquier interés corporativo, evitando de esta forma que eventualmente fueran “utilizados” en sintonía con sombrías agendas e intereses comerciales. En esencia, este proyecto tributa la idea de que la privacidad y el compartir información no son conceptos excluyentes como nos lo han hecho pensar otras redes sociales, en particular Facebook.

Tras intensas jornadas de código y algoritmos que darán forma al alma informática de la nueva comunidad, y largos meses de trabajo por parte de todos los involucrados, parece que finalmente el proyecto verá su primera luz digital este próximo 15 de septiembre, tal como esta anunciado en el blog oficial. Las expectativas generadas en torno a Diaspora, como una alternativa a Facebook son enormes, y miles de usuarios, o tal vez millones, ya se preparan para probar esta nueva opción, muchos de ellos cansados de las cínicas políticas de privacidad que impone la red de Zuckerberg y compañía.

Curiosamente la fecha definitiva del lanzamiento de Diaspora se da en un momento clímax de las críticas contra Facebook, de quien no sólo se ha denunciado su flagrante maltrato a la privacidad de sus usuarios, la presencia de intereses ligados a la CIA en su consejo de inversionistas, así como su discriminación en contra de ciertas causas y organizaciones, como grupos a favor de la legalización de la marihuana, o la página de WikiLeaks, sino que ahora, el último escándalos facebookero consiste en que esta red ha entablado una agresiva campaña legal en contra de todo proyecto digital que utilice las palabras “Face” y “Book” dentro de sus nombres.

La llegada de Diaspora será un suceso fundamental dentro del tablero digital. Con ella, millones de usuarios podrán manifestar su desaprobación frente a la filosofía de Facebook de una manera tangible: migrando sus perfiles a un proyecto que encarna, diametralmente, su alterego. Sin embargo, la misión que muchos hemos confiado a Diaspora no será fácil, ya que Facebook con sus más de 500 millones de usuarios se ha convertido en un elemento cuya presencia es ya casi intrínseca en la vida cotidiana de sus miembros.

Pero, ¿Quien hubiera apostado hace unos años a que a estas alturas MySpace, la alguna vez reina de las redes sociales, estaría relegado a un discreto y poco significativo? El caso MySpace y decenas de otros más, nos sugieren que, como en todo otro mercado o nicho social, los fenómenos son cíclicos y la mayoría de ellos termina por ser más bien efímero. Proceso natural que Facebook podría haber acelerado con sus políticas abusivas y su poca ética sociodigital.

Finalmente, y en caso de que Diaspora consiga el éxito que muchos prevemos y deseamos, quedará por ver si este proyecto realmente logra mantenerse alejado de las garras corporativas y las agendas comerciales, una vez que se haya consolidado como un pulso social dentro de internet. Pero eso sólo el tiempo lo podrá revelar.

Mientras tanto, en Pijama Surf te confesamos que realmente nos emociona la idea de que pronto emergerá, desde las cristalinas aguas del hiperespacio, una verdadera alternativa frente a Facebook, plataforma que a pesar de que aprovechamos para difundir nuestra información, mucha de ella crítica en contra del propio Facebook, invariablemente nos deja un mal sabor de boca y nos produce desconfianza. De hecho, aprovechamos para invitarte a que te unas al grupo de Facebook "Vámonos a Diaspora" con el propósito de inseminar los jardines digitales con una alta dosis de dignidad del usuario frente a las plataformas digitales.

Esperamos encontrarnos con nuestros estimados lectores en este aparente oasis digital llamado Diaspora, y les pedimos que nos ayuden a difundir estas semillas etéreas como una manifestación que refleja el valor que damos a nuestra privacidad y nuestro derecho al libre intercambio de información.

Visita el sitio de Diaspora

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El brillante científico de la ficción, William Gibson, reflexiona en su editorial para el NY Times sobre Google y su rol como arquitecto del futuro colectivo

William Gibson, innegablemente una de las mentes más brillantes del género literario conocido como ciencia ficción, participa como editorialista del diario New York Times. Gibson es autor, entre otras muchas obras, de Neuromancer, una profética novela de culto que inspiró a creación de obras posteriores y películas como la trilogía de Matrix. Y una semana antes del lanzamiento de su nuevo libro, Zero, ha dedicado su columna a hablar sobre Google.

El genial científico de la ficción arranca su editorial citando al director ejecutivo de Google, Eric Schmidt, cuando en una reciente y controvertida entrevista declaró: “Yo creo que la mayoría de gente no quiere que Google sea quien conteste a sus preguntas. La gente realmente desea es que Google les diga lo que deben de hacer”.

¿Pero realmente deseamos que Google nos diga lo que debemos de hacer? De acuerdo a Gibson la respuesta es afirmativa aunque con algunos matices:

La ciencia ficción nunca se imaginó a Google, pero si se imaginó computadoras que nos aconsejarían que hacer. Hal 9000 en “2001: A Space Odyssey”, siempre vendrá a la mente, su aviso, suponemos, eminentemente confíable –antes de que fallara su sistema. Pero HAL era una entidad discreta, un genio en una botella, algo que imaginabamos nos pertenecía o se nos había asignado. Google es una entidad distribuida, una membrana bidireccional, una herramienta que cambia el juego en el orden del equitativo machete de osbidiana con el que cortamos nuestro camino a través del más denso follaje de información. Google es todo esto y una corporación demasiado grande y poderosa para arrancar.

Todavía no le tomamos la medida a Google. Nunca hemos visto algo parecido y ya percibimos buena parte de nuestro a través de sus “gogles”. A todos nos gustaría mucho ser aconsejados fidedigna y sagazmente por nuestro propio geniecillo. Nos gustaría que el geniecillo hiciera el mundo más navegable y transparente. Google hace eso para nosotros_ hace que todo sea accessible para todos, y todos accesibles para el mundo. Pero vemos a todos viéndonos, y culpamos a Google.

Google no es nuestro. Lo que se siente confuso, porque somos sus proveedores de contenido no pagados, de alguna u otra forma. Generamos producto para Google, cada búsqueda es una contribución minuscule. Googles está como hecho de nosotros, una especie de arrecife de coral de mentes humana y sus prpductos. Y todavía nos detenemos ante la aseveración del Sr. Schmidt de que queremos que Google nos diga qué hacer. ¿Está diciendo que cuando buscamos recomendaciones para cenar, en cambio Google nos podría recomendar una película ? Si nuestro genio nos recomendara una película, me imagino, iríamos intrigados.. Si Google hiciera eso, me imagino, nos frenaríamos y luego iniciaríamos nuestra siguiente búsqueda.

Nunca nos imaginamos que la inteligencia artificial sería así. Imaginamos entidades discretas. Genios. Tampoco imaginabamos (pese a amplia evidencia) que las tecnologías emergentes tendrían legislación en el polvo, pero la tienen. En un mundo caracterizado por el cambio impulsado por la tecnología, necesariamente legislamos después del hecho, perpetuamente luchando para ponernos al corriente, mientras las arquitecturas centrales del futuro, cada vez más, son erigidadas por entidades como Google.

El ciberespacio, no hace mucho, era un otro-lado específico, uno que visitabamos periódicamente, asomándonos desde un mundo físico familiar. Ahora el ciberespacio sea ha extravasado. Se ha volteado de adentro hacia afuera. Colonizado lo físico. Haciendo a Google la estructura central en evolución pero no solo de la arquitectura del ciberespacio, también del mundo.

Este es el tipo de cosa que los antiguos estados nación hacían antes. Pero los estados nación no eran órganos de percepción humana. Tenían sus muchos ojos, ciertamente, pero no constituían el ojo único de toda la especie humana.

El panopticó de la prisión de Jeremy Bentham es una metáfora perenne en las discusiones de la vigilancia digital y la minería de datos, pero no le queda del todo a una entidad como Google. El ojo que todo lo ve de Bentham mira desde un punto de vista central, la mirada del guardia victoriano. En Google somos al mismo tiempo los vigilados y las células individuales de la retina de los vigilantes, no obstante de que seamos millones de nosotros, constantemente ,aunque inconscientemente, participamos. Somos parte de un superestado post-nacional , post-geográfico, uno que cómodamente le dice no a China. O sí, dependiendo en sus consideraciones de ganancias y en su estrategia. Pero no participamos en Google a ese nivel.

Mucha de la discussion del la entrevista del Sr. Schmidt se centró en otro comentario: su sugerencia de que a los jóvenes que catastróficamente exponen sus vidas privadas vía redes sociales se les podría otorgar una cambio de nombre y una identidad fresca de adultos. Esto, interesantemente, es una cuestión donde Google deja caer fichas sociales donde sea, para que sean ordenadas por legisladores lo mejor que puedan, mientras continua estableciéndose una nueva arquitectura mundial a su ritmo.

Si Google estuviera suficientemente preocupado sobre esto, tal vez la compañía debería de emitir identidades de prueba a los niños en su nacimiento, eliminándolas en la adultez. Uno podría escoger conectrase con la identidad de adulto y cambiar la identidad infantile, o no. La infancia, siendo notablemente sospechosa en un curriculum, daría lugar a una industria de proveedores de adolescencias falsas, retro insertadas por buenas cantidades de dinero, y dando empleo a una buena cantidad de escritores de ficción. Así que al menos habría algo bueno en esto.

Para estar seguros, no considero esta una idea muy realística, sin embargo el prospecto de millones de personas viviendo sis vidas en programas de protección a testigos, prisioneros de sus propios desfortunios juveniles, apela a mis glándulas kafkianas de novelista. Tampoco me da mucha tranquilidad la idea de que tendríamos que confíar en Google para que no vincule la vida del sobrio adulto con el salvaje joven, algo que el buscador, seguramente, maniobrando ya inimaginables herramientas de transparencia, podría hacer y haría.

Me imaginó que aquellos que son indiscretos en la Red continuarán sacándole provecho, mientras que cookies más aptas , embolsándose emails falsos(nyms) y cascadas de proxies (como ya hacen las cookies más aptas), avanzarán holgadamente a un futuro aún más googleable, uno en el que Google, en un nivel mayor del que ya lo hace, nos ayudará a decidir qué haremos después.

Open ed de William Gibson en el NY Times